Cómo ayudar a los más pequeños con grandes emociones

María José 19 junio, 2017

Las emociones es un mundo complicado para muchos niños, es normal, incluso para los adultos lo es también. Los niños más pequeños son capaces de mostrar sus emociones de la forma más intensa, sea cuál sea la emoción que estén sintiendo. Son capaces de reírse a carcajadas, de sentir auténtico orgullo cuando consigue algo, se aplauden a sí mismos y expresan su amor con gran alegría, abrazos y besos.

Además de mostrar sus emociones más positivas de la forma más intensa, también muestran las que son algo más negativas para su corazón. Por ejemplo, se quejan mucho cuando no consiguen lo que quieren, lloran profundamente cuando se hacen daño, tiran o rompen cosas por rabia, se esconden por vergüenza, muestran abiertamente sus celoso o expresan sus miedos ante ruidos o extraños.

Por desgracia, no todos los padres saben cómo validar toda esta gama de sentimientos en los hijos. Como adultos, podemos mirar hacia atrás y darnos cuenta del daño que quizá les hayamos hecho en su desarrollo al no prestar atención a estos sentimientos y emociones tan importantes para ellos. Quizá, esto ocurra porque algunos padres nunca aprendieron a manejar sus propias emociones.

Por todo esto, es necesario que los padres comiencen a ser conscientes del desafío que tienen por delante en cuanto a las emociones de los hijos. Porque cuando hablamos de crianza, no solo hay que centrarse en el desarrollo físico o la salud de los más pequeños. Es muy importante que todos los padres y todas las madres del mundo se den cuenta que el desarrollo emocional es igual de importante en los más pequeños de la casa. 

 

Manejar las emociones en los niños pequeños

Es imprescindible que los padres ayuden a sus hijos pequeños con las emociones más grandes, porque son las más intensas. Es posible que como padre o madre a veces te entren deseos incontrolables de gritar a tus hijos cuando ellos se enfadan… O quizá te rías entre dientes cuando tus hijos lloran como si se acabase el mundo ante un problema que te parece muy pequeño en comparación con el panorama general de la vida.

En ocasiones, los padres no se dan cuenta de que sobreprotegen a sus hijos porque no quieren que sufran ningún tipo de sentimientos o emociones negativas. No les gusta ver a sus hijos tristes, con vergüenza, enfadados… E intentan evitar las situaciones que pueden hacer que aparezcan estos sentimientos. Pero esto es un flaco error, no hay emociones positivas o negativas, todas son emociones e importantes para el aprendizaje y desarrollo de los más pequeños de la casa.

De acuerdo con Leslie L. Greenberg, uno de los fundadores de la terapia centrada en la emoción, alguien que es emocionalmente inteligente sabe cuándo y cómo moverse dentro y fuera de las emociones, y esto es lo que los adultos deben aprender para enseñar a sus hijos. Como padres, esto es lo que se debe tener en cuenta. Es necesario que los niños aprendan a identificar el sentimiento y lo que lo ha causado, escuchar sus emociones, saber qué mensaje es importante y responder de la forma apropiada.

Para que los pequeños puedan entender mejor sus grandes emociones necesitarán que seas su guía ante ello y para conseguirlo, no te pierdas estos consejos de Inteligencia Emocional para los más pequeños. Así a partir de ahora, les podrás mostrar empatía y asertividad ante sus emociones y de esta manera, se sentirán valorados, comprendidos y potenciarán su autoestima:

  • Identificar el sentimiento. Ayuda a tu hijo a describir la situación y las sensaciones que tiene como resultado de lo ocurrido. Empatiza con lo que siente y hazle saber que es normal sentir lo que está sintiendo.
  • Evalúa sus sentimientos. No quieras basar tu respuesta inmediata en la respuesta que está teniendo tu hijo a los sentimientos que le genera la situación. Es necesario que evaluéis juntos la situación y los sentimientos para que pueda entender que los sentimientos que está sintiendo tienen un desencadenante y que su respuesta a ese desencadenante es importante.
  • Ayuda a tu hijo a escoger una respuesta verbal y conductual apropiada. Si tu hijo está triste permite que llore, si está enfadado enséñale a mostrar su ira mediante el uso de palabras, saltando, gritando bajo la almohada… Pero siempre de una forma no destructiva.

 

 

 

 

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