Por más razón que tengas, si tu tono no es respetuoso ¡no tienes razón!

Marisol · 25 septiembre, 2015

Naturalmente, como padres siempre queremos que nuestros hijos sean respetuosos y escuchen lo que tenemos que decirles, las sugerencias que les hacemos, los consejos que les damos o las correcciones que son necesarias al enfrentarnos a determinada situación, pero ¿alguna vez hemos analizado nuestra forma de hablarles?

Es poco coherente exigir respeto por parte de nuestros hijos cuando les hablamos de una forma poco cortés, en un tono exagerado o usando expresiones ofensivas. Es cierto que la autoridad es nuestra tarea, pero debemos ganar el respeto de nuestros hijos dándoles lo que exigimos de ellos.

¿Cómo puedes hablar para que tus hijos realmente te escuchen? 13 consejos valiosos

1. Establece una conexión:

Antes de dar una instrucción, asegúrate de que tu hijo esté prestándote atención; es importante que mantengas el contacto visual y que uses el lenguaje de tu cuerpo para darle a entender de una forma más clara el mensaje que quieres transmitir.

 

2. Dirígete a ellos específicamente:

Un error que cometemos con frecuencia, es lanzar nuestras palabras “al aire”. Debes usar su nombre para que inconscientemente se sienta más identificado con las palabras que le decimos.

3. Sé breve:

Lo mejor para que tus hijos, especialmente durante la infancia, puedan atender a las conversaciones que tienen, es darles frases sencillas. Si vas a dar una instrucción, es importante que lo hagas paso por paso en vez de llenarlo de información que no logrará procesar en un solo impulso.

4. Utiliza palabras positivas o afirmaciones:

Aunque a veces es difícil, procura elaborar las palabras que le das a tu hijo de forma tal que las negaciones no existan. En vez de decirle “no veas televisión”, hazle una sugerencia evitando las negaciones “sería bueno que leyeras un rato”.

5. Involúcrate en lo que está haciendo:

Es conveniente que no gritemos por toda la casa pidiéndoles a nuestros hijos que hagan o que no hagan algo. Si vas a decirle a tu hijo que apague su ordenador, ve al sitio donde se encuentra, observa lo que está haciendo y acompáñalo a realizar la actividad que le pediste.

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6. Dale la posibilidad de elegir:

Cuando los chicos se sienten involucrados y capaces de tomar decisiones, respetarán más tu autoridad. Selecciona posibilidades y dales la oportunidad de elegir entre las opciones que les das.

7. Ten en cuenta la edad:

Naturalmente, la forma de hablarle a un niño y a un adolescente no puede ser igual. Entre más pequeños sean los niños, más simples deben ser las instrucciones. A medida que avanzan en edad, puedes dar más información y si es necesario, explicar por qué es conveniente hacer lo que indicas.

8. Deja de lado las malas palabras:

Si usas lenguaje correcto y respetuoso, puedes esperar lo mismo por parte de tus hijos. Si le hablas de una forma grosera y poco cuidadosa, no es de extrañarse que después se dirija a ti de la misma forma. La autoridad de padre no te da derecho a ser irrespetuoso.

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9. Evita los juicios y las acusaciones:

Cuando atacas directamente a un niño o a un adolescente, la situación se volverá compleja porque se alteran los ánimos y ambas partes estarán a la defensiva. Puedes dar los mismos mensajes usando palabras más sutiles pero manteniendo siempre tu autoridad.

10. Cuida tu tono de voz:

Sobre todo en las edades más tempranas, es común que los niños griten y usen tonos de voz exagerados. Evita caer en el mismo juego y habla calmadamente, esto le ayudará a calmar sus emociones.

11. Verifica que todo esté en equilibrio:

Antes de corregir un comportamiento o dar una indicación, debes asegurarte de que la persona que recibe tu mensaje esté calmada emocionalmente para que obtengas la respuesta esperada.

12. Haz advertencias:

Ni los adultos ni los niños pueden saber si un comportamiento es o no adecuado si antes no ha recibido una advertencia o una instrucción. Antes de establecer un castigo o de reprender a tus hijos, debes haber dado un aviso de la actitud que no es aceptable.

13. No te estanques en la discusión:

Cuando hayas terminado de tener una discusión con tus hijos, el capítulo debe cerrarse. No es adecuado que saques a flote todo el tiempo lo que pasó o que sigas con una actitud alterada después de haber reflexionado juntos sobre la situación que haya desencadenado la disputa.