6 Cosas que no debes prohibir a tu pequeño

Pedro · 27 enero, 2017

La educación de los niños es una de las cosas más importantes para los padres. Cuando educamos, establecemos una serie de normas y limites para mejorar la conducta de nuestros hijos y que aprendan a comportarse. Al establecer estos, estamos consintiendo algunas actitudes. No obstante, a veces hay que prohibir, pero ¿qué hay que prohibir y qué no?

La forma en la que los padres responden a las diferentes conductas de sus hijos es lo que hará que sepan comportarse y moverse por el mundo.

Hay que tener claro que prohibir todo es un error. Hay ocasiones en las que es necesario que intervengan los padres para frenar conductas, ya que suponen un peligro para el niño o para su entorno. Pero a veces se prohíben actuaciones de los niños solamente por el propio miedo de los adultos o para que se estén quietos y no molesten. Si hacemos esto, el problema está en nosotros.

Hay que dejarles libertad para que experimenten y se desarrollen. Un niño sin estímulos y sin experimentar no podrá desarrollarse correctamente; está en su naturaleza indagar e investigar porque esto les ayuda a aprender del mundo que les rodea.

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Por eso lo importante es prohibir aquellas cosas que puedan suponer un peligro, pero no aquellas por las que por nuestra comodidad no queramos que hagan.

Quizás os estéis preguntando, ¿qué cosas no debo prohibir a mi pequeño? Pues vamos a ver a continuación alguna de ellas.

Qué cosas no debemos prohibir a nuestro niño

Dibujar o pintar solo

A veces, por el hecho de que pueden ensuciarse, pintar en la pared, comerse los colores, etc., los padres prohíben pintar a los niños. Esto es un error; pintar o dibujar desarrolla la creatividad e imaginación de nuestro hijo, así como da salida a sus emociones. Cómprale pintura que sea fácil de limpiar y lavar, colores no tóxicos y dale la oportunidad de que sea libre pintando.

Saltar, correr y chillar en casa

Para un niño correr, saltar y chillar es un juego con el que libera sus emociones y le ayuda a relajarse, expulsar la energía, etc.

Aunque sí que hay que explicarle que esas mismas cosas en otros sitios como un hospital, la calle o el supermercado, no se deben hacer. En esos lugares hay personas a las que podemos molestar con los gritos y saltos.

Ver dibujos

Si los dibujos son educativos y siempre en su justa medida, con unos horarios establecidos para verlos es bueno que lo hagan. Los padres podemos acompañarlos y verlos juntos.

Comer con las manos

Esto forma parte del aprendizaje natural de los niños pequeños y ellos usan las manos para comer. Necesitan conocer las texturas de los alimentos, relacionarse con ellos, descubrir sabores, etc.

Por eso debes permitir que coman con las manos. Si te preocupa que se ensucien, cómprale un babero impermeable con mangas; esto hará que se manche menos.

Cuando ya sean capaces de utilizar la cuchara, déjalos que coman solos, aunque para los padres sea más rápido y cómodo darles nosotros mismos.

Ayudarte en casa

Muchos papas no dejan que ayuden los niños diciendo “lo vas a tirar”, “se te va a caer al suelo”…Luego, cuando el niño es grande, se suelen quejar porque no hacen nada. Pues para evitar esto, es bueno dejar que el niño colabore en las labores del hogar. Ésto hará que se sienta útil.

Hay que dejarlo que nos ayude, siempre que sean cosas que ellos puedan hacer: llevar la ropa sucia a la lavadora, poner la mesa, regar las plantas, recoger sus juguetes… En cuanto te ayude refuérzalo diciéndole que sin su colaboración no lo hubieras terminado a tiempo.

Trepar y jugar en el parque

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Si los niños trepan y se suben al tobogán más alto, no se lo prohíbas. No le quites el ojo de encima, pero déjalo que suba y baje para aprender a hacerlo. Si es necesario, ayúdalo para que aprenda cómo hacerlo.

Ya sabes algunas de las cosas que no debes prohibir a tu pequeño. Recuerda que si le decimos que NO a todo, lo que estamos haciendo es limitar su desarrollo y la formación de su personalidad.

Eso no quiere decir que le digamos que si a todo y que seamos permisivos, sino que sepamos diferenciar qué cosas no debe hacer porque sean un peligro para ellos y qué cosas prohibimos por nuestra comodidad. Hay que dejarles cierta autonomía, puesto que esto los ayuda a ser felices.