La esquizofrenia en adolescentes

La adolescencia es un momento crítico de transición en que los chicos experimentan una serie de cambios biológicos y psicológicos para alcanzar la madurez. No obstante, también es cierto que durante esta etapa es complicado tratar síntomas de ciertas condiciones mentales como la esquizofrenia.

Un adolescente esquizofrénico tiene la creencia de que sus pensamientos, actos y sentimientos son conocidos por otras personas, aunque estos sean delirantes o realmente no existan.

La esquizofrenia, por lo general, se caracteriza por ser un trastorno psicológico con un cuadro de alucinaciones, apatía, aislamiento social, ansiedad, alteraciones del comportamiento o percepción, empobrecimiento del lenguaje, nerviosismo, pérdida del interés, depresión leve, insomnio, entre otras manifestaciones.

Al paciente le es difícil distinguir lo que es real y lo irreal. Se les dificulta pensar con claridad, controlar las emociones y relacionarse con otros. Normalmente, cuando el problema inicia no produce síntomas relevantes, pero en la medida que el chico va creciendo empiezan a surgir las primeras señales, generalmente de forma leve y posiblemente acompañadas de manifestaciones paranoides.

Una tercera parte de los pacientes inician el padecimiento antes de los 18 años y el 6% antes de los 16 años de vida

No se sabe a ciencia cierta cuáles son las causas específicas, aunque si es cierto que tiene origen genético y hay más riesgo de padecerlo cuando algún familiar tiene el trastorno.

Esquizofrenia: Qué hacer ante la presencia de los síntomas

Como padres, sabemos que lidiar con adolescentes no es nada fácil, es un período de transición completamente difícil de sobrellevar, pero debemos estar atentos a las pequeñas señales de la enfermedad para detectarla a tiempo y buscar ayuda psicológica.

Saber que un hijo o hija adolescente presenta signos característicos de la esquizofrenia puede ser un proceso duro, pero es importante mantener la calma y hacer todo lo posible para encontrar el mejor tratamiento para dicho trastorno.

Es normal que sintamos preocupación y ansiedad ante una experiencia como esta, no obstante, debemos minimizar estas emociones y sobretodo evitar buscar culpables. Recordemos que nadie es responsable por una enfermedad mental.

Lo primordial es acudir cuanto antes a un especialista. Este evaluará si es necesario o no un tratamiento hospitalario o una medicación con psicofármacos, todo dependerá del estado mental del chico.

Cómo ayudar a mi hijo en casa

Nadie dijo que el proceso de recuperación o tratamiento es fácil, aun así, hay maneras de buscar una solución en familia para que todos puedan sentirse mejor. Para nuestro alivio, a continuación, encontraremos algunos consejos:

  • Empaparse todo lo relacionado a la enfermedad

Si realmente queremos comprender qué sucede con nuestro hijo es conveniente empaparnos acerca de todo lo que consiste el trastorno. De ser así, será más sencillo enfrentar junto a él sus sentimientos y todo lo que suceda a su alrededor.

  • Padecer esquizofrenia no es un defecto de carácter o personalidad

Muchos padres se sienten apenados cuando sus hijos se comportan de manera extraña y no lo pueden controlar. En este caso, debemos ser muy comprensivos, no se trata de algo a propósito, simplemente el cerebro no funciona correctamente.

  • Estar preparados para un brote psicótico o una recaída

Hay días en los pacientes están bien, pero hay otros en que hay posibilidades de que puedan experimentar un brote psicótico, así que lo mejor es estar preparados, tener cerca los números de emergencias psiquiátricas, enseñar al chico u otros familiares qué hacer al momento de la crisis, entre otras acciones.

No olvidemos el componente afectivo

Los padres sentimos una enorme responsabilidad con nuestros hijos y ante cualquier problema es normal sentir dolor inconsolable, pero es importante tener en cuenta que, precisamente en esos momentos, es cuanto más ellos necesitan nuestro apoyo y cariño.

Los jóvenes con esquizofrenia corren el riesgo de que su condición los excluya de sus amigos, compañeros de clase, maestros, etc. Por lo tanto, no debemos olvidar que como familia es prácticamente una necesidad demostrarles afecto y ayudarlos a llevar una vida normal.

El objetivo es mantener una relación afectuosa, y además, fomentar la comunicación para que ellos también se sientan partícipes de las cosas cotidianas que suceden en casa.

 

 

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