¿Hacen demasiados deberes nuestros hijos?

Sigue siendo un tema de actualidad la polémica por la cantidad de deberes que tienen que hacer nuestros hijos. El debate está abierto, deberes si o deberes no. Son muchas las posturas acerca de este tema. Están los que ven adecuado que los niños tengan tareas en casa. Pero también los que ven desmesurada la cantidad de ejercicios que tienen los niños.

Los niños tienen su rutina diaria de ir al colegio y las actividades extraescolares a las que están inscritos. Pero a esto se le suman los deberes que les mandan en el colegio, que según muchos padres y expertos es una carga excesiva de trabajo. Por otro lado, los profesores defienden la postura de que son importantes para mejorar el rendimiento escolar. Los consideran necesarios para que asimilen los conocimientos de forma adecuada.

Ante esta situación nos encontramos los padres, que no sabemos si realmente los deberes son eficaces o lo único que hacen es saturar a nuestros hijos con más carga de la que deberían. Entonces surge la pregunta ¿son buenos los deberes o no? Está claro que esto no es una cuestión de blanco o negro, sino que tiene matices.

¿Por qué resulta positivo que nuestros hijos hagan deberes?

En los colegios las clases están masificadas. Por tanto, los deberes pueden ser una oportunidad para tener un trato individualizado con los hijos, que desde el cariño y el conocimiento profundo solo puede tener un padre.

La hora de los deberes también es un buen momento para que padres e hijos interactúen positivamente. A pesar de estar cansados, dedicarles a nuestros hijos un rato de nuestra atención es genial.

Los deberes ayudan a nuestros hijos a fijar y consolidar los conocimientos que aprenden en clase. Tanto escribir como leer se mejora practicando, y no se puede dedicar todo el tiempo de cole a realizar esta práctica.

Hacer deberes desde pequeños enseña valores positivos como el esfuerzo, disciplina, y responsabilidad. También les permite crear un hábito de trabajo.

Contras del exceso de deberes

Los deberes impiden el desarrollo de la creatividad e imaginación de los niños de primaria que están todavía en una fase de desarrollo muy importante. Necesitan jugar para poder desarrollar sus capacidades y aprovechar su fantasía.

El sistema educativo está establecido con unos estándares generalizados y no se tienen en cuenta las características particulares de cada alumno. Esto mismo pasa con los deberes, que suelen ser los mismos para todos. Esto no es bueno, pues cada alumno tiene diferentes niveles de conocimiento.

Con tanta cantidad de deberes, lo que se consigue es aburrir a los niños y crearles una actitud negativa hacia el estudio y la lectura. Los forzamos a hacer cosas para las que todavía no están preparados.

El exceso de deberes consigue que los padres que ayudan a sus hijos con ellos acaben frustrados tras interminables sesiones. Esto deteriora significativamente el vínculo afectivo que existe entre ambos.

No solo es el hecho de ayudarles a hacer los deberes, sino que también aparece la necesidad de que destaquen frente a sus compañeros. Por esta razón algunos padres pasan de ayudar a realizar las tareas de sus hijos para que estos saquen mejor nota que sus compañeros.

Los deberes consiguen que los niños pasen horas encerrados en su habitación en vez de emplear ese tiempo en salir al parque, jugar, correr o hacer deporte con otros niños. Estas actividades resultan muy beneficiosas para su desarrollo en estas edades tempranas.

Conclusiones

El debate está servido y las dos posturas tienen su parte de razón. Por un lado los ejercicios hacen más fuerte el vinculo existente entre los niños y los padres que les ayudan. Todo ello a pesar del esfuerzo extra que supone después de todo el día trabajando. Además, fomenta un hábito de trabajo y estudio, así como una disciplina necesarios en las siguientes etapas formativas del niño y quizá para toda su vida.

Por otro lado, un exceso de tareas en estos tiempos en que pulsando un botón tienes toda la información y los cálculos necesarios a tu disposición, supone una reducción considerable en el desarrollo personal del niño.

Así pues, cada padre y madre tendrá que sacar su propia conclusión. Esta es una decisión muy personal mientras nuestro sistema educativo no actúe con firmeza.

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