El mejor viaje de mi vida es el que he hecho junto a ti

Macarena · 27 abril, 2017

Desempolvé recuerdos, de aquellos que acarician el alma y abrazan corazones. Mirando viejas fotos familiares -y otras no tanto- descubrí algo tan curioso como sorprendente. Observando fotos de bellas vacaciones y paisajes de ensueño confirmé mi teoría: el mejor viaje de mi vida es el que he hecho junto a ti.

Puede que no haya una fotografía puntual capaz de presumir y remitir a un solo recuerdo sino que en la memoria dejas grabados infinidad de momentos mágicos. Son las anécdotas más preciosas que una persona puede atesorar en su mente y en lo más profundo de su ser.

Este viaje hecho felizmente junto a ti fue sin duda la mejor elección. Puede que no implique la aventura de un viaje en avión, pero sí la osadía de dar vida. Puede que no acarree la impaciencia por la llegada del día, pero si la ansiedad por hacer lo mejor posible por tu bien.

Seguramente no sean locas aventuras de culturas extrañas, diferentes a las nuestras, las que deba narrar asombrada. Sin embargo, guardo millones de sonrisas, charlas y gestos para apreciar la fugacidad del tiempo. Para ser feliz con este camino de ida. Porque, ciertamente, el mejor viaje de mi vida no podría ser otro que el realizado junto a ti.

Mi viaje de ida, junto a ti

¿Quién dijo que todos los viajes son de ida y vuelta? Yo logré conocer uno, con final más que feliz, que no tiene retorno. Un camino tan atractivo que se hace imposible dar un paso atrás. Es que sin duda la maternidad es un verdadero viaje de ida.

Pues es un placer transitar cada día de mi vida junto a ti. Estar a tu lado es una bendición caída del cielo. Esta madre, orgullosa, se siente dichosa, agradecida y sobre todo, sumamente gratificada. Pues no es para menos poder comprender el significado de aquello que llaman “el milagro de la vida”.

Sentir vida agitándose en su interior. Materializar tamaño dolor en el más profundo y sentido amor. Acaso el más perfecto, sin condiciones ni límites posibles. Infinito, eterno, inmortal. Morir de amor con un primer encuentro, a ciegas, que no tiene margen de error alguno.

Sentir la inmensidad del paisaje de tus rojizas mejillas. Entender el poder de la más imponente y movilizadora sonrisa. Comprender la inevitable atracción de la más tierna y dulce de las miradas. Volverse adicto de un particular aroma, el famoso “olor a vida”.

Definitivamente, la naturaleza es sabia. Mirándote, embelesada, no podría afirmar jamás otra cosa. No habrá entonces mayor regalo que la humanidad pueda conferirme. No existe mayor satisfacción que la que otorga este gratificante viaje de ida, junto a ti.

Mi sol, mucho más lindo que un amanecer de ensueño. La estrella que ilumina ese camino que escogí para mi vida. Y qué importa si hay días grises, pues teniéndote a mi lado, cualquier jornada es capaz de tomar color. Teñiste mi vida de felicidad, esperanza y alegría.

Junto a ti se reaviva mi ilusión

El mejor viaje de mi vida es el que hecho junto a ti. Eres el camino necesario con destino a la esperanza. Un glorioso recorrido que reaviva mi ilusión. Eres el más colorido y memorable de los paisajes. Y qué importa cuán complicado pueda llegar a ser el trayecto. Si el destino final inexorable te encuentra a ti como protagonista.

Eres la mejor atracción a la que haya asistido junto a tu padre. Y qué más da si este viaje ha sido o no previamente planificado. Lo cierto es que fue igual o más esperado que cualquiera de los otros proyectos de vida. El más deseado y, desde luego, el más amado.

Mi eterno bebé, no hubo mejor camino por tomar que el haberte elegido. Y lo seguiría haciendo una y mil veces de ser necesario. Cambiaste mi vida, la dotaste de una belleza única y especial. Puliste mis días, eliminando siempre tristezas para insertar en el vacío solo alegría y dicha. ¡Gracias, amor, por ser ese viaje soñado e ideal!

Imágenes cortesía de Mónica Carretero