Evita interrogar a tu hijo adolescente, dialoga con él

22 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Como madre, es normal que desees saber qué ocurre en la vida de tu hijo. Pero interrogarlo tal vez no sea la mejor opción. Descubre por qué.

Llegas a casa del trabajo y tu pareja comienza a preguntarte: “¿Qué tal te ha ido? ¿Entregaste aquel proyecto? ¿Aplazaron la reunión? ¿Has ido a la compra al salir?”. Resulta agobiante solo de imaginarlo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué sometemos a nuestros hijos a este tipo de bombardeos? Interrogar a tu hijo adolescente solo incrementará la distancia emocional entre vosotros y dificultará la comunicación. Aquí te contamos por qué.

Este es un error en el que caen muchos padres y madres, y es comprensible. Deseamos saber si nuestros hijos están bien, si tienen dificultades académicas o sociales y queremos enterarnos de los acontecimientos más relevantes de su día. Por ello, comenzamos a cuestionarles sin tener muy en cuenta que el lugar o las formas no sean las más apropiadas.

Esto puede funcionar cuando los niños son pequeños, aunque aún así no es común sacarles más que una respuesta simple y monosilábica para quitarse de encima el interrogatorio. No obstante, cuando llegan a la adolescencia, si la comunicación se basa únicamente en este tipo de dinámicas unidireccionales, el adolescente se negará a proporcionar información.

Padre hablando con su hija adolescente en lugar de interrogarla.

¿Por qué debes evitar interrogar a tu hijo adolescente?

Con frecuencia, olvidamos que nuestros hijos, a parte de ser nuestros hijos, son personas. Cuando hablamos con un compañero de trabajo, un amigo o un familiar no recurrimos al interrogatorio ni les abordamos con exigencias. Del mismo modo, si queremos que la comunicación con nuestro adolescente fluya, hemos de tratarle con respeto y esforzarnos por forjar una relación de confianza.

Al interrogar a tu hijo adolescente, das a entender, en primer lugar, que no confías en él. Te colocas en una posición de superioridad que transmite que debe rendirte cuentas y que implica tu deseo de ejercer control sobre él, algo generalmente mal aceptado por los jóvenes de esta edad.

Así, con esta dinámica tú solo preguntas, exiges respuestas y él solo se ve obligado a ofrecértelas. No hay diálogo, conversación, ni reciprocidad. La relación se asemeja más a la de un jefe y un empleado, un policía y un sospechoso que a la de dos personas que se quieren, se apoyan y se acompañan.

Aún te necesita

Muchos padres piensan que el interrogatorio, aunque no sea el mejor, es el único modo de comunicarse con sus hijos, de enterarse de lo que ocurre en sus vidas. Alegan que desde la pubertad el joven se ha ido distanciando, aislando o centrándose en sus amistades y no comparte su vida privada con sus progenitores.

En efecto, la adolescencia supone un importante cambio de paradigma. La familia deja de ser el centro del mundo del menor y las amistades y círculos sociales con sus semejantes adquieren un papel prioritario.

Sin embargo, esto no significa que el adolescente no necesite y no quiera el consejo, el afecto y el apoyo de sus padres. Las relaciones familiares de afecto y confianza son muy nutritivas y necesarias durante toda la vida y especialmente en una etapa tan compleja y delicada como la adolescencia.

¿Cómo acercarte a tu hijo adolescente sin hacerle un interrogatorio?

Entonces, la pregunta es: “¿Cómo puedo acercarme a mi hijo sin avasallarlo con preguntas?”. La clave está en esforzarse por forjar una relación amorosa, armoniosa y saludable. Sería muy positivo comenzar a estrechar el vínculo desde la infancia, pero nunca es tarde para comenzar o cambiar de estilo educativo.

Madre evitando interrogar a su hijo adolescente.

Así, en primer lugar, es necesario que te muestres siempre dispuesto a escuchar. En algunas ocasiones tu hijo, de forma espontánea, querrá compartir contigo sus vivencias o necesitará tu consejo; presta atención en esos momentos, dedícale tus cinco sentidos y demuéstrale que estás ahí para él.

Por otro lado, asegúrate de no juzgarlo o sermonearlo cuando se abra. Si acude a ti con un problema o una duda y le recriminas su mal comportamiento o su pésima toma de decisiones, se cerrará en banda y probablemente la próxima vez evite comunicarse contigo. Aconséjale, sí, pero no le juzgues; sé su apoyo.

Por último, es importante que la comunicación sea natural y bidireccional. Es decir, ábrete tú también a tu hijo, háblale sobre tu infancia o sobre lo que acontece en tu día a día. Comparte con él tus vivencias y emociones de modo que él sienta que es algo recíproco, que la confianza es mutua. Esto resultará sumamente agradable y enriquecedor para ambos.