Ser madre es animarse a explorar otros mundos - Eres Mamá

Ser madre es animarse a explorar otros mundos

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Ser madre implica conocer otro universo completamente diferente al que conocemos. O, cuanto menos, volver el tiempo atrás para recordar aquello que fuimos y experimentamos, pero que ya olvidamos. Es retroceder las manecillas y revivir nuestra infancia.

Es que, sin lugar a dudas, convertirte en mamá no es más que animarse a explorar otros mundos, aun en plena edad adulta. Dejamos de lado la seriedad y la lógica que impone la razón. Abrazamos la espontaneidad, frescura e inocencia de los más pequeños.

Nos aferramos a su pureza, a sus ocurrencias y, por qué no, a su inocencia. Redescubrimos aquellas cosas de la vida que aún nos sorprenden, sin perder la capacidad de asombro. Entendemos lo que perdimos en nuestra ‘conquista etaria’.

Y entonces perdí el nombre, ahora me llamo mamá

-Anónimo-

Ser madre significa disponerse a adentrarnos en otro tipo de aventuras. Aquellas ligadas a la maternidad, sin importar que seas mamá de niños o niñas, o ambos. Un mundo de juegos, juguetes, nanas y cuentos nos espera. A la vuelta de la esquina, los personajes que vuelven locos a los pequeños.

Comprender lo placentero de la tierra, resignificar las manchas. Explorar la simbología de los colores, explotar de emoción ante cada tierna palabra pronunciada con una dulzura única. Amigarse con el botiquín de primeros auxilios y extremar las medidas de seguridad de la casa se convierten en “el lado B” de la maternidad.

Implicaciones de ser madre

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Amigarse nuevamente con los juguetes, aunque sientas que te invaden y estén tirados por toda la casa. Aprender todo tipo de canciones infantiles. Convertirse en una suerte de “pulpo multitasking” para hacer muchas cosas simultáneamente.

Eso es ser madre, y algo más. Tal como coronarte como la mejor narradora de la historia, e incluso como fanática de superhéroes y princesas que antes desconocías por completo. Es colmar nuestra alma de paciencia cada día, conocerle la cara al sacrificio cada noche y dedicarse por completo toda la vida.

Convertirte en mamá es conocer una fuerza que no sabías que existía en tu interior. Hacerte valiente a cambio del amor más puro y sincero. Sentir que ese cariño que excede tu alma se torna en una fuerza motriz que logra imposibles en madre e hijos.

Mamá de una niña

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Ser mamá de una niña es traer a este mundo una verdadera princesa, de carne y hueso. A lo largo de toda su vida, en ese cuento sin brujas ni hadas, verás crecer y desarrollarse a esa eterna reina. La pequeña que se caracteriza por su suavidad y delicadeza. ¡El mundo rosa te espera!

Zapatitos de Cenicienta, maquillaje para ojos, labios y uñas. Micrófonos, cajas registradoras y peluches. Fiestas en spa infantiles y otros detalles enternecerán sobremanera el corazón. Y cada día de tu vida junto a ella pensarás en los dos eventos donde verás su mejor versión: sus quince años y cuando selle su amor para formar una familia.

Aquella que pasa días bañando, peinando y alimentando muñecos. Jugando con muñecas e incluso creando las más hermosas piezas artísticas a base de crayola. La que ama cantar y es una apasionada del baile. Esa niñita que nació con luz propia y desde corta edad pide que la dejes brillar.

Ser madre de un varón

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Al ser madre de un varón la tónica de los juegos y juguetes cambia considerablemente. Probablemente tengas una colección de autos con sus respectivas pistas. Quizás protagonices sus historias diarias de cowboys, entre pistolas, arcos y flechas.

En este caso, comenzarás a familiarizarte con súperhéroes actuales, y a conocer cada uno de sus poderes. En la paleta de los azules y sus derivados encontrarás la personalidad de este pequeño un tanto inquieto, ruidoso y alegre. Nuestro eterno bebé, un príncipe azul eterno en nuestra vida.

Propenso a las travesuras, pasará días, tardes y noches a puro movimiento. Qué más da si se trata de espacios interiores o exteriores. Con o sin pelota, la mejor alternativa es siempre correr, saltar y treparse a donde sea. ¡Tarzanes natos!

Nada más bello que la maternidad

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La maternidad es una hermosa etapa que merece ser vivida y disfrutada intensamente. Es descubrir que andar descalzo puede resultar muy divertido y placentero. Amigarse con las manchas, e incluso con la tierra y las masas de todo tipo. Dejar volar la imaginación con absoluta libertad, sin temor ni vergüenza.

Ser mamá es experimentar una sensación indescriptible, celestial, en cada “te amo” o “eres hermosa” de ese ser que se convirtió en nuestro mundo. Es atreverse a lidiar con los celos y demandas infantiles. A reír con las más alocadas e impensadas situaciones.

Y qué más da si debemos utilizar un sinfín de esparadrapo y tiritas, o llenar la casa de protección contra todo tipo de peligro para los niños. No importa tampoco el hecho de tener que cocinar para un regimiento, o realizar un amplio menú a la carta por incompetencia de gustos.

Después de eso, todo eso vale absolutamente la pena. Por la alegría y felicidad que irradia su pureza. Porque sin pensarlo te sentirás dichosa de poder disfrutar cada día de tener en casa un mini caballero o una mini dama que suele llamarte “mamá”.