¿Se puede enseñar a un niño a dormir?

Inés Gómez 20 julio, 2017

Convertirse en padres es siempre motivo de alegría. Poder tener en brazos al bebé, darle de comer o verle dormir es uno de los mejores placeres de la vida. Lamentablemente, también tiene algunas desventajas, como las relacionadas con algo tan importante como el sueño. Y es que, ¿aprenden los niños a dormir?

La respuesta es clara: No. Los niños no aprenden a dormir, y no se les puede enseñar a ello. Forma parte del proceso evolutivo, y el sistema nervioso central es el que se encarga de su desarrollo. Los cambios se producen hasta la vida adulta, pero son más llamativos y drásticos desde que el bebé nace hasta los 6 o 7 años.

Durante esta etapa, el niño va adquiriendo el patrón de sueño normal. En él, hay una disminución de las horas que duerme durante el día, y un desplazamiento de la hora de acostarse hacia más tarde. No será hasta la adolescencia cuando empezará a tener hábitos de sueños más parecidos a los de un adulto.

Aun así, algunos investigadores todavía señalan que sí es posible. Uno de ellos, Eduard Estivill, es el autor del libro “Duérmete niño”. En él, propone el llamado “método Estivill”, que lleva años generando una gran polémica.

¿Qué es el método Estivill?

Básicamente, es un conjunto de normas y rutinas para que el niño duerma por las noches. Este método, que supuestamente funciona en el 95% de los casos, trata de enseñar a los niños a normalizar el momento de irse a dormir. Algunas de estas pautas son, por ejemplo, no acudir al niño al primer llanto, establecer una rutina previa o no mecerlo ni cantarle para que se duerma.  

A pesar de su eficacia y de que está avalado por muchos especialistas, existen numerosos detractores que piensan que este método ofrece más problemas que ventajas.

¿Cuáles son los problemas de tratar de “enseñar” a dormir a los niños?

Puede afectar al desarrollo de sus capacidades cognitivas. Aumentan los niveles de la hormona del estrés (cortisol), al igual que ocurre en situaciones en las que el niño se siente abandonado. Esto puede provocar que en un futuro, se tenga más facilidad para tener problemas de estrés o ansiedad. También tienen muchas probabilidades de sufrir enfermedades autoinmunes cuando crezcan.

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¿Es malo que mi hijo duerma solo?

Hay numerosas creencias basadas en la necesidad de que el niño duerma solo. La gran mayoría son culturales o familiares, pero ninguna está demostrada al 100%. Por eso, se pueden utilizar rutinas si los padres lo desean, pero no bajo la excusa de que es por salud. Cada niño es diferente, y puede tardar más o menos en estar preparado para ello.

¡Qué dulce es dormir en calma cuando a lo lejos susurran los álamos que se mecen, las aguas que se derrumban!

-José Zorrilla-

¿Es malo que mi hijo duerma conmigo?

Algunos investigadores creen que es una práctica insegura. Otros, que no existen indicios a partir de los 3 meses de que sea peligroso. Algunos especialistas como Richard Ferber (autor de el método Ferber) defienden que es algo sano y natural. Tanto él como sus defensores afirman que es positivo, y que ayuda a que el niño se sienta más protegido. 

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¿Afecta al descanso de mi hijo cómo duerma?

Hasta ahora, no se ha demostrado que sea algo determinante. Cada niño puede dormir perfectamente bien tanto si está solo, como si lo hace con sus padres. Lo importante es tener en cuenta otros factores, como la salud del bebé o si el entorno es el adecuado. También hay que tener en cuenta como afecten ambas situaciones al sueño de los padres.

¿Cuánto duerme un niño pequeño?

Desde que nace hasta que cumple el primer año, el bebé duerme una media de 16 o 17 horas diarias. Una vez superado el año, las horas van disminuyendo hasta las 13. Este período de sueño se mantiene hasta los tres años. Una vez llegados a los 4 o 5 años, duermen unas 12. También en esta época empiezan a prescindir de hábitos como la siesta. Finalmente, con la entrada en la escuela y el cambio total de rutina, las horas de sueño disminuyen hasta quedarse en unas 10. 

No hay que olvidar, como se mencionó antes, que cada niño es distinto. Algunos necesitan más horas de sueño, otros menos, pero salvo casos extremos, todo es normal. Hay que tener en cuenta las características de nuestros hijos, sus necesidades y tratar de no forzarles. Son muy pequeños para intentar amoldarlos a los cánones sociales y culturales; en estos momentos lo más importante siempre ha de ser su bienestar. 

 

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