Envidia, realización y educación

Marcela · 25 septiembre, 2015

“Espejito, espejito, dime una cosa: ¿quién es de este país la más hermosa?”

La envidia, uno de los 7 pecados capitales, ha estado siempre asociada a los malos de las películas. Sin embargo, todos sabemos que ella es inevitable y que seguramente nos ha visitado en algún momento de nuestras vidas.

“Beneficios” de la envidia

Tener envidia es normal y podríamos hasta decir que sano, ya que si deseamos tener algo que otra persona tiene y nos falta, eso nos puede servir como estímulo para perseguirlo. El problema está en “matar” por envidia, como intentó hacer la madrastra de Blancanieves; o bien “morirse” de ello, que es lo que le acabó pasando.

Si envidiar nos sirve para provocarnos cuestiones y revaluar nuestras prioridades y elecciones en la vida, podemos sacarle partido. Pero si siento envidia y  lo que quiero es que el otro pierda aquello que él tiene y a mi me falta, se me hace imposible utilizar la envidia en mi beneficio.

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Cómo evitarla

De una u otra manera, para dejar de lado la envidia, un buen camino puede ser partir en búsqueda de nuestra realización personal. Preguntarse honestamente: ¿qué me hace sentirme realizado en la vida? y perseguir esta respuesta, es una buena manera de no cultivar la envidia.

Buscando nuestra realización personal, transmitimos unos valores a nuestros hijos, que probablemente los conducirá a buen puerto.

Recuerdo que cuando decidí no practicar la primera profesión la cual elegí, siempre pensaba con mucha envidia en aquellas personas que siempre han hecho una misma actividad durante toda su vida: como un violinista que empieza a tocar en violín a los cinco años y sigue y se transforma en músico. Hasta que, de tanto buscar, encontré algo que yo hacía desde niña y no me daba cuenta, y, para mi alegría, eso lo pude transformar en profesión.

¿Qué pasa cuando buscamos nuestra realización, sea cual sea: profesional, personal, etc?, ¿la sociedad nos influencia en que abandonemos esta búsqueda?

La realidad

Recuerdo que cuando asistí a las “puertas abiertas” de la escuela a la que mi hijo iba a ir, dos maestras explicaban la pedagogía de allí diciendo que ellas buscaban presentar el mundo como bueno a los niños. Un papá muy preocupado levantó la mano y dijo: pero el mundo no es bueno, ¿cómo  se adaptará mi hijo a la realidad después?

Yo me pregunté en silencio: ¿Pero quién ha dicho que el mundo no es bueno? ¿Dónde está escrito? ¿Porqué siempre estamos diciendo que los niños se deben acostumbrar a las cosas desde pequeñitos?

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Obviamente la vida no esta hecha sólo de alegrías. Yo elegí no utilizar la palabra felicidad expresamente, en lugar de ello, utilicé realización. El mundo lo construímos nosotros. Nos inculcan la idea, y eso empieza muy tempranito en el cole, de que tenemos que seguir ciertos guiones, sino estaremos excluidos.

Los expertos en educación ya gritaron a los cuatro vientos: con la velocidad en que cambian las cosas hoy en día, es imposible prever que tipo de profesional exigirá el mercado en pocos años, así que la educación no debe ir en el sentido de establecer guiones, sino justo lo contrario.

La única, o al menos, más bien exitosa manera de superar los guiones escolares es potenciar las habilidades y los talentos mostrados por los niños. El mayor regalo que cualquiera puede recibir de los padres es apoyo para entrar en este mundo con buen pié, respecto a su lugar en él.

 

Cuando uno hace lo que le es mas característico, no hay crisis que le derrumbe, no hay situación a la cual él no se adapte y encuentre una salida creativa. En el libro El Elemento, de Sir Ken Robinson, él nos expone exactamente esta idea.

El autor entrevistó a un gran numero de personas que siguieron sus talentos, a pesar de todas las dificultades impuestas – sea por los padres, o por las instituciones escolares – y que acabaron teniendo éxito. Él reúne ejemplos, principalmente de aquellas profesiones mas desvalorizadas socialmente, como las de los artistas.

Es un libro bastante inspirador y extremamente recomendable, principalmente para aquellos que necesitan buscar el impulso inspirador necesario para abandonar la envidia y finalmente ponernos manos a la obra.