Lo que sentí cuando mi bebé usó el inodoro por primera vez - Eres Mamá

Lo que sentí cuando mi bebé usó el inodoro por primera vez

El camino que ha recorrido nuestra familia para que el bebé use el inodoro no ha sido precisamente en línea recta. Este aprendizaje ha encontrado sus recovecos, sus tropezones, sus avances y también algunos retrocesos que el bebé fue superando poco a poco. ¿Qué sentí cuando mi bebé usó el inodoro por primeva vez? Pues no mentiré: Estaba tan emocionada que casi me hago pipí yo también.

Cuando mi bebé cumplió los dos años de edad ya avisaba cuando tenía ganas de ir al baño e incluso, controlaba por algunos minutos las ganas de hacer pipí o popó. Su papá y yo le compramos un orinal en forma de perrito rojo y la usaba de lo mejor. Es más, algunas veces se sentaba solito en su perrito y solo nos llamaba para que lo ayudáramos a limpiarse.

El bebé dejó los pañales de a poco. Al principio le dejábamos el pañal a ratos. Dejábamos que estuviera en casa sin pañal y cuando ocurría algún accidente no lo regañábamos solo le recordábamos que cuando sintiera necesidad de hacer pipí o popó usara el perrito. En ese momento le dejábamos usar pañales durante las noches, pero con el tiempo nos aventuramos a quitárselo. Le decíamos que esa noche iba a dormir sin pañal. Lo alentábamos a ir al baño antes de irse a la cama y también le decíamos que estábamos cerca de él para asistir cualquier necesidad que tuviera, que solo debía llamarnos.

Cuando vimos que el pequeño Juan usaba su bacinica sin muchos problemas, nos atrevimos a quitarle el pañal durante el día y por lo general no se hacía pipí ni popó encima y avisaba oportunamente cuando tenía ganas de hacerlo. Ese fue un logro que celebramos constantemente. Se lo contábamos a todas las personas que iban a la casa y muy a menudo le decíamos que se estaba convirtiendo en un niño grande, porque estaba aprendiendo a dejar los pañales.

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Del orinal al inodoro…

Ya Juan tenía seis meses usando su perrito rojo y eran inusuales los “accidentes” que su papá y yo nos encontrábamos en su ropa interior, solo mojaba un poco los interiores cuando se entretenía jugando con sus primitos.

Recuerdo que cuando empecé a ver esa danza en él, esa danza que aunque es extraña es conocida por todos los padres y delata casi infaliblemente a los niños cuando tienen ganas de hacer pipí. Cuando lo veía en esa danza le preguntaba si quería ir al baño y me contestaba que sí  y, efectivamente íbamos y hacía pipí.

Esa danza es tan delatora como la mirada perdida y nerviosa que ponen los niños entre los dos años y los dos años y medio cuando tienen ganas de hacer popó.Y cuando tu papá y yo empezábamos a ver esa carita, enseguida te preguntábamos si querías ir al baño y Juan siempre decía que sí y era verdad.

Salvo las veces que el juego con sus primos estaba tan animado que no quería perderse ni un segundo. Entonces yo entendí que a veces me contestaba que no, porque no quería era interrumpir su emocionante juego. Cuando sucedía eso, entonces lo cogía entre mis brazos y lo convencía de usar su perrito.

Usualmente le decía que ir al baño es una tarea rápida y que sus primos aún no se iban a marchar de la casa, por lo que podía usar su perrito rojo y luego seguir jugando felizmente. Normalmente con eso bastaba para convencerlo. Esa era mi “estrategia eficaz”, aunque desde luego no me descuidaba.

Siempre trato de estar pendiente de lo que mi hijo está haciendo y, aunque le doy mucha libertad con la intención de que encuentre sus propias soluciones ante las situaciones que enfrenta, también estoy allí para ayudarlo en lo que necesita y siempre se lo hago saber.

Así que cuando vimos que Juan dominaba el asunto del orinal bastante bien y hasta lo buscaba él solo, tal como lo hace un niño grande, nos aventuramos al siguiente paso: usar el inodoro.

Niño usando el inodoro

“El mundo del inodoro”

El papá de Juan y yo introdujimos al niño “al mundo del inodoro” quizás muy inocentemente. Le dijimos de nuevo que estaba creciendo mucho y que aprendía muy rápido, que hacía todo tan bien que pensábamos que era hora de hacer más cosas “de niños grandes”, como, por ejemplo, usar el inodoro.

Los tres entramos al cuarto de baño y mientras Juan estaba atento, le explicamos cómo debía usar el inodoro. Solo le dijimos que debía levantar la tapa, sentarse en él, y que, al final cuando hubiese terminado de hacer sus necesidades, debía bajar la palanca. Le mostramos cómo hacer lo de la palanca y listo.

Le dimos un besito, lo abrazamos y le reiteramos que era un niño sorprendentemente grande e inteligente, por lo que confiábamos en que no tendría mayores problemas usando el inodoro. Yo estaba tan emocionada con la idea de dejar cambiar pañales y de lavar ropa que no noté aspectos como que a Juan en realidad le daba algo de nervios todo esto del inodoro. 

Y aunque ignorábamos los miedos y fantasías de nuestro hijo respecto al inodoro nos dimos cuenta pronto de que retrocedió y que de nuevo empezó a hacerse encima. Por suerte, siempre fuimos compresivos así que de nuevo sacamos al perrito rojo y empezamos el proceso de nuevo.

Cada ida al perrito, iba acompañada de cariño, nuevas explicaciones y la pregunta de si quería usar el baño “de grandes” o no. Y así poco a poco hicimos la transición. Le compramos un asiento para que se sintiera cómodo sobre la tapa del inodoro y empezó de nuevo el juego en el que Juan se convirtió de a poco en un niño grande.

¿Que cómo logré que mi hijo aprendiera a usar el inodoro? Pues a fuerza de mucha paciencia. Mi esposo y yo comprendimos en el proceso que es justo y necesario respetar los tiempos del niño, que no debíamos forzarlo y que los niños acaban tarde o temprano por dejar los pañales.