Mi hijo todavía no habla

Tu hijo ha cumplido dos años y todavía no habla. Muchos niños de su clase en la guardería o de tu entorno más cercano ya lo hacen y comienzas a pensar que no es normal que todavía no hable. Aunque es lógico que estés preocupada, tienes que tener en cuenta que muchos niños y niñas tardan más tiempo en hablar. Te contamos en el siguiente artículo cuál es el desarrollo normal del lenguaje en los bebés y cuándo te tienes que preocupar si todavía no habla.

Cada niño tiene su ritmo

Si te fijas un poco en tu entorno, te darás cuenta de que cada niño empieza a andar a una edad diferente. También que hay algunos niños que previamente gatean y otros no.  Y eso mismo ocurre con el lenguaje pues cada niño tiene su propio ritmo a la hora de hablar. Como en cualquier aspecto del desarrollo, en la adquisición del lenguaje cada niño tiene su propio ritmo.

Un bebé comienza a pronunciar sus primeras palabras entre los 10 y 13 meses. Normalmente solamente pronuncia palabras sencillas y relacionadas con sus necesidades básicas o su entorno. Por ejemplo la mayoría de los niños y niñas a esa edad ya dicen palabras como papá, mamá, gato, perro, pan o agua.

Normalmente a los 18 meses los niños y las niñas ya han adquirido entre 50 y 100 palabras y a los 2 años ya manejan entre 400 y 600 palabras. Pero volvemos a comentarte que cada niño tiene su ritmo y unos hablarán antes y otros después.

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Un retraso del habla

Se suele decir que un niño tarda en hablar cuando a los 2 años no produce enunciados de dos palabras. Normalmente se trata de un problema de inmadurez que se irá solucionando con el tiempo, pero deberías comentárselo a tu pediatra para que te oriente.

Ya a los 18 meses nos tenemos que fijar si el niño prefiere comunicarse mediante gestos antes que vocalizar y expresarse a través del habla. Por ejemplo si el niño prefiere señalar los objetos que pide antes que vocalizar su nombre. A veces simplemente es un problema de comodidad del niño porque sabe que en su entorno le van a facilitar lo que necesita con un simple gesto pero coméntaselo a tu pediatra.

También puede tener problemas si a esa edad es incapaz de crear frases espontáneas y solo imita las palabras que escucha en su entorno.  Otro síntoma de algún problema puede ser que el niño no entienda instrucciones sencillas.

Es importante que consultemos con el pediatra si nuestro hijo con 3 años tiene una alteración en la organización del lenguaje. Esto ocurre cuando el niño es capaz de pronunciar sonidos aislados y grupos de sonidos, pero presenta dificultades para formar con ellos las palabras.

Todos estos síntomas debes consultárselos al pediatra lo antes posible. Pero no te preocupes porque la mayoría de los bebés que empiezan a hablar tarde al final se ponen pronto al nivel de los demás y no se les detecta ningún retraso en el lenguaje.

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Estimular el lenguaje

Si estamos preocupados porque no vemos un desarrollo normal del niño en este tema, en casa los padres podemos hacer ejercicios para estimular el lenguaje. Por ejemplo podemos probar a repetir palabras cotidianas que no pronuncia o leerles cuentos adaptados a su edad para que se vaya fijando en las palabras.

Otra buena técnica para estimular su lenguaje es hablar mucho a los niños de manera cariñosa cada vez que vamos a realizar una actividad diferente. Por ejemplo al cambiarle los pañales, al darle de comer, al salir al parque o al jugar con él. Podemos ir explicándole lo que estamos haciendo: “Mira, voy a hacerte la papilla de frutas” o “Ahora te voy a vestir para ir a la guardería”.

También son muy útiles los álbumes ilustrados que gracias a la  voz que relacionan las palabras con dibujos o las apps para aprender palabras. Y lo mejor que nosotros leamos con ellos cuentos todos los días que les despierten la curiosidad por las palabras relacionándolas con imágenes o dibujos.

Pero si notamos que nuestro hijo o hija no avanza en la adquisición del lenguaje tendremos que acudir al especialista. Puede que tenga problemas de audición, un trastorno del habla u otro problema médico. Los bebés que observan atentamente su entorno pero no reaccionan al sonido es posible que presenten pérdidas auditivas o hipoacusias.

 

 

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