La hora sagrada que fortalece los lazos afectivos

Raquel Aldana · 17 octubre, 2015

La creación de los lazos afectivos con el bebé empieza mucho antes del parto y continúa durante mucho tiempo. Por esta razón se debe cuidar lo máximo posible todo el proceso, pues no olvidemos que la maternidad comienza desde que la mujer se siente madre.

Así, el parto y el postparto son momentos especialmente delicados, ya que la sensibilidad que brota en el ambiente marcará de manera muy profunda tanto a la madre como al bebé, colocando los primeros ladrillos de los pilares que sostendrán su relación.

En estos instantes los cuerpos de ambos se inundan de prolactina, oxitocina y betaendorfinas; o, lo que es lo mismo, de sustancias neuroquímicas denominadas “las moléculas de la afiliación o del amor”.

Digamos que en condiciones normales, en este momento se produce una especie de flechazo, es decir, un feliz enamoramiento de la madre hacia su bebé recién nacido. A su vez, el bebé confía y siente a su madre como su hogar, fomentando la vinculación afectiva.

La importancia del primer momento: el nacimiento

Hace unos años, la costumbre era envolver rápidamente a los recién nacidos, enseñárselo a la madre un momento y llevar a los niños a un calentador. Mientras, la parturienta rogaba unos minutos para abrazar a su pequeña criatura.

Imaginaos lo que supone este trato tan frío para una pequeña criatura que ha estado 40 semanas escuchando los relajantes latidos del corazón su madre mientras se bañaba en un líquido cálido a oscuras.

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Con el paso del tiempo la ciencia se dio cuenta de que el mejor calentador es el regazo de una madre. Así, si esta lo abraza y estrecha contra su piel no solo ayudará a fortalecer el vínculo desde el primer momento, sino que también comenzará su proceso de inmunización, pues el bebé podrá ser colonizado por las bacterias que viven en la piel de su madre.

En este mismo sentido, no podemos olvidarnos de la importancia del padre en el momento del nacimiento. Cuanto más partícipe sea un padre, más “enganchado” y comprometido quedará con la experiencia de ser testigo de la maravilla del nacimiento de su creación.

 

El contacto físico, el pilar fundamental del desarrollo del recién nacido

Como venimos comentando, tanto en el embarazo como en el nacimiento se produce una fuerte conexión entre los sistemas neurológico, endocrino e inmunológico de la madre y del niño, predisponiendo su salud emocional y física.

Una de las principales formas de aprendizaje es a través del contacto físico y de las caricias. Gracias a esto, el bebé desarrolla su capacidad de amar y confiar. Así, es un período en el que por instinto maximizamos el contacto, comunicándonos a través de abrazos y expresiones de cercanía.

Digamos que a través de estos comportamientos les ofrecemos a nuestros niños su primera lección en inteligencia emocional. Aun sin ser conscientes de lo que hacemos, les estamos diciendo que todo va bien, que están protegidos y que el mundo es un lugar seguro para ellos.

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La hora sagrada después de dar a luz

La mayor parte de los expertos recomiendan que tras el parto se respete lo que se denomina “la hora sagrada” o, lo que es lo mismo, una hora en la que madre y bebé permanecen en contacto piel con piel sin ningún tipo de interferencia (limpiezas, mediciones, pruebas, etc).

Los especialistas aseguran que el contacto piel con piel entre la madre y el bebé estabiliza la respiración y la oxigenación del cuerpito del niño, mantiene los niveles de glucemia y presión arterial adecuados, reducen las hormonas del estrés, disminuyen el llanto e facilitan el inicio de la lactancia, lo que reduce el riesgo de hipotermia por su capacidad para regular la temperatura.

Así, esta hora sagrada no solo facilita la estabilización y regulación de los distintos niveles físiológicos, sino que potencia la impronta afectiva, favoreciendo de manera totalmente natural el vínculo entre la madre y su bebé.