Educar en pareja

Fernando Clementin 8 julio, 2018
En el atemorizante desafío de educar a los hijos, nada mejor que trabajar en equipo. Apóyate en tu pareja para lograr una crianza saludable para los pequeños de la casa.

Ante una tarea tan compleja, ardua y extensa como la educación de los hijos, queda más que claro que la unión entre los padres es un aspecto imprescindible. Educar en pareja requiere de cierta coordinación y posiblemente genere desencuentros, pero también los resultados se verán multiplicados.

Puede que, cuando se planifique la concepción de los hijos, la idea de planificar y consensuar los métodos educativos parezca muy sencilla; a menudo se ve como algo que requiere de solo un par de minutos de conversación.

Sin embargo, la cruda realidad acaba por dar una lección a los padres primerizos. Estas desembocan en discusiones, frustración y hasta problemas conyugales. Educar en pareja no es solo una táctica conveniente para padres e hijos, sino que es un desafío y una responsabilidad para los mayores.

Claves para educar en pareja

Con las siguiente sugerencias, ambos padres podrán tener más herramientas para concretar la difícil misión de educar en pareja:

1. Acordar normas y hacerlas cumplir entre los dos

Si un niño ve que hay desacuerdos entre sus padres, de seguro tardará muy poco en sacarle provecho. Es una situación que se da muy a menudo. Por ejemplo, cuando uno de los padres da permiso para hacer algo que el otro prohibió.

En este momento, el niño percibe una fisura y sabe que puede sacar ventajas de esa situación, tanto ahora como el futuro. Además, las discrepancias entre los padres no tardarán en llegar; revelar la falta de unidad entre los progenitores al niño no será nada ventajoso para su educación.

Entonces, lo mejor es establecer normas de antemano y no otorgar permisos ni excepciones sin consultar al otro. De este modo, el niño respetará la autoridad de sus padres y sabrá que ‘dividir para conquistar’ no es una oportunidad viable.

2. Dejar de lado el ego

Cualquier intento por erigirse como el padre más bondadoso, estricto, responsable o permisivo acabará en una pérdida de autoridad frente al niño. En esta relación, ambas figuras —padre y madre— deben ser iguales. Asimismo, es aconsejable no tomar decisiones importantes sin consultar a la pareja, ni tampoco cuestionar sus errores o capacidades frente al pequeño.

3. Confianza y paciencia

Recuerda que todos tenemos errores y nadie nació sabiendo hacer todo. Mucho menos cuando se trata de algo tan difícil como encarrilar la educación de un niño.

Por lo tanto, ambos miembros de la pareja tienen que ser pacientes y saber corregir los errores de manera constructiva; hay que apuntar al futuro en lugar de reprochar el pasado. Asimismo, es necesaria una buena dosis de paciencia. Cada individuo tiene sus días malos y buenos, y esto incluye también al pequeño.

Por eso, en el hogar debe primar el amor y la tolerancia; nadie hace las cosas mal ‘a propósito’, sino que las equivocaciones forman parte de la inexorable personalidad y experiencia de vida de cada persona.

“Lo mejor es establecer normas de antemano y no otorgar permisos ni excepciones sin consultar al otro. De este modo, el niño respetará la autoridad de sus padres y sabrá que ‘dividir para conquistar’ no es una oportunidad viable”

4. Acuerden un sistema de recompensas

Una buena técnica de ser ecuánimes en el trato con el pequeño y la valoración de sus acciones es establecer una suerte de ‘sistema’ para recompensar su buena conducta. De esta manera, evitaremos que uno de los dos sea ‘excesivamente bondadoso’ con el niño y deje al otro como una figura austera; esto, de hecho, debilitaría la imagen de este mayor frente al infante.

La obediencia se puede enseñar de forma positiva.

5. No buscar culpas

Un error frecuente es proyectar en el otro las malas conductas o las fallas del pequeño. Frases del tipo: ‘No respeta los horarios porque lo dejas irse a la cama a cualquier hora’ no hacen más que fomentar las discrepancias entre padres.

Tampoco se debe achacar al niño de todo, y mucho menos de los desacuerdos entre los adultos. Cuando hay una equivocación, simplemente se debe enmendar el error y aclarar lo ocurrido para que no se repita en el futuro. Siempre se debe hacer, por supuesto, de manera constructiva y empática.

Nunca olviden, tanto tú como tu pareja, que antes de ser padres también fueron dos personas que intimaban y disfrutaban su tiempo a solas. No permitan que las responsabilidades los agobien y borren este placer de sus vidas; mantener la llama encendida es uno de los pilares de la felicidad familiar.

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