4 principios esenciales para educar a los niños

13 julio, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Ana Couñago
Proporcionar una buena educación es una tarea complicada. A continuación te explicamos cuatro principios esenciales que debes poner en práctica para educar correctamente a tus hijos.

Todo padre quiere dar una buena educación a sus hijos. Por esta razón, hemos elaborado el siguiente artículo que describe algunos principios esenciales para educar a los niños.

La educación familiar es la base del desarrollo del niño. Desde los primeros años, hay que encargarse de enseñar una serie de valores y conductas para que el pequeño pueda vivir en sociedad y crecer como persona.

Principios esenciales para educar a los niños

Ser madre o padre es una tarea compleja que requiere un gran esfuerzo. Pero también es muy reconfortante ver cómo los hijos crecen felices y sanos, tanto psicológica como físicamente. Para ello, es necesario asumir algunos principios esenciales con el fin de educar correctamente a los niños.

Así, hay determinados aspectos pedagógicos que se deben asumir para asegurarse de proporcionar una buena educación. A continuación te explicamos cuatro de ellos.

«No hay escuela igual que un hogar decente y no hay maestro igual a un padre virtuoso».

– Mahatma Gandhi –

4 principios esenciales para educar a los niños

Disciplina positiva

Es importante que desde casa se establezcan una serie de límites y normas que los hijos deben cumplir, puesto que, de lo contrario, los niños pueden tener problemas para adaptarse a la sociedad y para convivir con otras personas de una forma adecuada.4 principios esenciales para educar a los niños.

Por tanto, uno de los principios esenciales para educar a los niños es la aplicación de una disciplina positiva. Esto consiste en adoptar una conducta de enseñanza que reúna las siguientes características:

  • Ser no violenta.
  • Estar enfocada a la obtención de soluciones.
  • Estar centrada en el respeto mutuo.
  • Ser coherente y estar adaptada a cada etapa del desarrollo infantil.

Evidentemente, la educación no consiste únicamente en proporcionar disciplina, sino que se debe mantener un equilibro entre el dar y el exigir. Es decir, se trata de asumir un rol de madre o padre que se sitúe en un término medio entre la permisividad y el autoritarismo.

«La disciplina es más fuerte que los números; la disciplina, la cooperación perfecta, es una cualidad de la civilización».

– John Stuart Mill –

Cariño incondicional

El amor es la base para el desarrollo de una vínculo afectivo sano entre los progenitores y los hijos. Por tanto, se puede decir que dar cariño incondicional es el principio más importante para educar correctamente a los niños. Además, es fundamental para que los pequeños crezcan con:

  • Confianza.
  • Seguridad.
  • Autoestima.
  • Capacidad para querer y cuidar.

Así, las madres y los padres deben encargarse de ofrecer con frecuencia afecto, apoyo y comprensión. Asimismo es necesario que pongan en práctica unos patrones familiares de comunicación que fomenten la escucha activa y el respeto.

«El amor incondicional corresponde a uno de los anhelos más profundos, no solo del niño, sino de todo ser humano».

– Erich Fromm – 

Refuerzo de las buenas conductas

La utilización del refuerzo positivo es otro de los principios esenciales para una buena educación. A veces, los padres se centran en castigar a los hijos por sus malos comportamientos, pero es mucho más beneficioso y eficaz reforzar las buenas conductas.

De modo que, si un niño se porta bien, es recomendable premiar dicho comportamiento mediante muestras de afecto, como abrazos, besos, elogios, sonrisas, etc., puesto que, así, el niño entiende que lo que ha hecho está bien, y es probable que repita esa conducta más adelante e incluso en otros contextos.

«¿Qué es el amor sino otro nombre para el refuerzo positivo? O viceversa».

– B. F. Skinner –

4 principios esenciales para educar a los niños.

Autonomía personal

La autonomía personal es la capacidad para resolver problemas o retos, utilizando las propias competencias. Esta habilidad es clave para la educación de los más pequeños, ya que un niño autónomo es aquel que es capaz de tomar sus propias decisiones. Pero no hay que confundirlo con permitir la libertad total de las acciones.

Así, la autonomía y la independencia se van adquiriendo de manera gradual, de forma que los progenitores deben servir de guía y apoyo en este proceso. De hecho, la existencia de unas figuras maternales o paternales, que muestren confianza y tengan expectativas positivas en las capacidades y en las posibilidades del niño, son esenciales para lograr el objetivo de la autonomía personal.

En este sentido, los educadores tienen que encargarse de proporcionar situaciones en las que el el niño deba tomar decisiones y asumir responsabilidades, en función de su desarrollo evolutivo.

«Los mejores regalos que puedes dar a tus hijos son las raíces de la responsabilidad y las alas de la independencia».

– Denis Waitley –

  • Escuela Andaluza de Salud Pública. (2014). El arte de educar. Programa de Salud Infantil y Adolescente de Andalucía.
  • Kamii, C. K. (2000). La autonomía como finalidad de la Educación: implicaciones de la Teoría de Piaget. Círculo de Chicago.