El dulce olor de los recuerdos infantiles

20 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El olor de la casa de los abuelos, el perfume de mamá, el aroma de la lluvia sobre la tierra mojada... La infancia queda grabada en la memoria a partir del sentido del olfato. Te contamos cómo y por qué.

Si te pidieran que recordaras el último viaje que realizaste, posiblemente, llegarían a tu mente imágenes visuales y secuencias de acontecimientos. No obstante, si tratas de traer al presente memorias de tu infancia, estás aparecerán en forma de emociones, sensaciones difusas, pero intensas. Y es que el olor de los recuerdos de la infancia es imborrable.

Todos lo hemos experimentado: vamos caminando por la calle y, de pronto, un olor nos conduce al pasado de una forma tan vívida que sentimos haber viajado en el tiempo. Por ello, aunque tal vez no te hayas detenido a pensarlo, los estímulos olfativos que tu pequeño está recibiendo ahora están asentando emociones que le acompañarán de por vida.

Olores, recuerdos y emociones

Hay dos hechos interesantes que hemos de tener en cuenta respecto a los recuerdos. El primero de ellos es que, aunque somos una especie eminentemente visual, durante nuestros primeros años de vida, los recuerdos se establecen principalmente a través del olfato. Los bebés ya utilizan este sentido para reconocer a la madre y buscarla; y, hasta los 10 años de edad, el peso de los olores en la formación de recuerdos es sumamente importante.

Padre e hija haciendo cruasanes al horno para llenar de olor su recuerdo.

Pero, además, las memorias evocadas por olores tienen un componente mucho más emocional. Cuando recuerdas una escena visual de tu pasado o una conversación que mantuviste, rememoras datos y sucesos. Es una recuperación de información más precisa y más objetiva.

En cambio, cuando por tu lado pasa alguien con un perfume que te resulta familiar, te sientes inmerso en sensaciones y estados emocionales. En este punto no recuerdas tanto lo que sucedió en ese momento concreto, sino las percepciones íntimas y personales que experimentaste con dicho olor.

El cerebro emocional

Es decir, en nuestro cerebro se establecen potentes asociaciones entre olores y estados internos. De este modo, cuando percibimos ese mismo estímulo olfativo, nos vemos embargados por la emoción que acompañó anteriormente a ese olor.

Pero ¿qué hace tan características a este tipo de memorias? ¿Por qué los olores son capaces de conducirnos a un viaje emocional de vuelta a la infancia? Pues bien, esto sucede porque el sentido del olfato está fuertemente relacionado con el cerebro emocional.

Antes de llegar a la corteza cerebral, los estímulos provenientes del sentido del olfato pasan por dos áreas cerebrales principales, la amígdala y el hipocampo. Estas regiones están fuertemente asociadas a las emociones y la memoria. Por lo mismo, los olores impregnan y fijan en nuestros recuerdos la emoción que estamos viviendo en ese momento.

Y esto ocurre de forma mucho más prominente en los niños, ya que el olfato es el sentido principal que utilizan para relacionarse con el mundo en la primera etapa de su vida. De este modo, los olores nos permiten acceder a recuerdos infantiles que, de otro modo, nos sería difícil recuperar, pues es común guardar escasas memorias de nuestra infancia.

Niño jugando con plastilina.

El dulce olor de los recuerdos infantiles

Por todo lo anterior, los infantes guardarán remembranzas de sus primeros años fuertemente asociadas a estados emocionales. Así, en el futuro, ciertos olores característicos los conducirán de vuelta a esos años felices.

El perfume de mamá siempre le recordará la cálida y reconfortante sensación de sus abrazos. El olor a galletas recién horneadas le hará revivir la inocencia y despreocupación con la que dejaba de jugar, momentáneamente, para ir a merendar.

Del mismo modo, el aroma de la lluvia de verano mojando la tierra activará sus memorias de aquellos días familiares en el campo. Y el olor a plastilina le ayudará a revivir, de forma casi inevitable, la complicidad con sus hermanos mientras pasaban largas horas jugando a imaginar.

Todos estos recuerdos los invadirán en el momento menos esperado cuando, de la nada, un olor agradablemente familiar impregne sus sentidos. Pero, además, constituirán poderosos anclajes para revivir esas emociones cuando más las necesiten.

En el futuro, cuando tu hijo necesite volver a sentirse amado, seguro, protegido o feliz, solo tendrá que encender la misma vela aromática que ahora preside el salón de vuestra casa. Solo tendrá que cocinar ese plato que ahora le prepara la abuela tras sus tardes de verano jugando en la piscina. El olor de los recuerdos infantiles es un tesoro que nos acompaña siempre, un recurso que siempre tendremos a nuestro alcance.