Claves para identificar si tu bebé tiene retraso psicomotor

Adrianazul · 18 octubre, 2015

Presta atención a los logros y al desarrollo. Este consejo vale porque la noción de retraso psicomotor implica, como diagnóstico provisional, que los logros del desarrollo de un determinado niño durante sus primeros 3 años de vida  aparecen con una secuencia lenta para su edad o cualitativamente alterada.

La primera pregunta que nos debemos hacer es ¿qué profesional debe realizar el diagnóstico de los problemas del desarrollo? Si sospechas que tu hijo tiene algún retraso psicomotor lo ideal es que lo evalúe un especialista, quien será más objetivo que un familiar.

Cuando se trata de nuestros hijos es probable que seamos poco objetivos y exageremos o minimicemos algunas apreciaciones; no obstante es vital saber cuando el niño durante los tres primeros años de vida no logra desarrollarse ni consigue objetivos como caminar, jugar, o hablar, que podría estar padeciendo de algún trastorno.

En todo caso recuerda que  el pediatra de Atención Primaria (AP) es el profesional más idóneo para hacer el seguimiento del desarrollo infantil. Su papel es crucial por la posibilidad para hacer un diagnóstico precoz.

Las sociedades científicas recomiendan que a todos los niños se les practique periódicamente un examen llamado cribado de retraso de desarrollo, el cual debe hacerse en el contexto de las visitas al pediatra. El examen es crucial para evaluar el desarrollo psicomotor de tu hijo.

Según los apuntes de retraso psicomotor de la Asociación Española de Pediatría, es preciso distinguir el retraso psicomotor global, que afecta no sólo a las adquisiciones motrices sino también al ritmo de aparición de las habilidades para comunicarse, jugar y resolver problemas apropiados a su edad.

En este caso cabe pensar que el retraso psicomotor persistente en esos primeros años puede estar preludiar un futuro diagnóstico de retraso mental.


En otras ocasiones el retraso es sólo evidente en un área específica, como las adquisiciones posturomotrices
(la mayor parte de las veces, acompañándose de anomalías cualitativas del tono muscular), el lenguaje o las habilidades de interacción social.

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Atención a los signos

La impresión clínica de retraso psicomotor suele surgir durante los primeros meses de vida al comprobar la desproporción entre el desarrollo observado y el esperado para la edad.

Ciertos niños con encefalopatía connatal muestran una conducta deficitaria y signos de anomalía neurológica muy precozmente, desde los primeros días de vida, según explica la Asociación Española de Pediatría.

La evidencia de retraso psicomotor comienza en algunos casos  a partir de algún evento patológico que ocasiona un daño cerebral. Hay síndromes epilépticos tempranos (s. de West, epilepsia mioclónica severa de la infancia, etc.) que conllevan retraso psicomotor.

Otras veces las epilepsias en los primeros años son sintomáticas de un daño cerebral preexistente.

Numerosos niños con deficiencia mental ligera “cumplieron” los primeros hitos del desarrollo psicomotor con relativa normalidad. Tan sólo después del segundo año se hacen evidentes un retraso del lenguaje y una relativa pobreza en los esquemas de juego. 

De hecho, son frecuentes las consultas de niños en edad preescolar por retraso del lenguaje, de los aprendizajes o de las habilidades sociales, que llevan a descubrir un retraso psicomotor general al que sigue la confirmación de un retraso mental ligero o moderado.

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Hay algunos aspectos a los que debes estar atento durante los tres primeros años de vida de tu hijo. Aquí hay exponemos parte de las recomendaciones que ofrece la Asociación Española de Pediatría, se trata de tips que le debes recordar a tu médico:

Tras el nacimiento:

  • Es necesario que el médico haga la valoración de eventuales factores de riesgo.
  • Practicar examen neurológico y comportamental.
  • Observación de la motricidad espontánea, el cual se refiere a movimientos generales.
  • Realizar el cribado de hipoacusia (otoemisiones acústicas, audiometría por potenciales evocados auditivos de tronco cerebral), de hipotiroidismo y de metabolopatias más frecuentes.

2-3 meses:

  • Practicar examen neurológico y comportamental.
  • Observación de la motricidad espontánea y/o examen neurológico clásico.
  • Eventualmente, segundo examen de audición, si persiste sospecha de hipoacusia o particulares factores de riesgo.
  • Evaluación del entorno familiar y social.

4-6 meses:

  • Practicar examen neurológico y comportamental con especial atención a  reacciones posturales de cuello y tronco, manipulación, conducta visual e interacciones sociales tempranas.
  • Cribado de foria ocular.
  •  7-10 meses:
  • Practicar examen neurológico y comportamental con especial atención a sedestación estable, manipulación.
  • Capacidades representativas básicas, entre las cuales figura permanencia de objeto, juegos de “aparecer-desaparecer.
  • Balbuceo imitativo y primeras silabas.

12-14 meses:

Practicar examen neurológico y comportamental con especial atención a modalidad de desplazamiento autónomo, aparición de la marcha. Manipulación con pinza pulgar-índice.

Atención conjunta.

Gestos proto-declarativos y primeras palabras.

18-20 meses: 

  • Practicar examen neurológico y comportamental con especial atención a calidad de la marcha independiente, uso de cuchara y vaso.
  • Juego simbólico y ficticio, habilidades intersubjetivas.
  • Evaluación del léxico, atendiendo a  la comprensión y el vocabulario. A esta edad debe expresar más de 50 palabras.

Es útil pedir a los padres que digan durante un minuto una relación de palabras diferentes que ellos han constatado que el niño emite en la actualidad: si multiplicamos por dos la cantidad de palabras recordadas, nos aproximaremos bastante al número real de términos distintos que el niño usa en su expresión.

24-36 meses:

  • Practicar examen neurológico y comportamental con especial atención a calidad de la marcha y del correteo.
  • Conocimiento básico del esquema corporal.
  • Intento de usar un lápiz.
  • Reconocimiento de imágenes.
  • Inicio de sintaxis (sujeto-verbo-objeto, algunos determinantes e inicio de flexiones verbales).
  • Juego ficticio y de engaño.
  • Comportamiento social en casa y en la guardería.