Disciplina positiva, la base para inculcar el respeto - Eres Mamá

Disciplina positiva, la base para inculcar el respeto

En todo momento las madres se preocupan por inculcar el respeto en sus hijos. Ahora bien, a simple vista pueden detectarse varias fallas. Para que el menor respete a padres, pares y terceros es fundamental la disciplina positiva.

Pregúntate cuántas veces le explicaste a tu niño la importancia de guardar respeto por sí mismo. Piensa entonces: si una persona no es capaz de respetarse a sí misma, ¿qué le depara al resto? Del mismo modo, se torna fundamental reflexionar sobre nuestra postura y acciones al respecto.

¿Te respetas a ti misma? ¿Lo haces cuando accedes a aquello que no deseas hacer? Sea por compromiso, creencias, costumbre, conformismo o para apaciguar ánimos sueles decir sí cuando en realidad deberías negarte. ¿Esa no es acaso una forma de faltarte el respeto a ti misma?

Entonces, extrapolando esto mismo a la vida cotidiana del menor: Cuando lo fuerzas a brindar afecto cuando no tiene ganas de hacerlo, ¿no incentivas a esa falta de respeto propia? La disciplina positiva consiste justamente en evaluar nuestra política de crianza y acciones para educar con el ejemplo.

El respeto nace en y para uno mismo

“Porque lo digo yo y punto”, es uno de los tantos latiguillos más comunes entre aquellos padres que dan órdenes, imponen y obligan. De la mano de estos métodos poco productivos, se encuentran las amenazas, castigos físicos y sistemas de premios que los acostumbran a decir que no, a ir en contra de lo que realmente quieren.

Los especialistas en primeras infancias insisten: el menor seguro en sí mismo, con buena autoestima y que sabe lo que quiere, terminará negándose. Podrá prometer, comprometerse e intentarlo, pero tarde o temprano ganará su esencia, y bien lo sabes.

Estos son los niños que decidirá por sí mismo, escogiendo entonces el cómo, el cuándo y la forma mas asumiendo las consecuencias de su elección. Ello, aunque saque canas verdes a muchos padres, es una bendición porque habla de su respeto y amor propios, lo cual hace mecha en sociedad.

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Por supuesto, la disciplina positiva no implica en absoluto la abolición de normas y el cercenamiento de límites. Sin dudas, hablamos de dos elementos tan indiscutidos como indispensables en la crianza de todo pequeño. Siempre y cuando se respeten las decisiones de todas las partes involucradas.

La disciplina positiva, base del respeto

Es innegable, la disciplina positiva tiene múltiples beneficios en el desarrollo de los niños. Aunque te cueste creerlo, una educación tan amable como firme consigue con éxito un incremento considerable en la autoestima infantil.

Al ser padres controladores, conservadores e invasivos, evitamos que los más chicos tomen decisiones básicas y simples por sí mismos. ¿Para qué, si están papá y mamá para aportar la solución al problema por elemental que éste sea?

Seguramente, ante cada error, los progenitores acudirán a repararlo. Lo que está mal hecho supondrá así un castigo para el menor. Eso sí, en el mientras tanto los adultos pagan la cuenta. Asimismo, habrá premios materiales por doquier ante los pequeños logros, y también -por qué no- algo de chantaje.

Ahora pregúntate qué sucederá el día que ellos no puedan asistir al menor. ¿El niño sabrá qué es lo correcto, qué es lo que debe hacer, podrá lidiar con su problema? Ciertamente, tu hijo estará solo y sin saber cómo debe actuar.

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Obvio que, como padres, siempre intentamos hacer lo mejor por nuestros hijos. Sin embargo, pese a dar todo por esos pequeños pedazos de nuestro ser, debemos comprender lo dañino que resulta ejercer un control tan estricto sobre el niño.

Establecieron límites militares porque sus hijos no se portaban como deseaban. De este modo, lograron tener ese hijo obediente que meticulosamente hace todo lo que dicen. Padres muchas veces influenciados por terceros que, como bien sabemos, no siempre son buenos consejeros.

Es entendible: amas a tu hijo con todas tus fuerzas, deseas protegerlo para siempre y buscas su felicidad eterna. Por eso mismo, insistimos, no es el modo. Lo fundamental aquí es, a través de la disciplina positiva, inculcar el respeto. Pero ello se logra una vez que él se respete a sí mismo.

¿Cómo se consigue? Es muy sencillo. Desde muy corta edad, enséñale que su opinión es importante y vale mucho, motívalo a decir no cuando así lo sienta. Demuéstrale que de los errores se aprende y que las caídas sirven para levantarse y tomar impulso. Explícale que nada bueno se puede hacer con el miedo.

No se trata de retirar todas y cada una de las piedras que cruza en su camino, sino de convertirse en su apoyo cuando él trastabille en su trayecto. Muéstrale el camino y acompáñalo pero, fundamentalmente, transmítele cómo debe lidiar con esas piedras.