Complejos propios de la adolescencia

Mervis Romero 19 febrero, 2018
La adolescencia conlleva transformaciones corporales drásticas como el aumento de peso, la aparición de acné o los cambios en la voz. ¿Cómo pueden los padres explicarles a sus hijos lo que les pasa para tranquilizarlos? 

Cuando se deja atrás la niñez, aparecen muchos complejos propios de la adolescencia. Esto hace que algunos se sientan como el patito feo: solo y triste.

Sin embargo, estos cambios son normales, ya que el joven empieza a dejar atrás la infancia y, antes de pasar a la edad adulta, se necesita un período de adaptación y maduración.

A nivel físico, los jóvenes experimentan situaciones nuevas que son comunes. No obstante, la inadaptación a esos cambios puede originar inseguridad.

Por eso, los padres deben apoyar a sus hijos ante el ataque de comentarios negativos y burlas de otros jóvenes. Si tus hijos sufren de complejos de pequeños, su autoestima bajará y luego, en la etapa de la adolescencia, el tema se tornará más grave.

 ¿Qué se entiende por complejo?

Los complejos son las percepciones exageradas o distorsionadas que una persona puede llegar a tener de sí misma, producto de compararse con otros o con los modelos impuestos por la sociedad. Estos condicionan la vida de quienes los padecen y les impiden disfrutar sanamente.

¿Cuáles son los complejos propios de la adolescencia?

Entre los complejos propios de la adolescencia, se encuentran:

  • Crecimiento de la nariz o las orejas.
  • Aparición del acné.
  • En el caso de los chicos, algunos se vuelven más musculosos y otros permanecen delgados.
  • A las chicas se les ensanchan las caderas y les crecen los pechos y los muslos.
  • A los chicos les empieza a salir vello en la cara, las axilas y en distintas partes del cuerpo.
  • Unos son muy altos, otros muy bajos.
  • Grasa en el pelo que provoca desencanto con él, sobre todo en las chicas.
La adolescencia es una etapa de profundos cambios en la apariencia.

¿Cómo pueden los jóvenes evitar los complejos?

Para que el joven evite los complejos propios de la adolescencia y no se vea afectado en el sentido emocional hasta el punto de llegar a padecer una depresión, se puede hacer lo siguiente:

  • Cuidar de la higiene personal. Al combatir el cabello graso, el acné o el mal olor en las axilas, se pone fin a los complejos. Lavarse bien y cuidar el aspecto es un modo de aceptar los defectos y las cualidades de cada uno.
  • No mirarse constantemente en el espejo, ya que la mirada se centra en lo que les desagrada y no en los rasgos que les gustan.
  • No compararse constantemente con personas famosas, debido a que ellos siempre están maquillados y algunos hasta se han realizado cirugías estéticas. Es una realidad lejana a los asuntos cotidianos del común de las personas.
  • Esperar a que pase el tiempo, ya que esos cambios físicos son pasajeros.
  • Recordar que la perfección no existe, es solamente un ideal. Deben aprender a descubrir la belleza de las imperfecciones.

“Los padres deben apoyar a sus hijos ante el ataque de comentarios negativos las y burlas de otros jóvenes”

Los complejos propios de la adolescencia causan ansiedad y estrés en ellos.

¿Qué ayuda pueden ofrecer los padres?

Cuando se trata de complejos, la ayuda principal debe provenir de la familia y, más que nada, de los padres. Ellos son los más indicados para ayudar a que esos problemas propios de la adolescencia no se potencien y se conviertan en un padecimiento más serio.

  • Hazles comprender que la estética no es lo principal, sino que hay otros valores o cualidades mucho más importantes que el físico.
  • Ayúdales a que asuman la frustración y a que aprendan a que no todo es como ellos querían que fuera. Esto los convertirá en adultos más seguros.
  • No te enfoques excesivamente en aquellas cosas que tu hijo haga mal; más bien, felicítalo por aquello que haga bien. Así lo ayudarás a sentirse mejor.
  • Si notas que el complejo es demasiado fuerte y el joven no puede superarlo, es recomendable que lo lleves al médico o a un terapeuta.
  • Habla con tu hijo, esta es una buena manera de saber qué cosas le perturban.
  • No divulgues públicamente una mala acción de tu hijo ni lo compares con otras personas.

En conclusión, los complejos propios de la adolescencia son una etapa normal por la que pasan los jóvenes a medida que se convierten en adultos. Por ello, la ayuda de sus progenitores es fundamental, dado que esos complejos pueden hacer que el joven sea inseguro, tímido o hasta sufra de depresión.

De modo que, si notas que tu hijo se siente mal por algún cambio físico, es bueno que dialogues con él. Además, muéstrale cariño y compresión. Si ese complejo se vuelve más grande, llévalo al médico para que lo ayude a superarlo.

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