Educar desde la experiencia, claves para padres

Francisco María García · 17 noviembre, 2017
Educar desde la experiencia supone acompañar a los niños a descubrir el mundo y a poder interpretarlo con el apoyo de nuestro ejemplo.

La educación es un proceso maravilloso e ininterrumpido del ser humano. Comienza cuando el bebé nace y no termina hasta el final de la vida. Durante la niñez es un reto para los padres, ya que no existen fórmulas perfectas de cómo transmitir los conocimientos necesarios para enfrentar el mundo.

Existen muchos estilos y modelos para educar a un niño. Educar desde la experiencia es uno de los más sensibles, ya que pretende transmitir conocimientos sin imponerlos o presentarlos de forma objetiva. Así, no se trata de un mero proceso de trasvase de conocimientos (educación tradicional) sino de acompañar a los niños a descubrir su mundo y a interpretarlo poco a poco. Entender sus claves, sus potencialidades y también sus limitaciones.

Aceptar a los niños supone aumentar su autoestima

Generar confianza y autoestima contribuye a crear personas independientes y autónomas. Para reforzar la autoestima, el niño debe sentirse aceptado incondicionalmente. El amor de los padres no puede depender de los logros o de lo orgullosos que se sientan los padres. Tampoco puede depender de la obediencia y mucho menos de la sumisión.

Entender que los hijos no son perfectos y que se les ama con sus defectos genera en ellos confianza y autoestima. Además, esto les aporta perspectivas realistas de la vida.

La mejor forma de educar es dar ejemplo.

Conocer para educar

Cada ser humano es único. Por eso, los padres deben entender las particularidades de cada hijo. Cada niño atraviesa procesos distintos durante su desarrollo.

“El establecimiento de diálogos y el de vínculos afectivos forma parte del proceso de educar desde la experiencia”

Además, a través del diálogo se conocen las inquietudes de los hijos, sus intereses e incluso sus miedos. Esto sucede no solo a través de las palabras, sino también a través de los gestos y del lenguaje corporal. La misión de los padres es la de ser observadores y aprender a “leer” a sus hijos.

Normas y disciplina

Los niños requieren una correcta valoración de su proceder. Pero la flexibilidad debe ir acompañada de las normas. Muchos padres tienden a flexibilizar las normas por la culpa derivada de falta de atención, por ejemplo. No obstante, el cumplimiento de las normas debe llevarse a cabo con independencia de las necesidades de cada familia.

Cuando se habla de educar desde la experiencia se entiende que la culpa debe ser reemplazada por la responsabilidad. La culpa genera niños tímidos, ensimismados y también más propensos a mentir.

Desde una educación que promueva la responsabilidad se va “entrenando” al niño a tomar, poco a poco,  los hilos de su vida. Lo recomendable es establecer normas de conducta prácticas y bien definidas para la edad del niño. Luego, asociar consecuencias a determinadas acciones.

Educar desde la experiencia es dar la oportunidad a los niños de crecer de manera autónoma.

¿Cómo educar desde la experiencia?

Las experiencias de éxito generan un enorme impacto en la educación de los niños. Los estímulos positivos por hacer una actividad de un modo correcto impulsan a los niños a continuar de ese modo. Sin embargo, se debe resaltar lo positivo y administrar, con criterio, la forma de corregir algo cuando no salga del todo bien.

Por otro lado, los padres deben comprender que tienen hijos y no máquinas infalibles. No siempre salen las cosas del modo que uno espera. En ese momento surge una oportunidad para aprender y enseñar el valor de la constancia.

El ejemplo

Lo que se dice tiene mucho más efecto si va acompañado de lo que se hace. Los niños repiten las conductas de los padres. No importa si son buenas o malas. Esto basta para saber que eso que se quiere que los niños hagan se logra dando ejemplo.

Educar desde la experiencia implica fomentar la comunicación y ejercitar la paciencia. Estar atento al surgimiento de algún patrón de inseguridad forma parte del trabajo cotidiano de los padres y los maestros. Una manera de dar ejemplo es dejar de lado el estrés o las exigencias excesivas y hacer las cosas con y desde el amor.