Cómo lidiar con el cambio de humor de los hijos

Para ayudar a nuestros hijos en sus cambios de humor, es importante enseñarles a reconocer sus emociones y preguntarles qué necesitan para sentirse mejor. De esta manera, los ayudamos a pensar en estrategias a futuro para aprender a afrontar situaciones de estrés.
Cómo lidiar con el cambio de humor de los hijos
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 06 noviembre, 2022

A veces, la convivencia doméstica puede ser complicada. Cada miembro de la familia vive sus propias situaciones y desafíos, por lo que en el encuentro cotidiano deben convivir todos estos humores. Sucede que, muchas veces, no sabemos cómo lidiar con el cambio de humor de nuestros hijos y quedamos atrapados en ese mismo estado de ánimo en lugar de ofrecer otra respuesta. Incluso, a veces todo desemboca en una discusión o en un enojo mayor. Veamos entonces qué podemos hacer.

Sobre las emociones y los cambios de humor

Muchas veces, al pensar en los cambios de humor de los hijos, nos quedamos atrapados en esa situación desagradable, conflictiva y de discusión. Sin embargo, desde edades tempranas, es importante empezar por validar y reconocer que la vida transcurre entre matices. Hay algunos días mejores y otros peores.

Es importante educar en la inteligencia emocional y ayudar a que los niños tomen conciencia de sus emociones, al mismo tiempo que los ayudamos a gestionarlas. No se trata de promover una felicidad perpetua, sino de encontrar los mejores modos de expresarse y de compartir aquello que sentimos.

Cómo afrontar el cambio de humor de los hijos

Algunas de las recomendaciones que puedes tener en cuenta para afrontar el cambio de humor de tus hijos sin perder los nervios, te las contamos a continuación.

Ponerse en situación

Para afrontar los cambios de humor de tus hijos, es importante ubicarse en la situación. ¿Por qué está de mal humor? Quizás le ha ocurrido algo en la escuela y no sabe cómo resolverlo o aún no puede procesarlo. Es importante reconocer que todas las emociones, tanto aquellas que identificamos como agradables– como la alegría- así como las que son desagradables –como el enojo- quieren comunicarnos algo. Es decir, al prestarles atención, podemos aprender de ellas y hacer algo para cambiar.

Es importante conocer los motivos del cambio de humor del menor y tener en cuenta su edad antes de tomar cartas en el asunto. Lo mejor siempre es el diálogo.

Tener en cuenta la edad

Por otro lado, también hay que tener en cuenta la edad que tienen los menores. Cuando son más chicos, aún se encuentra en desarrollo su inteligencia emocional. Además, sus emociones son el vehículo a través del cual pueden pedir lo que necesitan. Por ejemplo, lloran para expresar que tienen sueño o hambre. Entonces, es posible que muchas veces queden presos de ellas. Por el contrario, en la adolescencia, los cambios de humor se deben a ese complejo proceso de autoafirmación y de búsqueda de identidad.

Aplicar una respuesta asertiva

Ya sea que se trate de un capricho o de un mal humor con causa, si le gritas o te enojas aún más, el chico no se calmará. Después de todo, ¿no te sucede a ti lo mismo? Lo que todas las personas necesitamos en estos momentos es un poco de tranquilidad para recuperar nuestro eje. Por eso, puedes preguntarle qué necesita para sentirse mejor. ¿Tiempo?, ¿un abrazo?, ¿hablar?, ¿quedarse a solas un momento? Incluso, a veces se trata simplemente de escucharlos y permitirles que se expresen. Esa catarsis ya es liberadora.

Ayudarle a pensar en cómo puede resolver el problema

Aportar una mirada distinta puede hacer que todo se simplifique y parezca menos catastrófico. Esto no significa invalidar sus emociones o preocupaciones, pero sí podemos ayudarlo a enfocar el problema desde otro lugar.

Promover el buen ánimo

También puedes hacerle notar el cambio que se produce cuando nos disponemos a realizar nuestras tareas con un mejor ánimo. Esto no implica no dar lugar a estar de mal humor algún día, pero sí es una forma de señalar el modo en que todo fluye más fácil cuando cambia nuestra disposición.

Mostrarse flexibles y promover el buen ánimo son actitudes fundamentales por parte de los padres. De ese modo, pueden motivar a los hijos y mostrarles que las cosas salen mejor cuando se llevan a cabo con buena predisposición.

Mostrarse flexible

Si tu hijo tuvo un mal día en la escuela o ha discutido con un amigo, entonces puedes decirle que no es necesario que ordene su habitación, pero que podrá hacerlo al día siguiente. O bien, puedes proponerle cocinar su plato favorito para levantarle el ánimo. Si esto mismo haríamos con una amiga que vive un mal momento, ¿por qué no practicarlo también en casa?



Mirarnos a nosotros mismos

Por otro lado, también vale la pena pensarnos cómo somos como adultos en la crianza. En ocasiones, mirar a nuestros hijos también nos sirve como espejo. En ocasiones, esperamos que estén de buen humor cuando nosotros somos incapaces de hacerlo, o cuando contaminamos un almuerzo durante el fin de semana por atender las llamadas de trabajo. Es necesario pensar cómo es nuestro estilo de crianza. Quizás el ser demasiado rígidos o autoritarios también influye en el modo en que reaccionan los hijos.

En torno al clima emocional de la familia, es importante saber reconocer que hay días buenos y malos. En este sentido, es lógico que vivamos distintas emociones. Pero también es necesario ser respetuosos con nuestros hijos y con el resto de las personas que viven con nosotros, ya que afectamos la convivencia cotidiana. Debemos pedir ayuda o buscar formas más saludables de afrontar nuestros conflictos en lugar de mantenernos en la queja o el mal humor constante. Ser un buen ejemplo y aprender junto a ellos a controlar nuestras emociones es un excelente punto de partida.

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  • Salguero, M. J. C. (2011). Importancia de la inteligencia emocional como contribución al desarrollo integral de los niños/as de educación infantil. Pedagogía magna, (11), 178-188.
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