Slow parenting, la crianza a fuego lento

Se denomina slow parenting a una crianza consciente a fuego lento; es decir, que respeta el ritmo del niño, que va paso a paso acompañando a los pequeños en su crecimiento y en su evolución en el conocimiento del mundo que les rodea.

O sea, el objetivo de esta corriente educativa es salvaguardar a los niños del ambiente de estrés y exigencia que hemos creado a su alrededor por culpa de esa necesidad de cumplir con todo y de conseguir la perfección a todos los niveles.

¿Qué es la slow parenting?

La filosofía slow fundamenta la crianza a fuego lento, la cual se manifiesta como una actitud de vida que trata de privilegiar una educación calmada en la que se predique con el ejemplo y se permita a los niños vivir despacio y disfruta de cada etapa evolutiva como corresponde.

La espera es el mayor impedimento del vivir, porque depende del mañana y pierde el día de hoy. Dispones de lo que está en manos de la fortuna y abandonas lo que está en las tuyas. ¿Cuál es tu propósito? ¿Por qué te adelantas tanto? Todo porvenir es incierto: vive, pues, desde ahora”.

-Lucio Anneo Séneca (“De la brevedad de la vida”)-

El Slow parenting promueve la tranquilidad en los niños

Dejando de adelantar su crecimiento, los niños adquieren de manera natural la capacidad de sentirse libres, de estar tranquilos, de construir su autoestima de manera saludable, de pensar por sí mismos a su ritmo y de explorar el mundo.

Los principios clave del slow parenting son los siguientes:

  • Respetar los ritmos de crecimiento de los niños: los niños aprenden a comer de manera autónoma, a dejar usar pañal, a hablar o a jugar solos. Esto ellos lo hacen cuando están preparados, no cuando nosotros lo planificamos.
  • Dejar de estructurar las etapas evolutivas de nuestros niños ayudará a que maduren y configuren su personalidad con la idea de ir afianzando sus pasos de manera lenta y segura.
  • Hay que cuidar mucho tanto la calidad como la cantidad en el tiempo que se les dedica a los niños. Los niños nos necesitan, pues somos su fuente de afecto y su anclaje ante la vida. La clave está en buscar aquellos ratos que no exijan prisas para entregarnos a nuestros niños.
  • Otro punto clave es la comunicación. Necesitamos sentarnos a hablar con ellos y a darles explicaciones. Así, como señala la experta Ana Etnchenique perteneciente a la asociación Slow People, “la prisa es negativa, no explicar las cosas con calma puede dar lugar a equívocos. Hay que crear el clima para que los críos hagan preguntas y dar tiempo para que todo quede redondeado y que no queden flecos. Cualquier tema contado con calma y con entusiasmo capta el interés de los niños. Pero para eso hay que vivirlo, creértelo. Todo se queda dentro si no tienes tiempo para sacarlo”

Madre dedicando momentos a su hijo

¿Qué actividades podemos realidad para  incorporar en nuestra casa el slow parenting?

Si nos interesa la crianza a fuego lento debemos saber que es algo que hay que implantar de manera paulatina en nuestro hogar. Dado que es clave que cada uno de los miembros se impregnen del deleite por la vida, una buena manera de comenzar con el slow parenting es poniendo en práctica estas actividades poco a poco:

  • Dejar a un lado las prisas para levantarse y disfrutar del despertar con afecto y tranquilidad
  • Desayunar, comer y cenar saboreando los platos y sin distracciones como televisiones o revistas de por medio. La vida de una familia se hace en gran parte en torno a la mesa.
  • Hacer excursiones a lugares tranquilos y que potencien la creatividad de nuestros niños.
  • Encontrar todos los días un rato para hacer cosas divertidas juntos, reír y relajarse.
  • De vez en cuando podemos darnos un buen baño en vez de ducharnos.
  • Dedicar ratos a no hacer nada, solo estar tirados por cualquier lugar de la casa.
  • Apagar los móviles, los ratos para los niños son solo para ellos.

Con estos pequeños cambios iremos disfrutando de esta filosofía de vida, lo cual nos invitará a seguir  informándonos para potenciar el slow parenting en nuestro hogar y así respirar oxígeno psicológico junto a nuestros niños.

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