¿Qué es la mentalización?

23 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago
La mentalización es clave para el desarrollo social de los niños. ¡Descubre en qué consiste esta capacidad mental a continuación!

¿Alguna vez te has preguntado cómo el ser humano puede llegar a “leer” la mente de los demás? A esta capacidad se le conoce con el nombre de mentalización e implica el desarrollo de la inteligencia interpersonal e intrapersonal.

¿Quieres saber cuáles son las características de la mentalización, para qué sirve y en qué momento se adquiere? Presta atención a lo que te contamos a continuación, porque te damos respuesta a dichas cuestiones.

Antes de continuar debes saber que los bebés no nacen con la capacidad de poner en práctica dicha habilidad mental, ya que esta se va desarrollando de forma gradual gracias a la experiencia y a las relaciones que los niños establecen con otras personas.

Padre hablando con su hijo para fomentar la mentalización.

¿Qué es la mentalización?

La mentalización, también conocida como función reflexiva, es una capacidad mental que permite imaginar y comprender los estados mentales propios y de otras personas para poder percibir e interpretar las conductas y acciones que uno mismo y los demás realizan. Es decir, consiste en atribuir determinados pensamientos, sentimientos, deseos, creencias, necesidades, motivaciones, etc., que explicarían los comportamientos propios y ajenos.

Esta habilidad cognitiva compleja es fundamental para establecer relaciones sociales y afectivas satisfactorias, basadas en la ayuda mutua, la comunicación, la empatía, la asertividad y la escucha activa.

“La capacidad de colocarse en el lugar del otro es una de las funciones más importantes de la inteligencia. Demuestra el grado de madurez del ser humano”.

–Augusto Cury–

¿Para qué sirve esta capacidad mental?

Según los psicólogos y psicoanalistas Angelina Graell Amat y Gustavo Lanza Castelli, algunas de las funciones más relevantes relacionadas con la mentalización son las siguientes:

  • Permite entender y predecir más fácilmente los comportamientos propios y de los demás.
  • Favorece el autocontrol conductual, pudiendo anticipar cómo pueden impactar ciertas actitudes propias en los otros.
  • Favorece el autocontrol emocional, lo que ayuda a identificar y expresar los deseos, pensamientos y sentimientos propios en función de la situación, así como regular los mismos.
  • Promueve el apego seguro entre padres e hijos.
  • Mejora la comunicación entre las personas pues, para mantener una conversación fluida, es necesario tener en cuenta el estado mental del interlocutor.
  • Permite entender los pensamientos propios como meras representaciones mentales, como algo distinto o separado de la realidad.

El desarrollo de la mentalización en la infancia

Según el psicoanalista Peter Fonagy, uno de los creadores del término de mentalización, esta habilidad cognitiva comienza a aparecer de una forma muy primitiva a partir de los seis meses de vida y, poco a poco, se va perfeccionando y volviendo cada vez más compleja.

A los tres años, los niños empiezan a mostrar ciertas reacciones empáticas. A lo largo de esta edad adquieren la capacidad para identificar determinadas emociones básicas en los demás y entender que estas son diferentes a las que ellos mismos sienten.

Sin embargo, no es hasta los cuatro o cinco años cuando los pequeños ya pueden atribuir y representar estados mentales en ellos mismos y en los demás. Por lo que se considera que, en ese momento, los pequeños entran en la etapa del simbolismo.

Madre e hija trabajando juntas en la cocina.

¿Qué papel tienen los padres en el desarrollo de esta capacidad?

Cabe señalar que, para que el desarrollo de la mentalización siga su curso con normalidad, es necesario que las madres, padres o principales figuras de referencia de los niños potencien su inteligencia emocional desde los primeros años de vida. ¿Cómo? ¡Muy sencillo! Desde el momento del nacimiento deben actuar con empatía y demostrarles que pueden entender cuáles son sus necesidades y deseos y reaccionar a los mismos.

Una vez los niños van creciendo, es conveniente empezar a hablar sobre los pensamientos y sentimientos que estos tienen, ponerles nombre y etiquetar cada uno de ellos. Así, los pequeños aprenden a reflexionar sobre los propios sentimientos y, posteriormente, de una forma natural, también adquieren la capacidad para reconocer e interpretar los estados mentales de los demás.

Por tanto, la educación en el hogar y la forma de relacionarse con los hijos es clave para el correcto desarrollo de la mentalización.