Cómo calmar la rabieta de los niños según Montessori

Las rabietas son unas de las cosas que nos llevan de cabeza a los padres. Aquí tienes algunas ideas para calmar la rabieta de los niños según Montessori para evitar conflictos por ambas partes.
Cómo calmar la rabieta de los niños según Montessori

Escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López el 07 Marzo, 2020.

Última actualización: 07 Marzo, 2020

Calmar la rabieta de los niños, según Montessori, es posible. Las rabietas, como bien sabemos, son una señal de baja tolerancia a la frustración, y todos los niños en, algunas ocasiones, pasan por ellas. La cuestión es que nosotros, como padres, tenemos que gestionarlas, prevenirlas y afrontarlas.

El tema de las rabietas crea preocupación entre los padres y, con frecuencia, no nos sentimos preparados para ellas. Está claro que no hay soluciones mágicas, pero sí hay formas de manejar mejor la situación y sentirnos, así, más seguros a la hora de afrontarlas.

En este artículo vamos a contar algunas claves para calmar las rabietas de los niños. Esto no quiere decir que sean ni las únicas ni las mejores; son solo otra forma de afrontarlas e intentar ayudarnos en la gestión de estas.

¿Qué es una rabieta?

Antes de empezar a hablar de las claves para una buena gestión de las rabietas, es importante que conozcamos qué son y por qué se producen. Las rabietas se producen cuando un niño se expresa de manera inapropiada y poco asertiva porque no sabe exteriorizar sus emociones de enfado o frustración. Por esta razón, esa emoción que no es capaz de expresar sale a través de una conducta inapropiada.

Claves para calmar la rabieta de los niños según Montessori

Ponerles nombre a las emociones de tu hijo

Etiquetar sus emociones les va a servir para calmarse porque, de este modo, entenderán qué es lo que le está pasando y, así, podrán recuperar el control de la situación. Esto también lo va a ayudar a verbalizar qué es lo que siente y comunicarlo cuando le vuelva a pasar otra situación similar.

No razonar con el niño hasta que esté más calmado

En el momento en el que surge la rabieta, el cerebro entra como en un estado de ‘secuestro’ y, por muchas razones que les demos, no van a entender ni razonar (valga la redundancia) ninguna. Por eso, es mejor esperarnos a que estén relajados para hablar con ellos.

No debemos juzgar sus emociones, una de las claves para calmar la rabieta de lo niños

No tenemos que hacerles pensar que enfadarse, llorar, estar triste o frustrado es malo. Lo que verdaderamente importa es que el niño sepa decirnos cómo se siente sin gritar, llorar o patalear.

Agáchate para hablarle a su altura, mirando a sus ojos

Todos los padres estamos de acuerdo en que tratar una rabieta y no perder, a veces, la calma nosotros también no es algo fácil, pero tampoco es agradable para ellos pasar por esa situación emocional. Por esta razón, mantén la calma cuando aparezca la rabieta, agáchate y habla con él con voz tranquila, para que sepa que, si necesita algo, tú estarás ahí.

Como madre, sabemos que es muy fácil de decir, pero más difícil es poderlo hacer. Todavía más si es un momento en el que llevamos prisa, como al ir al colegio, al médico, etc., y el niño se pone a patalear. Pero, a veces, podemos lograr evitar el disgusto al niño si nos ponemos en su lugar.

Más claves para calmar la rabieta de los niños según Montessori

Tratar las rabietas siempre desde el respeto

Seguramente, en ese momento tú te encuentres enfadada, pero tienes que entender que debes gestionar la rabieta desde el respeto. Puede ser que en ese momento de enfado te cueste entender por qué motivo se ha puesto así pero, cuando se calme, podéis hablar de la razón.

María Montessori decía que: “El adulto es guía, el adulto propicia el aprendizaje y, por encima de todo, el adulto es un modelo que se debe imitar y seguir”.

Lo que no tienes que hacer, en ninguna circunstancia, es gritarle, regañarle o sujetarle. Debes darle su espacio para que suelte esos sentimientos y darle un abrazo, aunque en ese momento se muestre reacio. En esa situación de pérdida de control, lo que más puede ayudarlo a recuperarse es un abrazo de sus ‘papis’ lleno de amor.

Dialoga con él, pregúntale por qué se ha enfadado

Según Maria Montessori, “si dejamos el tiempo necesario para que los niños expresen sus necesidades y se les escucha, podemos aprender mucho de ellos”.

Cuando el niño se haya calmado, es el momento de hablar y razonar con él. “¿Estás cansado?” “¿Te has enfadado porque no te he comprado el juguete?”. Cuando conteste, le dices que entiendes que se sienta mal, pero que eso no le da motivos para ponerse de esa forma.

Está claro que cada niño es un mundo, cada rabieta es distinta, incluso, los papás podemos reaccionar de manera diferente, dependiendo de cómo nos encontremos de ánimo, cansancio, estrés… Pero desde aquí deseamos que puedas calmar la rabieta de los niños según Montessori.

“La buena vida está inspirada por el amor y guiada por el conocimiento”.

-Bertrand Russell-

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En general, las rabietas no son una señal de un problema de conducta, sino que evidencian una necesidad que debemos aprender a atender correctamente.


Licenciada en Psicología por la Universidad de Murcia en 2009 (itinerario mixto en psicología clínica y educación). Máster de Práctica Clínica en Salud Mental por la AEPCCC (Asociación Española de Psicología Cognitivo Conductual) en 2010. Acreditada por la European Foundation of Psychology (EFP). Número de colegiado: COP Murcia MU:02396

Curso de Formador de Formadores, Formador Ocupacional, Psicología Infantil, entre otros por la Universidad Antonio de Nebrija. Experiencia como formadora en Escuela de Padres durante 4 años.

Participación en Symposium Internacional sobre Familia y Psicología de la salud, así como, en el estudio para la Identificación de Alumnos con Altas habilidades en Educación Secundaria, organizado por la Universidad de Murcia.

Psicóloga y directora de gabinete de psicología y educación durante 3 años. Redactora para revista online sobre maternidad, educación, bebés, psicología, etc.

Actualmente, trabaja como psicóloga a domicilio, desplazándose a casa del paciente con trastorno mental o emocional, especialmente en problemas educativos y clínicos infanto-juveniles (apoyo y refuerzo a niños con dificultades de aprendizaje, técnicas de estudio y orientación familiar).