Ante los temores infantiles, comprender sin sobreproteger

02 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Cuando un niño tiene miedo, ¿crees que es preferible restarle importancia o tratar de protegerlo? Analizamos las consecuencias de estas acciones paternas.
 

Los niños están descubriendo el mundo. Para ellos todo es novedoso, sorprendente y desconocido. Por lo mismo, es común que les surjan mil y un temores hasta que lleguen a comprender completamente cada elemento de su entorno. Los adultos, muchas veces, contribuimos, sin saberlo y con nuestra mejor intención, a acrecentar esos miedos. Por ello, ante los temores infantiles, la mejor actitud siempre será comprender sin sobreproteger.

Es importante recordar que muchas veces la crianza es una cuestión de ensayo y error, pues ningún padre nace sabiéndolo todo y ningún niño es igual que otro. A este respecto, deberemos tener paciencia con nuestro pequeño, pero también con nosotros mismos. Finalmente, ambos estamos aprendiendo.

¿Cuáles son los errores más frecuentes ante los temores infantiles?

Cuando somos nuevos en la aventura de la paternidad, es normal que nos encontremos perdidos en muchas situaciones. Incluso si ya tenemos más hijos, es probable que nos enfrentemos a nuevos retos que no se nos presentaron anteriormente. Aun así, hay dos posiciones muy comunes que debemos evitar.

 
Niña con miedo abrazada a la pierna de su padre.

Minimizar los temores infantiles

Esta es una de las actitudes que con mayor frecuencia adoptamos los adultos ante el miedo de los niños. Bien sea por nuestra incapacidad para ponernos en su piel o por nuestra intención de tranquilizarlos, solemos minimizar sus sentimientos. Así, es común que pronunciemos frases como: “no es para tanto”, “por eso no se llora” o “no seas bebé”.

Hemos de intentar comprender que la tormenta que a nosotros nos parece inofensiva puede resultar atemorizante para el pequeño. Que un animal o un insecto pueden parecerle peligrosos en primera instancia. Y que actividades tan cotidianas como dormir a oscuras o lavarse el pelo puede generarle temor por diferentes motivos.

Aunque no logremos entender racionalmente su miedo, este existe y es importante para él. Por eso, el primer paso siempre será validar su emoción y asegurarle que es normal sentir miedo a veces. Si restamos relevancia a su temor, puede sentirse incomprendido, juzgado o ridiculizado.

 

Si nuestra intención es relativizar o tranquilizar al pequeño, esta tampoco es una buena estrategia. Siempre será necesario que se sienta comprendido y validado para, a partir de ahí, poder guiarle en cómo afrontar su miedo.

Proteger en exceso

En el otro extremo están aquellos padres que, al observar el temor en sus hijos, hacen todo lo posible por resguardarlos. Así, si al pequeño le da miedo el aspirador o un perro, cuando el niño llore, lo cogerán, lo alejarán del objeto temido y tratarán de tranquilizarlo con frases como: “yo estoy aquí, yo te protejo”. Del mismo modo, si el infante teme dormir solo, los padres pueden optar por llevarlo a la cama matrimonial para que se sienta seguro.

Todas estas acciones están movidas por el amor y el deseo de evitar el sufrimiento del niño. Y, seguramente, lograrán su cometido a corto plazo y el pequeño se calmará. No obstante, le estaremos impidiendo afrontar retos y desarrollar la confianza en sí mismo. De nada sirve tranquilizarlo diciendo “papá está aquí”, pues, tarde o temprano, mamá y papá no podrán estar a su lado.

 
Niño con miedo a los perros gritando y asustado.

Cuando haya de lanzarse al mundo, cuando comience la escuela y vaya adquiriendo independencia, necesitamos que confíe en sí mismo. Precisamos que haya desarrollado las habilidades para hacer frente a ciertos temores y que se sienta capaz de lograrlo.

Comprender sin sobreproteger

Como en muchas de las situaciones asociadas a la educación de los más pequeños, la clave está en encontrar un equilibrio. Ni un exceso de dureza ni de indulgencia serán positivos. Ni dramatizar ni restar importancia al temor infantil nos acercará a los resultados deseados. Entonces, hemos de tener presentes dos máximas:

  • Trata a tu hijo como te gustaría ser tratado,
  • Recuerda que debes prepararlo para enfrentarse al mundo por sí mismo.

Si recuerdas estos preceptos, te será más fácil decidir cómo actuar en momentos de crisis. Te resultará natural consolar, apoyar y comprender a tu pequeño, porque es lo que tú mismo necesitarías si sintieras miedo. Y, por otro lado, serás capaz de ofrecerle progresiva autonomía.

 

Así, podrás acercarle a la aspiradora tomándole de la mano para que él mismo compruebe que es inofensiva. Y permanecerás a su lado mientras logra conciliar el sueño en su propia habitación. Ante todo, recuerda que no hay fórmulas mágicas y que, muchas veces, el instinto sabe indicarnos el camino.

 
  • García, C. Las emociones en los niños.
  • Pacheco Ortiz, F. N. (2013). La sobreprotección infantil y su incidencia en el desarrollo emocional de los niños de 3 a 4 años de edad de educación inicial del centro de desarrollo infantil “mi casita de campo” del canton ambato provincia de tungurahua (Bachelor's thesis).