Ser madre o amiga de mi hijo, ¿debo elegir?

Indira Ramírez Terán· 19 mayo, 2019

La crianza por años ha estado vinculada a disciplina y a la autoridad incuestionable que podría ejercer la mamá y el papá en el hogar. Antiguamente, los niños debían acatar las órdenes más ridículas sin chistar y someterse a las reglas de la casa. Sin embargo, estos patrones en las familias modernas tienden a cambiar. Una cierta horizontalidad parece ser la norma a la hora de criar a los niños.

Frente a estos dilemas y cambios de paradigmas, la madre se pregunta si debe escoger entre ser madre o amiga de su hijo, creyendo –erróneamente– que son roles no compatibles.

Si bien es importante establecer reglas y mantener las sanas jerarquías en el hogar, sobre todo cuando los niños aún están en edad escolar, recuerda quetanto madre como hijo están aprendiendo uno del otro.En esta premisa y en el respeto debe estar basada la relación.

¿Debo ser amiga de mi hijo?

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En ocasiones la madre asumirá naturalmente más un rol de amiga, cómplice o compañera de las aventuras o desventuras de sus hijos. Sin planearlo e incluso siquiera buscarlo estará prestando su hombro para consolar, su oído para escuchar o simplemente su presencia para apoyar sin la necesidad de reprochar, aconsejar o sermonear.

Entonces, sí. Puedes y deberías ser amiga de tus hijos. Eso ayudará a a crear confianza y generar una relación sólida de por vida. Sin embargo, debe ser una relación con claridad, donde respeten cada uno el espacio de la otra persona y no pierdan de vista el parentesco que inicialmente les une.

La madre amiga:

  • Consuela a los hijos sin reprochar las malas decisiones de estos.
  • Sugieren objetivamente el atuendo que queda o no bien.
  • Pueden realizar críticas constructivas a los hijos, no sólo verán a estos perfectos.
  • Pueden tener los mismos gustos musicales y compartir momentos de ocio como una tarde de compras, en el teatro, concierto o algún hobbie.
  • Madre e hijos son amigos en las redes sociales.
  • Mantiene una relación basada en la confianza y la transparencia. Cuenta a sus hijos, sin entrar en detalles innecesarios, aspectos de su vida que demuestran que no es perfecta.
  • Exhorta a sus hijos a vivir la vida con responsabilidad, libertad y sin ataduras emocionales.
  • Ríen juntos y pueden burlarse, sin herir, de sí mismas y del otro.
  • Establece relaciones de confidente con sus hijos.

La madre en el rol tradicional:

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  • Enseña a ser buenas personas
  • Establece límites claros y reglas en el trato con los hijos
  • Mantiene un rol de control, orientación, sobre los hijos
  • Da opiniones en forma de consejos que ayudan a los hijos a tomar las decisiones más correctas
  • Es como la versión maternal de pepe grillo. Dirá a los hijos lo que está mal de alguna acción y recordará las responsabilidades que acarrea no responsabilizarse por los actos
  • Mantiene una supervisión constante sobre el comportamiento y evolución educativa de su hijo
  • Está incondicional cuando su hijo lo requiere (enfermedad, duda, tristeza)

Nuestro consejo es que tomes lo mejor de ambos roles y lo adaptes a tu personalidad y la personalidad de tu familia. Los hijos siempre requerirán un mentor y si no lo consiguen en el hogar, buscarán este modelo en otras personas. En ocasiones también sólo querrán que los padres actúen como amigos. Es decir, que los escuchen sin juzgarles y le den su opinión sincera.

Para alimentar la relación de amistad, amor y respeto con tu hijo haz de un hábito algo tan sencillo como preocuparte y mostrarte interesado por sus asuntos. Escúchale y trátale con respeto, tacto y complicidad.