¿Premios o castigos por las notas del colegio?

Óscar Dorado · 8 noviembre, 2018
Si eres de aquellos padres que premia o castiga a los hijos por las notas del colegio, este artículo es ideal para ti. Te contamos si haces bien o si debes cortar de inmediato con este sistema.

La efectividad de los premios y los castigos en el mundo de la educación genera un debate continuo entre los padres. Esto se debe a que ambas tácticas brindan a los niños una manera diferente de motivación, que no siempre se considera como lícita. En este artículo, analizaremos si llevar a cabo premios o castigos por las notas del colegio es algo correcto o si es una práctica que debe eliminarse por completo.

Como cuestión general, sabemos que las recompensas y los castigos pueden cambiar el comportamiento. Sin embargo, el uso de premios o castigos comporta el peligro de que la enseñanza centrada en el grado corroa el significado mismo del aprendizaje.

El propósito del aprendizaje se convierte simplemente en el logro de calificaciones para obtener recompensas y no en el dominio del material; tampoco importa encontrar soluciones innovadoras e imaginativas para problemas difíciles.

En todo caso, los premios y los castigos son utilizados como incentivos para ayudar a los niños a que el camino que les lleva a cumplir los objetivos sea más asequible. Por un lado, las recompensas representan una forma positiva de moldear el comportamiento de los demás. Si una persona hace algo apropiado, le otorgamos un premio por ello.

Por otro, los castigos constituyen la imposibilidad de conseguir los premios por no llegar al mínimo establecido por ambas partes. En el caso de que las notas del colegio no se den según lo acordado, la consecuencia es que, además de no tener ninguna ventaja, el niño recibirá un castigo por ello. Un ejemplo puede ser el hecho de tener menos horas al aire libre o estudiar durante los meses de verano.

Los premios

Muchos padres quieren mantener a los hijos motivados y utilizan las recompensas para alentar a que los pequeños logren buenos resultados académicos. Los premios pueden ofrecerse en una variedad de formas, ya sea como regalo o recreo adicional por la buena conducta.

En la mayoría de los casos, las recompensas suelen ser pactadas previamente por ambas partes con la ambición de incentivar la consecución de los objetivos.

La crianza de niños consumistas se origina en la propia casa.

Si bien es cierto que las recompensas motivan a los estudiantes a conseguir buenas calificaciones, se corre el riesgo de que los premios puedan convertirse en su única motivación.

Por lo tanto, si eliges implementar recompensas con tu hijo por las notas del colegio, es importante que no sean desmesuradas y que hagas entender al pequeño que el verdadero éxito es conseguir buenos resultados y adquirir conocimientos.

En cuanto a los premios, debes tomar en consideración que es mejor dar recompensas intangibles, pero apreciadas. Estas emulan más estrechamente al mundo real, en el sentido de que se les permite hacer algo a cambio de un buen trabajo o una actitud positiva.

“El uso de premios o castigos comporta el peligro de que la enseñanza centrada en el grado corroa el significado mismo del aprendizaje”

Los castigos

Los castigos se implementan cuando no se siguen las reglas acordadas. Esto significa que los padres establecen pautas cuando comienza el año y se enumeran cuáles serán los castigos para los hijos si no se siguen las reglas o se consiguen ciertas metas.

Los castigos o consecuencias usualmente involucran la retención de algo que el estudiante disfruta. Tienen el propósito de disuadir a la persona de repetir lo que condujo a la consecuencia insatisfactoria.

¿Cómo actuar ante el suspenso de tu hijo?

Por ende, el miedo a los castigos provoca que los hijos sigan reglas claramente articuladas. Mencionar estos castigos provoca que ellos se comporten de manera correcta. Sin embargo, en algunos casos, el temor puede hacer que un estudiante trabaje simplemente para sobrevivir y no para ofrecer su máximo potencial.

De cualquier modo, hay que tomar en consideración que los castigos de los padres por la mala conducta de los hijos probablemente tengan que ser más severos o más duraderos que las herramientas utilizadas para motivarlos. Por supuesto, siempre han de ser realistas, lógicos y efectivos para cada grupo de edad.

Por último, no olvides que los castigos y las recompensas terminan con el autocontrol. No es un viaje fácil, ni tampoco sucede de la noche a la mañana. No obstante, lo ideal es que ambas medidas vayan desapareciendo a medida que los niños se hacen mayores.

Nuestro consejo es que siempre hables con tu hijo y le expliques el significado de los premios y lo que supone no llevar a cabo los objetivos en forma de castigos. Al fin y al cabo, la formación y el aprendizaje será lo más valioso que le puedas ofrecer.