Discutir delante de los niños es un error

Francisco María García · 17 febrero, 2018
Aunque la discusión y la comunicación son imprescindibles en la pareja, discutir delante de los niños puede dejar una huella en ellos. A continuación te contamos más al respecto.

Muchas veces los padres se pelean sin darse cuenta que discutir delante de los niños es un error. Por un lado, los niños pueden ser demasiado pequeños para entender lo que sucede y generar emociones negativas en respuesta al estímulo exterior.

Además se les puede creer lo suficiente mayores para afrontar problemas de adultos, sin que esto sea así. En otras palabras, creemos que cuentan con la madurez y las herramientas para manejar la situación de forma saludable y en realidad no cuentan con ello.

El tono de voz, los movimientos bruscos y demás elementos del lenguaje no verbal, pueden ser interpretados de la forma errónea, incluso por un bebé. Aunque no se entienda el contenido, sí se comenzarán a generar emociones muy negativas.

El diálogo y la importancia de la comunicación

La discusión y la comunicación pueden interpretarse como normales. Incluso puede ser una señal de salud mental en una pareja. Todo depende del tipo de discusión y los niveles de agresividad.

Siempre es bueno abordar cualquier tema sin alterarse y que eso no afecte a nadie. Pero cuando la discusión se acompaña de gritos o palabras duras, los niños pueden asustarse.

Algunas de las consecuencias de discutir delante de los niños pueden ser: desde ofrecer un modelo negativo de relación, hasta ir creando reglas o límites ambiguos, pasando por situaciones de gran confusión en los pequeños.

Discutir delante de los niños es un error.

Consecuencias de la discusión para los niños

En primer lugar se transmite un modelo negativo de relación. Los niños son como esponjas y constantemente absorben información de su alrededor.

Ellos de dan cuenta cómo se solucionan los problemas, si hay entendimiento, si hay faltas de respeto, si se deja al otro con la palabra en la boca, si hay contacto ocular, etcétera. Sin duda serán patrones que irán formando parte de su personalidad desde muy temprana edad.

La segunda consecuencia puede ser que se asienten normas o límites ambiguos. Lo ideal es que los padres hagan equipo a la hora de establecer pautas educativas.

Aunque no siempre se está de acuerdo en todo, discutir delante de los niños constantemente, llevaría a perder autoridad.

Los pequeños empezarían a llorar y a poner en duda lo que dice cada uno de los padres, simplemente porque ven que el otro está en desacuerdo. Terminarían por no saber a quién hacerle caso o a manipular ellos mismos, según su conveniencia.

Otra de las consecuencias de discutir delante de los niños es que eso les lleva a preguntarse de lado de quien están. Los hijos no tienen que ser árbitros o jueces de los papas, ni siquiera tienen que asistir a los debates. Ambos padres deben ser muy importantes para ellos, y tener un papel al mismo nivel.

Los niños pueden saber que los padres discuten y tienen diferencias. Pero no tienen que tomar partido ni enterarse de las particularidades de la discusión.

Discutir delante de los niños deja huellas en los hijos

Uno de los recuerdos más dolorosos que los pequeños pueden tener, sin duda son las tensiones entre sus padres. Para un niño, los padres son personas que están ahí para protegerlo y cuidarlo. Cuando de pronto se agreden y gritan frente a él, este se siente indefenso y asustado.

Discutir delante de los niños es un error.

Según un estudio publicado en la revista Development and Psychopathology, y realizado por la Escuela Steinhardt de Cultura, Educación y Desarrollo Humano de la Universidad de Nueva York, la exposición a la agresión entre los padres podría moldear de forma negativa las emociones de los niños.

Los investigadores evaluaron a 1.025 niños de dos meses a los cinco años. Los tests estaban dirigidos a medir el caos de las familias.

Al cabo de 58 meses de evaluación, los investigadores se dieron cuenta que los niños expuestos a mayores índices de agresión en sus hogares, presentaban mayor dificultad para identificar y regular sus propias emociones.

También se observó que la capacidad para identificar y regular las propias emociones está vinculada al desarrollo de la inteligencia emocional.

Un niño expuesto a la agresión entre sus padres, tendrá dificultad para procesar emociones tales como la tristeza, el abandono o el miedo.

Todas estas emociones diarias que hemos visto, mal gestionadas y procesadas, conllevaron a desarrollar síntomas de ansiedad y depresión en años siguientes del niño.

Sabemos lo importante que es para la vida, en general, saber identificar y expresar lo que sentimos. Privar a un hijo de esa facultad puede crearle severos problemas más adelante. Por todo ello, será mejor discutir en privado.