¿Qué es la coeducación?

Niños y niñas merecen una educación justa e igualitaria que respete sus cualidades y diferencias más allá del género. Esto es lo que propone la coeducación.
¿Qué es la coeducación?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 18 abril, 2021.

Última actualización: 18 abril, 2021

Hace solo unas décadas las mujeres no tenían acceso a la educación superior y, hasta hace poco tiempo, era común que los colegios se segregaran por sexo. Hoy en día se han realizado grandes avances respecto a la educación igualitaria de hombres y mujeres; sin embargo, aún queda un largo camino por recorrer hasta que la coeducación sea efectiva en todos los centros escolares. Pero ¿qué significa exactamente este término?

Todos comprendemos, al menos a nivel teórico, que niños y niñas tienen el mismo derecho a una educación justa en la cual no se les discrimine por su género.

Sin embargo, en la práctica la situación es diferente. En ocasiones, creencias y prejuicios arraigados de los que no somos conscientes nos llevan a establecer pequeñas diferencias que terminan formando grandes brechas. Por ello, todo adulto que participe en la educación de los menores tiene una responsabilidad que asumir.

¿Qué es la coeducación?

Niños con piedras en forma de corazón.

La coeducación es un método de intervención educativo que se basa en la igualdad entre sexos y en el principio de no discriminación. En un principio puede parecer que esto ya se está llevando a cabo, pues niños y niñas comparten espacios, materiales y currículum educativo. Sin embargo, la coeducación va más allá y promueve el reconocimiento de la individualidad de cada alumno y sus propias potencialidades, independientemente de su sexo.

Esto, por un lado, permite que cada menor sea valorado realmente por sus cualidades y características personales y no por su pertenencia a la categoría masculina o femenina. Además, sienta los cimientos de una educación en valores y en igualdad que contribuirá a construir una sociedad más justa, pues, finalmente, el futuro depende de la educación de las nuevas generaciones.

¿Cómo implementar la coeducación en las aulas?

La labor realizada por los docentes desde el centro educativo resulta de suma importancia, ya que los menores pasan la mayor parte de su día en la escuela y esta tiene una gran influencia en la formación de su personalidad. Por ello, para alcanzar una verdadera coeducación, pueden ponerse en marcha diversas prácticas:

  • Los maestros han de tratar de ser autocríticos y conscientes de sus propios comentarios y actuaciones. De esta manera, actitudes que pueden aparecer de forma automática son detectadas y modificadas a tiempo. Por ejemplo, ha de evitarse alabar la belleza en las niñas y la fuerza y la inteligencia en los niños; o realizar comentarios discriminatorios del tipo: “sé fuerte, los niños no lloran”.
  • Organizar espacios y actividades de manera igualitaria resulta fundamental. Esto implica que tanto niños como niñas tengan acceso a espacios, materiales y juegos diversos y que desde las aulas se les aliente a participar en todos ellos. De este modo se permite que prueben actividades a las que, tal vez, por los roles de género asumidos, no accederían naturalmente. Por ejemplo, evitando que los niños ocupen la mayor parte del patio de recreo jugando a fútbol y las niñas queden relegadas a practicar otras actividades en un rincón.
  • Durante las actividades y trabajos en el aula es importante evitar agrupar a los estudiantes por sexo. De hacerlo, estaríamos fomentando la idea de que sus diferencias se basan en su género y no en sus intereses, habilidades o cualidades.
  • Resulta muy positivo promover la concienciación y el pensamiento crítico en los menores respecto a cuestiones de género e igualdad. Para ello, pueden analizarse textos, canciones o anuncios publicitarios y alentarles a dar su opinión al respecto.
    Niñas en clase mientras se desarrolla la coeducación.

El poder de las expectativas

Por último, es importante considerar el papel que juegan las expectativas a la hora de educar a los niños y niñas. Muchas veces, la discriminación no se produce de manera consciente, sino que surge de ciertas creencias que aún continúan vigentes en la mente de los adultos. Sin embargo, esas expectativas determinan el modo en que nos relacionamos con los niños, y esto, a su vez, afecta a su desarrollo.

Tal como lo demuestra el efecto Pigmalión, lo que el adulto cree del menor termina convirtiéndose en una profecía autocumplida. Así, si seguimos pensando que las niñas son más débiles y emocionales, y los niños más fuertes e inteligentes, continuaremos perpetuando esos roles y estereotipos. Por ello, padres y profesores han de hacer un esfuerzo consciente para modificar esas actitudes y cuidar el modo en que se dirigen a los más jóvenes.

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