La técnica del semáforo para controlar las emociones en niños

Francisco María García · 19 diciembre, 2017
¿En qué se basa la técnica del semáforo en la educación infantil? A continuación, te explicamos cómo funciona este novedoso método que podría serte de muchísima ayuda para controlar los enfados de tus hijos.

A diario vemos en la calle niños que lloran, patalean y arman escándalos a sus padres por diferentes motivos. Incluso cabe la posibilidad de que nuestro propio hijo tenga conductas asociadas a la impulsividad. Si es así, la técnica del semáforo podría ayudarnos bastante.

Cuando el volcán de emociones se activa, es común ver dos respuestas a defectos en la educación del pequeño: padres que adquieren una actitud aún más irracional o adultos demasiado condescendientes que se dejan manipular por sus hijos. Evidentemente, ninguna de las dos posturas es la acertada.

Pero, ¿que pensarías si existiera un mecanismo para que tu hijo gestionara sus propias rabietas? Precisamente, de eso se trata la técnica del semáforo.

El enfado en niños es muy frecuente.

Rojo, amarillo y verde: cada luz tiene su significado

Este método de autogestión de las emociones consiste en mostrarles a nuestros hijos cómo están sus estados de ánimo de forma gráfica. Cada vez que haya un problema, nosotros les explicaremos a ellos en qué fase están y lo que eso conlleva. Veamos qué significa cada color del semáforo:

Rojo: La rabia está controlándolo y, si el niño no cambia la actitud, se enfrentarán a un castigo ejemplar. De no parar, la penalización deberá ser impuesta y es cuando definitivamente le mostraremos el color rojo.

“¿Que pensarías si existiera un mecanismo para que tu hijo gestionara sus propias rabietas? De eso se trata la técnica del semáforo”

Amarillo: Es tiempo de pensar. El niño este agitado, pero aún no se ha salido de sus casillas. Si se molestó y se ha calmado, lo invitaremos a pensar y dialogar en la situación que enfrentamos. Etapa de alerta, donde aún lo podemos invitar a razonar.

Verde: El niño dialoga, habla y recibe explicaciones sobre lo que plantea. De mantenerse así, mostramos el color verde y lo felicitaremos por su autocontrol. En esta fase, podemos ofrecer una solución a su problema e incluso un refuerzo positivo.

¿Cómo podemos comenzar?

Un buen día, cuando el niño empiece a enfadarse, le mostraremos el régimen de la técnica del semáforo. Podemos decirle que estamos cansados de castigarle y que por eso pondremos en marcha este nuevo procedimiento o acuerdo.

Entonces colocaremos en la pared una cartulina en forma de semáforo. Podemos recortar círculos con los respectivos colores y colocarlos según el estado de ánimo del pequeño. Otra opción es tenerlos pegados y señalarles con el dedo el color correspondiente a su estado.

También es bueno continuar con este método cuando estemos fuera de casa. Dependiendo de cómo se esté comportando el niño, nosotros le indicaremos en que color está el semáforo.

Algunas consideraciones sobre la técnica del semáforo

Podemos utilizar este mecanismo en niños de hasta cinco años de edad. La idea no es solo controlar al niño mediante el castigo, sino orientarlo para que logre gestionar sus cuadros de ira. Él o ella tendrán el tiempo y las advertencias necesarias antes de que todo se salga de control.

El diálogo ayuda a solucionar muchos enfados.

El objetivo es simple: los niños deben aprender a identificar con el tiempo cuál es su nivel de impulsividad. Los colores los ilustrarán y les harán pensar dos veces antes de continuar. De alguna forma, esto es muy parecido a contar hasta diez antes de perder la razón.

Claro que este método implica labores de enseñanza reiterativa por parte de los padres. Incluso en los ratos de ocio podemos organizar un juego en donde el niño identifique los niveles de impulsividad con los colores. La técnica es parecida a lo que hacemos cuando les enseñamos los números o los colores.

“El objetivo de la técnica del semáforo es simple: los niños deben aprender a identificar con el tiempo cuál es su nivel de impulsividad”

Ventajas de esta técnica de autocontrol

  • Las enseñanzas en torno a la inteligencia emocional son mucho más didácticas y prácticas. Sin duda alguna, esto es mucho más ilustrativo que ponernos agresivos o mostrarnos tan molestos como ellos. Cuando el adulto pierde el control, podría estar enviando una señal poco clara a sus hijos.
  • Les damos a los pequeños la oportunidad de tomar conciencia sobre su propio carácter. El proceso de la disputa dejará de ser algo netamente emocional para convertirse en una lección. Además, en la actividad el entenderá que podrá marcar diferencias desde su propia forma de actuar.
  • Las reglas estarán más que claras y el niño internalizará la autogestión de su animosidad. Claro que para que esto funcione, los padres deben dar el ejemplo y tener la paciencia suficiente al explicar. La idea es forjar a un futuro adulto disciplinado y razonable.