Estudio hace posible diagnosticar espina bífida en el feto

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Ramos el 20 mayo, 2019
Amanda Sánchez Peralta · 20 mayo, 2019
Por mucho tiempo, el diagnóstico no se realizaba sino hasta después del nacimiento. Hoy en día, es diferente.

La columna vertebral del feto comienza a cerrarse durante el primer mes de gestación. Si esto no sucede, el bebé puede nacer con espina bífida, un defecto congénito que causa mucha preocupación. Sin embargo, gracias a los avances en medicina, hoy en día es posible diagnosticar posibles alteraciones en el tubo neural del feto en las primeras semanas e incluso existen evidencias de que ya han podido ser operados dentro del útero.

Esta enfermedad puede causar muchos inconvenientes a los pacientes, pues estos nacen con distintas discapacidades motoras. En general, estas personas pueden desarrollar su coeficiente intelectual con normalidad, pero los daños por el trastorno pueden abarcar síntomas diversos.

La principal preocupación por el desarrollo de espina bífida es que si no se diagnostica durante el embarazo, el bebé puede nacer con daños en el cerebro, la médula espinal o la columna vertebral. En tal sentido, los síntomas pueden ser muy variados; quizá existan problemas de aprendizaje, dificultad para movilizarse, hidrocefalia o enfermedades intestinales y urinarias.

Pruebas especiales para detectar la espina bífida en el feto

Durante el primer mes de embarazo, la gestante se realiza varias pruebas para determinar que todo marche bien. Hasta ahora, las ecografías han sido las pruebas más habituales y destacadas.

Recientemente un estudio dirigido por Consumer Health de Merck anticipó que existen ciertos patrones ecográficos que ayudan a determinar la espina bífida en el bebé mucho antes de lo que se había logrado.

En tal sentido, el estudio no consiste en la aplicación de técnicas súper avanzadas, sino más bien en la realización de un seguimiento diferente. En otras palabras, las mismas ecografías del primer mes, pueden revelar el problema una vez que se identifiquen los marcadores correctos; de acuerdo con este avance, también se pueden detectar otros problemas físicos.

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La investigación es pionera en la medición de marcadores ecográficos. Sobre todo en aquellos enfocados en el encéfalo y otros rasgos físicos del feto. Los resultados del estudio a más de 15 mil embarazos, revelaron que entre las 10 y 12 semanas podría obtenerse evidencia de que el feto viene con espina bífida abierta. En la actualidad, solo es posible a partir de la semana 17 o 23.

Los investigadores explican que el desarrollo de este padecimiento puede traer graves consecuencias emocionales para la familia, ya que podría afectar la salud del niño durante toda su vida. Es por ello, que un diagnóstico temprano no solo ofrece la oportunidad de informar sobre la salud del feto, sino que además hace factible una posible intervención.

De acuerdo con los datos del estudio, en la Clínica Charité de Berlín, hubo una eficiencia del 100 % en el diagnóstico de la espina bífida durante las primeras semanas de gestación. La prueba como tal brinda apoyo a la futura madre en cuanto a la prevención y tratamiento.

¿Se puede prevenir?

Se desconocen las causas precisas del desarrollo de este defecto, pero se cree que probablemente tenga algo que ver con un problema genético. No obstante, cualquier embarazo debe ser monitoreado porque todos los fetos tienen el riesgo de padecer este problema. Es muy importante que se tenga especial cuidado durante el primer mes de desarrollo, razón por la cual se han diseñado pruebas para su oportuna detección.

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Los especialistas han podido determinar que el consumo de ácido fólico o vitamina B y otros suplementos vitamínicos durante el embarazo, pueden contribuir a que se reduzca el riesgo de que el feto desarrolle espina bífida hasta en un 70 % Es por tal razón que las mujeres embarazadas deben tomar a diario su respectiva dosis de vitamina B, esta se halla relacionada con la formación de células, lo que contribuye a la prevención de defectos congénitos.

La vitamina B, también conocida como ácido fólico, puede encontrarse en la mayoría de los suplementos vitamínicos que se indican a las embarazadas, en especial por su relación con la prevención de enfermedades en el cerebro y columna vertebral. También puede encontrarse en algunas frutas, cereales, productos a base de granos, vegetales de hojas verdes y algunos frutos secos.

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