Las consecuencias de ser una madre intrusiva

09 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
La confianza y la privacidad son dos aspectos esenciales en la relación con el adolescente. Si no los respetamos, podemos tener diversos problemas.

Son muchos los jóvenes que se quejan de que sus padres no respetan su intimidad, de que los controlan continuamente y quieren estar al tanto de todo lo que ocurre en sus vidas. Indudablemente, como su madre y responsable de su bienestar físico y moral, necesitas estar informada de su día a día. Sin embargo, ser una madre intrusiva puede generar más problemas que beneficios.

En realidad, la línea entre ser una madre implicada y una intrusiva no siempre está del todo clara. Hallar un equilibrio entre la negligencia por abandono y la intromisión es una tarea que se vaya aprendiendo a medida que ejercemos la maternidad.

No obstante, hemos de ser capaces de proporcionar a nuestros hijos un espacio acorde a su nivel de madurez y desarrollo, pues, de lo contrario, podemos obtener reacciones desagradables y caer en dinámicas poco saludables.

Madre intrusiva intentando hablar con su hija adolescente.

¿Qué es una madre intrusiva?

Una madre intrusiva es aquella que exige conocer cada pequeño detalle de la vida de su hijo. Pero no lo hace con la intención de estar al tanto y acompañar, sino con el deseo de controlar, dirigir y aplicar las soluciones que ella considere más adecuadas de manera unilateral.

Este tipo de madres pueden presionar para que sus hijos compartan cada vivencia de su día a día, para que expresen incluso las emociones que no desean compartir y para que lo hagan en el momento que ellas indican. Afirman que lo hacen por amor y preocupación, pero en realidad mantienen una actitud controladora y poco empática.

No se esfuerzan en crear un vínculo de confianza con sus hijos y un espacio seguro que les lleve a expresarse libremente. Por el contrario, exigen estar al tanto de todo y manipulan para conseguir que se les revele la información.

Pueden caer también en conductas como revisar los objetos personales de sus hijos, hablar con sus amigos sin su consentimiento o espiar el contenido de su teléfono móvil. El fin justifica cualquier medio, aunque esto implique incomodar al menor, violar su privacidad o traspasar los límites de la confianza.

Consecuencias de ser una madre intrusiva

Quienes llevan a cabo este tipo de comportamientos lo hacen pensando que están generando un bien para sus hijos. Sienten que ese control les evitará cometer errores o que, de este modo, podrán saber cuándo necesitan ayuda y proporcionársela. Sin embargo, los resultados que obtienen suelen ser muy diferentes.

En primer lugar, se le manda el mensaje al menor de que no se confía en él, por eso es necesario controlar, revisar y conocer todo lo que hace. La confianza es un elemento esencial en la relación madre-hijo que debe trabajarse por ambas partes. Si no permites a tu hijo ganarse progresivamente esa confianza, si no le das la oportunidad, tenderá aún más a ocultar todos sus asuntos. Si tú no confías en él, él no confiará en ti.

Por otro lado, la madre intrusiva, con sus conductas, transmite a su hijo la idea de que no lo ve capaz de hacerse cargo de su propia vida. Cuando, por ejemplo, está constantemente encima de él, preguntándole qué tareas escolares tiene y dirigiendo cómo y en qué momento las hace, no confía en que pueda ser responsable. Esto hará que el menor tampoco crea en sus propias capacidades y el desarrollo de su autonomía se vea limitado.

Por último, la presión ejercida puede llevar al menor a pensar que cometer errores no es aceptable. Si su madre constantemente vigila, supervisa y le dice cómo debe hacer las cosas, será porque fallar no es una opción. Esto puede generar actitudes perfeccionistas y excesivamente autoexigentes que serán muy perjudiciales.

Madre intrusiva cotilleando las cosas personales de su hija.

Respeta su espacio

Para evitar que todo lo anterior ocurra, es importante respetar el espacio de tus hijos en un grado acorde a su edad y madurez. Los adolescentes necesitarán una privacidad mayor que los niños y, del mismo modo, no requerirán que los padres estén encima para que cumplan con muchas de sus obligaciones. Es imprescindible confiar en ellos y permitirles tomar sus propias decisiones, equivocarse y corregirse con base en sus errores.

Si deseas que tus hijos cuenten contigo, que compartan sus preocupaciones e inquietudes muéstrate disponible y abierta, pero no intrusiva. Permite que ellos escojan qué compartir y cuándo hacerlo.

Del mismo modo, asígnales responsabilidades y dales un voto de confianza para que las cumplan. Esto fomentará la autonomía, la autoestima y la confianza de tus hijos y, además, ayudará a que vuestro vínculo sea más sólido y sano.