La neofobia alimentaria

¿Tu hijo es reacio a probar nuevas comidas? Puede que padezca de neofobia alimentaria, que no es más que la aversión hacia comidas desconocidas. Te contamos todo sobre ella y cómo superarla.

Pese a que quizás no estén familiarizados con su nombre, de seguro todos los padres conocen la neofobia alimentaria. Se trata, nada más y nada menos, que del rechazo de los niños a probar nuevos alimentos. En estas líneas, te contamos todo sobre este fenómeno y cómo actuar para superarlo.

La neofobia alimentaria es algo muy común en muchísimos niños del mundo. Pese a que no se incluye en la categoría de trastornos psiquiátricos que elabora la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), se trata de una conducta sumamente frecuente.

Posibles causas de la neofobia alimentaria

Curiosamente, esta conducta tiene que ver con un primitivo mecanismo de defensa del ser humano. En épocas pasadas, el hombre se alimentó de plantas; muchas de ellas suponían un peligro para su vida, por lo que necesitaban ser sumamente cautelosos a la hora de probarlas.

A menudo, esta negación se da por factores que difieren del mero gusto de los pequeños. En muchas ocasiones, sobre todo a partir de los dos años de edad, esta manifestación —que no solamente se da en lo relativo a la comida— es una exteriorización del deseo de ‘independencia’ de sus padres que nace en ellos. Por supuesto, esto en realidad no es así; a esa edad, los niños tienen vínculos de dependencia muy profundos con sus progenitores.

Además de esto, la infancia es una etapa en la que los niños conocen nuevos sabores, olores y texturas. Resulta totalmente lógico que muchas de ellas les resulten ‘extrañas’ o poco apetecibles. No obstante, con el tiempo esta visión puede cambiar.

Finalmente, las experiencias negativas en el pasado también pueden ser el desencadenante de la neofobia alimentaria. Será el caso de aquellas comidas que le provocaron una intoxicación, por ejemplo. También puede darse en casos más extremos, como una situación de atragantamiento o asfixia.

La neofobia alimentaria hace que muchos padres reeemplacen las comidas por otras menos sanas.

¿Qué riesgos puede causar?

La neofobia alimentaria puede centrarse en grupos alimenticios completos, como las frutas o verduras. Por lo tanto, pueden producirse ciertas carencias nutricionales que será necesario subsanar.

En este sentido, es esencial una consulta con el nutricionista para contemplar las necesidades especiales de cada pequeño y encontrarles una solución. De todas maneras, cabe señalar que se trata de una condición transitoria. Pese a que no se trata de una afección sobre la que haya estudios determinantes, se estima que en la mayoría de los casos este rechazo desaparece a partir de los 6 o 7 años.

Si esto no es así, puede convertirse en un serio problema cuando el niño entra en edad escolar, ya que muchas veces no tendrá la oportunidad de escoger las comidas como si estuviera en su casa.

¿Qué hacer ante la neofobia alimentaria?

Como apuntamos antes, es totalmente comprensible que haya un alimento específico que al niño no le guste. No obstante, no por ello tiene que descartar todos los de su grupo. En otras palabras: puede que no le guste la manzana, pero eso no quiere decir que se acepte que no coma frutas. Por el contrario, las prácticas recomendadas para estas ocasiones son las siguientes:

1. Dar el ejemplo

El ejemplo es siempre la mejor opción. Si queremos que nuestro pequeño coma brócoli, debemos ser los primeros en hacerlo. De lo contrario, sería totalmente injusto pedirle algo que nosotros mismos no estamos dispuestos a hacer. Los niños ven en sus padres un modelo a seguir. Será más sencillo inculcar hábitos saludables en ellos si ven que nosotros los aplicamos también.

“La neofobia alimentaria es algo muy común en muchísimos niños del mundo; se trata del rechazo de los niños a probar nuevos alimentos”

2. Ser creativo y paciente

No podemos pretender ofrecer a un niño un plato lleno de algo que nunca comió y decirle que se lo acabe. Lo ideal es comenzar de a poco, con pequeñas porciones de esa nueva comida.

De hecho, también puedes cambiar su forma de presentación para que no perciban su presencia. Por ejemplo: incorporarlos en una tarta, en una sopa o crema o en una hamburguesa, en el caso del tomate o el huevo. Con estos pequeños pasos, avanzarás hacia el objetivo.

Asimismo, el destete con alimentos sólidos es efectivo para su prevención. Cuanto más temprano se acostumbre un niño a los nuevos alimentos, menos le costará incorporarlos.

Los niños que padecen neofobia alimentaria rechazan muchos alimentos.

3. No obligarlos

Cuando obligamos a los niños a hacer algo, lo único que logramos es multiplicar su aversión hacia eso. En el caso de las comidas, podemos fomentar un verdadero rechazo a un alimento que hoy puede no gustarle. Lo mejor es dejar pasar el tiempo y darle una nueva oportunidad en el futuro.

Sin embargo, tampoco es lo ideal cambiar la comida por una que le guste más. Esto podría crear una asociación de una mala conducta con una recompensa positiva que no haría más que reforzarla.

Finalmente, también es aconsejable hacer partícipes a los pequeños de las compras y del proceso de preparación mismo. Esto, sumado a una presentación agradable para la vista, contribuirá a superar la neofobia alimentaria y a animarlo a experimentar nuevos sabores.

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