Hijo, cuando sonríes borras la tristeza e iluminas mi esperanza

Hijo, no te haces una mínima idea de lo que sucede cuando sonríes. Pues cada vez que muestras tu mueca, el mundo entero se contagia y ríe contigo. No imaginas lo que genera ese gesto tan noble y grato, alimento de mi alma desde que naciste.

Cuando sonríes muestras la mejor carta de presentación de tu forma de ser posible. Es allí donde comienzas a borrar de la historia de mi vida cada una de mis más arraigadas tristezas. Así es como el dolor y el sufrimiento parecen exquisitamente anestesiados, obnubilados ante ese brillo que irradias.

Aunque te cueste creerlo y aceptarlo, mi cielo, cuando sonríes iluminas mi esperanza. Te conviertes en mi estrella y mi razón. Llenas mi alma de felicidad, reconfortas mi corazón y nutres mi ilusión. Tu sonrisa se convirtió sin duda en mi salvación.

Todo lo que me pasa cuando sonríes

Cuando sonríes siento que el cansancio muere para dar vida a la energía. No hay nada más gratificante que ver esa mueca, el mejor atractivo de un ser humano, coronando tu rostro. Al apreciar cualquiera de las sonrisas de tu colección veo una fiesta.

El gris se vuelve color, la noche se hace día si muestras de esa manera tan simple tu felicidad. El orgullo comienza a dominarme, la satisfacción de estar haciéndolo bien queda a cargo de mi cuerpo. Entiendo el valor de la paz y, especialmente, redefino a cada instante la felicidad.

Cuando sonríes siento la importancia de la realización personal, mientras creo explotar de amor. Me enamoro aún más de tu esencia y abrazo tu alegría. Tu sonrisa es esa preciada pieza única capaz de decorar un día e inspirar un poema.

Cada vez que ríes el mundo entero se detiene para quedarse mirando, apreciando ese milagro de belleza. La expresión de tus ojos es capaz de dar calor a la humanidad toda. La picardía se desliza por los frunces de tu pequeña nariz de poroto.

Cuando sonríes siento que eres capaz de reconstruír todo aquello que creíamos destruído. Ese sencillo gesto es capaz de dar vida a lo que hace instantes yacía muerto. Es allí donde efectivamente entiendes que, más allá de todo, la vida es excesivamente bella y perfectamente imperfecta.

Cuando sonríes, curas

Cada vez que te veo esbozar una espontánea y natural sonrisa me siento sanar. Curas los dolores, eliminas mis sufrimientos y evitas todo malestar. Extirpas cualquier tristeza y alejas de mi mente toda duda. Despejas mis ideas, te conviertes en el más bonito centro de atención de mi mente.

Cuando sonríes eres capaz de iluminar nuestro camino a seguir. Riegas de luz cada momento y anécdota que se relacione contigo. Siembras felicidad y cosechas más alegría. No haces más que invertir en la bolsa del amor, ganando con creces todo mi afecto y cariño incondicional y eternos.

Cada vez que muestras esa curva tan bonita en tu angelical cara, despiertas la ilusión y das vida a una esperanza. Tientas al futuro, acercas los sueños. Alimentas mi alma con una fuerza y valentía incalculables. Llenas mi espíritu y elevas mi alma, colmas mi corazón e iluminas mi vida.

Cuando sonríes no puedo hacer otra cosa que creer y confiar. En ti, en mí, en la vida. En el milagro de haber podido conocerte y de tenerte como hijo. De haberte recibido en mis días para aprender junto a ti, a tu lado siempre. Cuando sonríes entiendo que Dios me envió un ángel para curar mis heridas.

Cada vez que veo tu sonrisa, mi pequeñito amor, entiendo que tengo en mis manos una nueva oportunidad. Quizás acaso la mas bella y valiosa de todas. Crecer, madurar, aprender y salir adelante junto a esa bonita mueca son tus legados que prometo no desaprovechar.

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