Cómo influyen los mandatos en la educación de los hijos

06 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la pedagoga María Matilde
Hablaremos en este artículo sobre la importancia que tiene que los padres dejen que los hijos elijan libremente qué quieren ser y hacer en la vida. Y que puedan ser capaces de no dificultarles este camino con mandatos y expectativas sociales y familiares.
 

Durante la educación de nuestros hijos, depositamos en ellos muchas expectativas, sueños, proyectos y objetivos. Sin darnos a veces cuenta de que todo esto se convierte para ellos en obligaciones que deben cumplir, y en formas de ser que deben adoptar. Es importante que, como padres, reflexionemos sobre cómo influyen los mandatos en la educación de los hijos.

Dichos mandatos, muchas veces, determinan, en mayor o menor medida, la posibilidad de que ellos construyan su propio proyecto de vida y elijan libremente la forma en la que quieren ser felices.

Los mandatos sociales y familiares

Tanto la sociedad como la religión, y la misma familia, establecen y transmiten de generación en generación, de manera explícita e implícita, muchos mandatosse tratan de obligaciones, valores, formas de ser, pensar y comportarse que, generalmente, están aceptados por la gran mayoría y son, a primera vista, incuestionables.

Ahora bien, a muchas personas les sucede que, en algún momento o etapa de su vida, los mandatos entran en contradicción con la propia personalidad y metas. Dichos mandatos son adoptados, pero solo como una fachada que oculta sentimientos, opiniones y pensamientos que nada tienen que ver con los originales.

Familia feliz paseando por el campo y pensando en cómo influyen los mandatos en la educación de sus hijos.
 

Así, romper o no con ciertos mandatos sociales y familiares dependerá de cada persona y de sus opciones, condiciones, posibilidades, y de su capacidad de hacerlo.

Y, principalmente, de su necesidad de conseguir ser uno mismo en un mundo repleto de códigos y valores que, a veces, nos llevan a actuar como la gran mayoría cuando no lo queremos o no lo compartimos. Y de legados y creencias que para uno no tienen sustento ni justificación, racional o emocional, alguna.

Aquellos eternos mandatos que influyen en la educación de los hijos

Los mandatos son diversos; desde los más superficiales hasta los más existenciales. Y tienen un componente emocional muy fuerte porque, casi siempre, van asociados a personas y a relaciones conocidas. Y, además, porque interfieren en la construcción de una identidad propia. Así, podemos hablar de mandatos relacionados con:

  • El partido político con el que tenemos que identificarnos y el club de fútbol al que debemos seguir y asociarnos porque así lo han hecho padres y abuelos.
  • La forma de vestir, tal y como ha sido siempre en la familia.
  • La religión que debemos seguir y cómo deberemos comportarnos según esta.
  • La carrera que debemos estudiar o la profesión que debemos elegir, en la línea de los padres o los abuelos.
  • Aquello que debemos pensar y opinar sobre diversos temas e, incluso, aquello que debemos callar.
  • El tipo de relaciones que debemos mantener con los demás, cuánto nos podemos equivocar o de qué manera debemos sentir, o cómo y en qué medida debemos expresarlo.
  • Otras expectativas relacionadas con las modas y las redes sociales, o con el género, la costumbre, la clase social o la etnia.
 

Cómo influyen los mandatos en la educación de los hijos

Los mandatos no solo suponen para nuestros hijos la obligación o el deber de hacer o ser algo que no quieren para contentar a los padres. Los mandatos se convierten en verdaderos obstáculos en la construcción de la personalidad e identidad de los hijos porque suponen una incomprensión a nivel racional e implican un coste y un desgaste a nivel emocional, relacional  y afectivo.

Así, en términos más prácticos, podríamos decir que los mandatos influyen en la educación de nuestros hijos generando en ellos:

  • Frustraciones provocadas por las contradicciones entre lo que ellos internamente quieren ser o hacer  y lo que saben que les gustaría a su padre o abuela que fuesen.
  • Sentimientos de culpa o cargo de conciencia por sentirse o pensar de una forma distinta a cómo se hace dentro del núcleo familiar.
    Familia cocinando unida y dando ejemplo.
  • Desidia, desazón o tristeza al saber que nunca podrá elegir tal o cual carrera o profesión, incluso hobby u oficio porque no es algo aceptado en la familia.
  • Sentimientos de rechazo, más o menos inconscientes, hacia miembros de la familia. Producto de la obligación de tener que cumplir con mandatos, más o menos encubiertos, y que no son compartidos.
 
  • Reacciones de ira y de enfado con los demás y con el mundo al sentir que uno debe ir abandonando poco a poco sus propios sueños y proyectos para sentirse aceptado y aprobado por la familia.
  • Actitudes de mayor rebeldía frente a la desaprobación e incomprensión de los padres respecto de las formas de vestirse, los gustos o las aficiones.

“Cortar con los mandatos sociales y familiares es un acto de amor propio”

Para finalizar…

Como padres, muchas veces no somos conscientes de la importancia que tienen los mandatos en la construcción de la personalidad de nuestros hijos. Y, si de verdad queremos su felicidad y que en un futuro ellos puedan ser seres libres y plenos, debemos dejarlos ser.

El desafío de los padres en la educación de sus hijos es no cargarlos de mandato, sino confiar en ellos y educarlos para que sean buenas personas, independientemente de qué estudien o a quién elijan amar, o no, aunque en el camino desafíen y abandonen legados y tradiciones familiares apreciadas y, con ello, pongan en jaque valores e ideologías, por más impensable que esto le pueda parecer a unos padres.