Cómo cambiar el comportamiento de un niño en cuatro pasos

Eva Maria Rodriguez · 14 julio, 2016

El mal comportamiento de los niños parece ser un mal común al que los adultos se terminan acostumbrando, sin saber muy bien qué hacer o, lo que es peor, sin tener bien claro quién es realmente el responsable de ponerle remedio.

De hecho, cada vez es más común encontrar niños respondones, desobedientes, maleducados, gritones o impertinentes junto a adultos que se llevan las manos a la cabeza mostrando un claro gesto de “qué voy a hacer contigo”. Porque ni castigos, ni voces, ni restricciones valen para solucionar esto (de hecho, esta forma de reaccionar solo complica las cosas).

Aprender a portarse bien es posible

El comportamiento de los niños no es cuestión de magia, sino que se trata de una habilidad y, como tal, puede ser aprendida. Para aprender la habilidad de portarse bien hay que aplicar el mismo procedimiento que para cualquier otro tipo de habilidad, que se basa en cuatro pasos:

  • Escoger un comportamiento
  • Definir el problema
  • Planificar un objetivo
  • Crear pasos para trabajar hacia ese objetivo.
padre regañando a su hijo por desordenado

Paso 1 – Escoger un comportamiento

Hay muchas formas en las que se manifiesta el mal comportamiento. Para empezar a modificar el comportamiento de un niño es necesario centrarse en un aspecto concreto o, como mucho, dos. Intentar modificar todas las facetas del mal comportamiento de un niño es una tarea titánica, difícil de controlar y de planificar.

Al centrarnos en uno o dos aspectos del mal comportamiento no nos sentiremos abrumados como padres ni les abrumaremos a ellos. Además, será mucho más sencillo marcar las pautas que deben seguirse y evaluar el progreso, así como comunicar a los demás adultos que estén con el niño las claves de las nuevas formas de conducta y pautas de comportamiento.

Enfrentarse a muchos problemas a la vez hace difícil determinar dónde enfocar la mayor atención para empezar a hacer progresos. Es mejor dar prioridad a las cuestiones que plantean un riesgo para la salud o la seguridad, o aquellas que pueden provocar la aparición de otros problemas o que pueden dificultar la relación con los demás, el aprovechamiento del tiempo, el ritmo escolar o que afecte a la vida familiar con más intensidad.

Paso 2 – Definir el problema

Una vez que se haya decidido dónde enfocar los esfuerzos llega el momento de plantear el tema en cuestión al niño y discutir la forma en que su comportamiento le afecta a él y afecta a los demás. No se trata de hacerle sentir mal por lo que hace, sino de revelarle el impacto que eso tiene en su vida.

Solo si el niño ve que su comportamiento es un problema real que le afecta a él directamente podrá adquirir el compromiso de cambiarlo. Tiene que saber que hacer las cosas de otra manera de beneficiará y cómo lo hará.

Paso 3 – Planificar el objetivo

El siguiente paso es planificar un objetivo, es decir, establecer qué cambios deben suceder  y durante qué período de tiempo.  Es importante tener en cuenta que el objetivo no es un deseo, sino un compromiso. Para ello, los niños deben tener claro qué quieren hacer y definirlo con palabras claras. Por ejemplo, “voy a ser más ordenado” o “voy a ser más amable”.

Además, esta meta específica debe ser medible. Esto implica comprometerse a algo concreto durante un tiempo determinado. En este sentido, hay que definir exactamente qué se podrá observar para valorar si el comportamiento con el que el niño se ha comprometido se está produciendo, qué significan concretamente y cómo se consiguen.

Paso 4 – Definir los pasos que se van a seguir

Lo anterior todavía es demasiado difícil, por eso hay que trazar una ruta. Una vez definido el objetivo y concretado en qué consiste es necesario determinar los pasos específicos que van a darse. Estos pasos tienen que ser realistas. El hecho de que un niño entienda por qué debe portarse bien y asuma el compromiso no significa que la cosa vaya a cambiar de un día para otro.

El niño tiene un hábito que no va a cambiar solo por el hecho de estar convencido de que debe hacerlo, por lo que le saldrá seguir haciéndolo así en cuanto se relaje un poco. Por eso hay que ir poco a poco. Además, el niño debe darse cuenta de los avances y asegurarlos.

niña pintando la pared

 

Un niño que se porta mal no es un “niño malo”

Cuidado con las etiquetas. Un niño que se porte mal no es un niño malo, ni mucho menos es peor que otro que se porte bien. El mal comportamiento de un niño se puede deber a muchos motivos, como una necesidad de atención, una falta de modelos sólidos o influencias negativas de su entorno, por nombrar algunos.

Pero si nos empeñamos en decir que son malos porque se portan mal y en compararlos con otros niños estaremos creando problemas aún mayores en el niño, problemas que estarán relacionados con su autoestima o su capacidad para relacionarse, entre otros.