Educar para la incertidumbre

Hablaremos en este artículo acerca de cuáles son los conocimiento y las habilidades que los niños y jóvenes deberían aprender para preparase para un futuro relativamente incierto y muy complejo.

Escrito y verificado por la pedagoga María Matilde el 05 Junio, 2020.

Última actualización: 05 Junio, 2020

Vivimos en una época cuyo rasgo distintivo es el cambio constante. Todo pasa, se transforma, es pasajero y efímero, con lo cual, no existen certezas. Si bien desconocemos lo que el futuro nos depara, no por ello debemos dejar de preocuparnos y de intentar hacer del presente un mundo mejor. Así, se hace necesario educar para la incertidumbre, educar a los jóvenes para enfrentar el futuro con motivación y con sentido de la responsabilidad.

¿Qué significa la incertidumbre?

La incertidumbre es la falta de certeza o de confianza sobre algo; hace alusión a lo indeterminado, a la ausencia de principios y verdades únicas. Con lo cual, cuando no tenemos evidencias o conocimientos fiables sobre algo, hablamos de incertidumbre. Cuando nos sentimos inquietos, dudosos, nerviosos o indecisos, hablamos de incertidumbre.

Así pues, la incertidumbre se vincula a todos los ámbitos de la vida, porque influye en las motivaciones y en las expectativas humanas vinculadas con el día a día. Porque las personas necesitamos tener determinadas certezas, conocimiento e información para tomar decisiones y actuar.

En ocasiones, cuando la incertidumbre nos invade y nos paraliza e inmoviliza, es necesario emplear estrategias para reducirla y controlarla.

¿Por qué educar para la incertidumbre?

Precisamente por lo que hemos dicho en un principio, una educación que considere el factor incertidumbre como un elemento formativo es crucial en nuestra época, ya que un mundo que no para quieto y se transforma continuamente evidencia un futuro impredecible e incierto, ambiguo y complejo.

Con lo cual, ni la escuela ni sus educadores tienen certezas absolutas sobre cuáles serán los conocimientos y las habilidades necesarias para que los jóvenes puedan desenvolverse en un futuro.

Queda claro que niños y jóvenes en la escuela deberán aprender conocimientos específicos y técnicas, pero deberán aprender también a resignificar, adaptar, e incluso modificar esos conocimientos, y hacerlo sobre la consideración de los cambios y las transformaciones constantes que experimenta nuestra realidad social.

Así, educar para la incertidumbre, o en la incertidumbre, supone proporcionar herramientas  adecuadas a las nuevas generaciones. Es decir, dotar a los niños y adolescentes de valores y de actitudes para que puedan enfrentar positivamente la época que les ha tocado vivir. Y para que sean capaces de hacer de la incertidumbre un motivo para hacer un mejor presente.

“Conocer y pensar no es llegar a una verdad absolutamente cierta, sino que es dialogar con la incertidumbre”.
~ <em data-reactroot="">-Edgar Morín-</em> ~

¿Cómo debería ser una educación y una pedagogía para la incertidumbre?

Probablemente, la única certeza de la que podemos hablar es que vivimos en un mundo globalizado, intermediado por la tecnología y dominado por la economía. Formamos parte de una sociedad global que, a su vez, está constituida por el enfrentamiento y la convivencia entre diversas identidades culturales. Y somos, más o menos, conscientes de las múltiples desigualdades sociales, económicas y políticas que sí existen en nuestra realidad.

Ahora bien, en este escenario de probables certezas, el futuro no lo es tanto, y es en el que tiene sentido una educación basada en la consideración de factores asociados a la incertidumbre como elemento constitutivo de nuestra realidad. Es decir, una educación orientada a capacitar personas para pensar y actuar sobre la base de factores como la inestabilidad o el desconcierto, o la discontinuidad y la indeterminación en todos los ámbitos sociales.

Una educación más humanista y una pedagogía colaborativa, claves para educar para la incertidumbre

En un escenario social como el descrito con anterioridad, se requiere una educación más humanista, una educación conectada con la vida y fundamentada en valores éticos y morales.

A su vez, una educación más humanista requiere una pedagogía que plantee situaciones de enseñanza-aprendizaje que resignifiquen los contenidos académicos, en función de problemáticas de la vida real. Una pedagogía capaz de desarrollar en los alumnos un pensamiento crítico, que relativice los conocimientos a la luz de realidades diversas y, en muchas ocasiones, injustas e inequitativas.

Para lo cual, este tipo de pedagogía debe apoyarse metodológicamente en una promoción del trabajo en equipo y en una interdisciplinariedad. Así, los conocimientos teóricos de las distintas disciplinas y asignaturas podrán, de forma conjugada, servir a los estudiantes de herramientas para comprender y analizar la realidad.

Y todo ello siempre sobre la base del dialogo, el debate, y el trabajo colaborativo. De esta manera, las nuevas generaciones tendrán la posibilidad de pensar en cómo mejorar el presente y el futuro que, si bien es incierto, es también desafiante.

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Licenciada en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina, 2003) y en Pedagogía por la UNED (2012). Máster en Políticas y Prácticas de Innovación Educativa otorgado por la Universidad de Almería en el año 2013. Entrenadora Personal e Instructora de Fitness en la Escuela Nacional de Entrenadores Centro Bio-Natura en Sevilla (2011). Tiene siete años de experiencia como entrenadora personal. Y más de 10 años de experiencia dedicada a la enseñanza tanto en ámbitos públicos como privados. Ha realizado cursos relacionados con la educación, de los que se destacan: “Programación Didáctica”, “Inclusión y Aplicación de las Tecnologías en los Centros Educativos”, “Atención a la Diversidad” impartidos por la Universidad Rey Juan Carlos e “Igualdad de Oportunidades” impartido por el Instituto de la Mujer. En la actualidad trabaja como formadora, entrenadora personal y redactora de textos académicos y en medios digitales.