El trastorno del lenguaje expresivo

Kawaii · 1 abril, 2018
Cuando la expresión oral no concuerda con la capacidad mental del niño, puede que exista una dificultad para el habla, como puede ser el trastorno del lenguaje expresivo.

El trastorno del lenguaje expresivo (TLE) es una dificultad del habla que no implica, en absoluto, la comprensión de lo que se dice. En otras palabras, se tiene dificultad para hablar y escribir, pero no para entender lo que se dice.

Se presenta en niños cuyo rango de edad oscila entre los 2 y 4 años de edad, aunque la incidencia mayor se encuentra en niños con 2 años de edad. El porcentaje total de casos se ubica entre el 3% y el 5% de la población infantil.

El trastorno del lenguaje expresivo se caracteriza principalmente por la excesiva simpleza que tiene el niño a la hora de expresarse oralmente. Sus recursos son limitados y, a menudo, omite palabras y estructuras al construir sus ideas.

Los niños que tienen TLE no sostienen conversaciones porque tienen dificultades para mantener la fluidez de las palabras. Aunque sí entienden lo que se les dice y pueden pronunciar algunas palabras, tienen problemas a la hora de elaborar e ir más allá.

En cuanto a la causa del trastorno del lenguaje expresivo, esta todavía se desconoce. No obstante, se cree que el origen puede ser genético, físico o ambos. Se considera que el daño cerebral en la zona del encéfalo y la desnutrición son factores a tener en cuenta. 

El trastorno del lenguaje expresivo.

Características del trastorno del lenguaje expresivo

  1. Exceso de simpleza en su forma de elaborar frases, oraciones y expresiones.
  2. Se evita hablar para no tener que construir el discurso. 
  3. Uso incorrecto de los tiempos verbales (presente, pasado y futuro).
  4. Uso de un número muy reducido de palabras.
  5. Ordenamiento inusual de las palabras.
  6. Dificultad para recordar las palabras.
  7. Omisiones gramaticales.
  8. Acortamiento de frases.
  9. Vocabulario precario.

Los niños que tienen un trastorno del lenguaje expresivo suelen ser percibidos como niños tímidos o retraídos en vista de que tienden a permanecer en silencio. En realidad, puede que no sean tímidos sino que simplemente no quieran expresarse en voz alta para no tener que elaborar frases o hacer el esfuerzo al articular y pronunciar palabras.

En el entorno escolar suelen evitar hablar en clase. Por ejemplo, si la maestra hace una pregunta o propone una actividad oral, no participará.

En vista de que estos niños son poco comunicativos se hace difícil entenderlos con precisión.

Durante una lectura, el niño puede prestar total atención; sin embargo no podrá leer en voz alta de manera coherente. Cometerá errores y tendrá dificultad para expresar el mensaje escrito al completo. En suma, al expresarse oralmente, la información no tendrá sentido.

Recomendaciones y tratamiento

En vista de que pueden convertirse fácilmente en motivo de burlas, es necesario aplicar varias medidas para evitar que su dificultad le afecte su autoestima.

Lo primero que debemos hacer es comunicarle a la maestra de qué se trata su problema. De esta manera, ella estará bien informada y no reprenderá al niño por sus errores. Igualmente, procurará mantener al resto de los niños bajo control cuando intenten burlarse de su compañero.

Por ejemplo, les invitará a ser pacientes mientras el niño lee en voz alta y recompensará las actitudes positivas. También recompensará los avances del niño y su valentía.

En el hogar, debemos procurar alentarlo a que lea en voz alta (textos de una extensión corta) pero siempre, desde un punto de vista alegre y divertido para evitar que el niño vea esto como una especie de castigo. La idea es perseverar en las actividades que lo lleven, poco a poco, a mejorar hasta que pueda hacer un buen uso del lenguaje.

En segundo lugar, lo más recomendable es evitar castigarlos o reprenderlos por sus fallos. En lugar de ello, la creatividad y la paciencia serán las mejoras aliadas. Hay padres que optan por hacer sesiones de karaoke infantiles para poder corregir los fallos de una forma más amena.

El trastorno del lenguaje expresivo.

En tercer lugar, una vez que se inicie una terapia con un profesional, es sumamente importante que se apliquen las indicaciones realizadas por el profesional.

Asimismo hay que mantener el apoyo, contribuir con la autoaceptación y no interrumpir el la terapia hasta que se haya solucionado definitivamente el problema. 

Por otra parte, se recomienda atender los déficit de nutrientes y procurarle al niño una alimentación balanceada. Para ello, se puede recurrir al pediatra o a un nutricionista experto en nutrición infantil.

Pronóstico

Si se aplican todos las recomendaciones anteriores y se completa una terapia, el niño podrá superar su dificultad con el tiempo. Por supuesto, no todos los casos son iguales y hay que saber respetar el ritmo del niño.

No se trata de una carrera sino de solucionar el problema definitivamente. En conclusión, el pronóstico será tan favorable como se decida actuar.