Ser madre de un niño con dificultades atencionales

24 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Ana Couñago
Seguro que te suenan las siglas TDAH. Últimamente se habla mucho del Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad. Pero ¿qué implicaciones tiene ser madre de un niño con dificultades atencionales?

En pleno siglo XXI estamos acostumbrados a estar expuestos a multitud de información irrelevante para nuestra supervivencia. Los pequeños de nuestra sociedad tienen que aprender, desde los primeros años de vida, a convivir con diversos estímulos llamativos que les pueden hacer perder la atención y la concentración. Por lo que no es raro pensar que cada vez sea más frecuente ser madre de un niño con dificultades atencionales.

Estas madres tienen que hacer un esfuerzo extra para poder entender y apoyar a su hijo, buscando información para atender correctamente todas sus necesidades.

¿Qué son las dificultades atencionales?

Cuando un niño tienen dificultades atencionales significativas e incapacitantes, se dice que presenta un Trastorno por Déficit de Atención. Este es un trastorno del desarrollo que constituye una pauta de conducta persistente, caracterizada por la inatención, la desorganización y la posible aparición de hiperactividad e impulsividad.Madre con su hija con dificultades atencionales dando vueltas a su alrededor.

Según la quinta edición del ManualDiagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5), para confirmar el déficit de atención, el niño tiene que reunir seis o más de los siguientes síntomas de desatención durante al menos 6 meses y de forma frecuente:

  1. No presta atención suficiente a los detalles y comete errores debido a descuidos en las tareas escolares.
  2. Tiene dificultades para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas o recreativas.
  3. Parece no escuchar cuando se le habla directamente.
  4. No sigue las instrucciones y no termina las tareas escolares.
  5. Tiene dificultad para organizar tareas y actividades.
  6. Evita, le disgusta o se muestra poco entusiasmado al iniciar tareas que requieren un esfuerzo mental sostenido.
  7. Pierde cosas necesarias para tareas o actividades.
  8. Se distrae con facilidad por estímulos irrelevantes.
  9. Olvida o es descuidado con las actividades diarias.

Ser madre de un niño con dificultades atencionales

Hoy en día son muchas las madres que tienen hijos con dificultades atencionales, pero no hay que alarmase; simplemente hay que asumirlo y ayudar al pequeño en su día a día, llevando a cabo una serie de sencillas pautas educativas y pedagógicas, de modo que el pequeño pueda hacer frente a sus problemas y logre un correcto desarrollo evolutivo.

Pautas para ayudar a tu hijo

Las dificultades de atención y desorganización pueden provocar que el niño no consiga permanecer realizando sus tareas, que parezca que no está escuchando o que pierda constantemente objetos. Este tipo de acciones pueden influir en la aparición de diferentes problemas de:

Si tienes un hijo con dificultades atencionales, debes ayudarle a paliar dichos problemas siguiendo una serie de pautas, como las que se describen a continuación.Niña con dificultades atencionales subida en el sofá dando voces.

Por un lado, una medida principal y básica que se debe tomar es la de crear en el hogar un ambiente estructurado y ordenado para que el pequeño pueda establecer unos horarios y hábitos rutinarios. Por otro lado, hay que proporcionarle juegos y actividades que estimulen su concentración, como:

  • Puzzles.
  • Cuentos.
  • Laberintos.
  • Cubos de construcción.
  • Sopas de letras.

Asimismo, a la hora de hablar con él, hacer una petición o dar una orden, hay que utilizar una comunicación clara y directa. Por ello, es conveniente:

  • Llamar al niño por su nombre cuando esté cerca y dirigirse a él mirándole a los ojos y en un tono suave.
  • Explicarle las instrucciones de forma clara y precisa. Si es necesario, pedirle que repita lo que se ha dicho, para comprobar que lo ha entendido bien.
  • Usar frases cortas y directas, y dar las instrucciones de una en una, sin contradecirse.
  • Mantener una distancia prudente y evitar el contacto físico cuando se realicen peticiones.

Por último, cabe destacar que, cuando el pequeño realice sus tareas y muestre buenas conductas, es muy importante aplicar el refuerzo positivo a través de halagos, abrazos, besos o cualquier gesto afectivo. Así, el niño se sentirá satisfecho y, probablemente, volverá a repetir los comportamientos deseados.

  • American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales-DSM 5. Barcelona: Editorial Médica Panamericana.
  • Corral, P. (2011). La hiperactividad infantil y juvenil. En M. I. Comeche y M. A. Vallejo (Ed.), Manual de terapia de conducta en la infancia (cap. 13, pp. 519-549). Madrid: Dykinson.