Ser madre o amiga de mi hijo, ¿debo elegir?

Indira Ramírez · 5 diciembre, 2015

La crianza por años ha estado vinculada a disciplina y a la autoridad incuestionable que podría ejercer la mamá y el papá en el hogar. Antiguamente, los niños debían acatar las órdenes más ridículas sin chistar y someterse a las reglas de la casa. Sin embargo, estos patrones en las familias modernas tienden a cambiar. Una cierta horizontalidad parece ser la norma a la hora de criar a los niños.

Frente a estos dilemas y cambios de paradigmas, la madre se pregunta si debe escoger entre ser madre o amiga de su hijo, creyendo –erróneamente– que son roles no compatibles.

Si bien es importante establecer reglas y mantener las sanas jerarquías en el hogar, sobre todo cuando los niños aún están en edad escolar, recuerda que tanto madre como hijo están aprendiendo uno del otro. En esta premisa y en el respeto debe estar basada la relación.

¿Debo ser amiga de mi hijo?

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En ocasiones la madre asumirá naturalmente más un rol de amiga, cómplice o compañera de las aventuras o desventuras de sus hijos. Sin planearlo e incluso siquiera buscarlo estará prestando su hombro para consolar, su oído para escuchar o simplemente su presencia para apoyar sin la necesidad de reprochar, aconsejar o sermonear.

Entonces, sí. Puedes y deberías ser amiga de tus hijos. Eso ayudará a a crear confianza y generar una relación sólida de por vida. Sin embargo, debe ser una relación con claridad, donde respeten cada uno el espacio de la otra persona y no pierdan de vista el parentesco que inicialmente les une.

La madre amiga:

  • Consuela a los hijos sin reprochar las malas decisiones de estos.
  • Sugieren objetivamente el atuendo que queda o no bien.
  • Pueden realizar críticas constructivas a los hijos, no sólo verán a estos perfectos.
  • Pueden tener los mismos gustos musicales y compartir momentos de ocio como una tarde de compras, en el teatro, concierto o algún hobbie.
  • Madre e hijos son amigos en las redes sociales.
  • Mantiene una relación basada en la confianza y la transparencia. Cuenta a sus hijos, sin entrar en detalles innecesarios, aspectos de su vida que demuestran que no es perfecta.
  • Exhorta a sus hijos a vivir la vida con responsabilidad, libertad y sin ataduras emocionales.
  • Ríen juntos y pueden burlarse, sin herir, de sí mismas y del otro.
  • Establece relaciones de confidente con sus hijos.

La madre en el rol tradicional:

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  • Enseña a ser buenas personas
  • Establece límites claros y reglas en el trato con los hijos
  • Mantiene un rol de control, orientación, sobre los hijos
  • Da opiniones en forma de consejos que ayudan a los hijos a tomar las decisiones más correctas
  • Es como la versión maternal de pepe grillo. Dirá a los hijos lo que está mal de alguna acción y recordará las responsabilidades que acarrea no responsabilizarse por los actos
  • Mantiene una supervisión constante sobre el comportamiento y evolución educativa de su hijo
  • Está incondicional cuando su hijo lo requiere (enfermedad, duda, tristeza)

Nuestro consejo es que tomes lo mejor de ambos roles y lo adaptes a tu personalidad y la personalidad de tu familia. Los hijos siempre requerirán un mentor y si no lo consiguen en el hogar, buscarán este modelo en otras personas. En ocasiones también sólo querrán que los padres actúen como amigos. Es decir, que los escuchen sin juzgarles y le den su opinión sincera.

Para alimentar la relación de amistad, amor y respeto con tu hijo haz de un hábito algo tan sencillo como preocuparte y mostrarte interesado por sus asuntos. Escúchale y trátale con respeto, tacto y complicidad.