Clasificación de la pérdida auditiva en niños

La discapacidad auditiva es un problema que afecta a multitud de niños en todo el mundo. A continuación, te explicamos los criterios de clasificación de la sordera.

Escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago el 20 Agosto, 2019.

Última actualización: 20 Agosto, 2019

La hipoacusia o pérdida auditiva en niños supone no ser capaz de oír tan bien como alguien cuyo sentido del oído es normal. Así, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el mundo existen 466 millones de personas que padecen pérdida de audición discapacitante, de las cuales, 34 millones son niños.

Por tanto, estamos ante un problema bastante extendido que, además, implica graves limitaciones para comunicarse con el entorno. Lo cual puede provocar efectos negativos en la vida cotidiana de la gente y generar una sensación de soledad, aislamiento y frustración.

“La sordera es más que un diagnóstico médico; es un fenómeno cultural en que se unen, inseparablemente, pautas y problemas sociales, emotivos y lingüísticos”.
~ <em data-reactroot="">-Hilde Schlesinger y Kathryn Meadow-</em> ~

Clasificación de la pérdida auditiva en niños

La clasificación de la pérdida auditiva se puede realizar con base en cuatro criterios diferentes: el momento de aparición, el grado de la pérdida, la localización de la lesión y las diferencias individuales. Por tanto, según el momento de aparición de la hipoacusia, puede ser:

  • Prelocutiva. La lesión se produce antes de la adquisición del lenguaje.
  • Perlocutiva. Aparece durante el aprendizaje del habla.
  • Postlocutiva. Cuando la pérdida auditiva se da una vez ya se había establecido el lenguaje.

Por otro lado, se pueden categorizar con base en el grado de la pérdida auditiva. Así, la dificultad podría ser:

  • Leve. Si la pérdida auditiva es de 20 a 40 dB.
  • Moderada. Si la pérdida de audición está entre 40 y 70 dB.
  • Severa. Con una pérdida es de entre 70 y 90 dB.
  • Profunda. Si la discapacidad auditiva es superior a 90 dB.

Hay que tener en cuenta que el símbolo dB hace referencia a los decibelios, una unidad utilizada para medir la presión acústica.

Una tercera clasificación que se puede establecer es según la localización de la lesión, por lo que se considera:

  • De transmisión. Si la lesión acontece en la transmisión del sonido a través del oído externo y medio.
  • De percepción o neurosensorial. Si la lesión tiene lugar en el oído interno o en la vía nerviosa auditiva.

Por último, para la clasificación de la sordera también se pueden tener en cuenta las diferencias individuales de cada niño, como son:

  • El momento de la detección.
  • La etiología de la sordera.
  • La capacidad intelectual.
  • El ambiente familiar.
  • La disponibilidad económica.
  • La calidad de comunicación.

Detección de la sordera en niños

Al nacer, los bebés son sometidos a una prueba acústica para descartar la existencia de problemas de audición. Pero, como ya hemos visto, la sordera puede aparecer a lo largo del desarrollo del pequeño. Así, para detectar dificultades auditivas en niños y realizar un diagnóstico precoz, se requiere un equipo electromédico especializado que lleve a cabo un examen audiométrico.

Una de las posibles pruebas con las que se puede evaluar el problema de audición es con una audiometría tonal. Esto es un examen con el fin de cifrar las alteraciones de la audición en relación a los estímulos acústicos y cuyos resultados se anotan en un audiograma.

El método consiste en que el niño entre en una cabina insonorizada y escuche, por medio de unos auriculares, una serie de sonidos. Así, debe indicar si los percibe levantando una de las manos. El volumen de dichos sonidos se va disminuyendo hasta que se hacen inaudibles para el pequeño; es entonces cuando se determina el umbral auditivo y se puede establecer el tipo de problema auditivo.

En definitiva, la detección temprana es fundamentales para que las consecuencias de la pérdida de audición sean las menos posibles. Asimismo es necesario que estos niños acudan, cuanto antes, a sesiones de intervención logopédica.

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Graduada en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) en el año 2016. Máster en Necesidades Educativas Especiales por la Universidad de Deusto (2017) y Máster en Formación del Profesorado, con especialidad en Orientación Educativa (2020). 

Ha realizado un Curso en Atención Temprana (Confederación Española de Centros de Enseñanza, 2018) y un Curso de Aula Multisensorial en Educación Especial (Confederación Española de Centros de Enseñanza, 2019).

Ha publicado un artículo para la revista del Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia. Es autora de un Curso e-learning sobre Atención al alumnado con altas capacidades y autora y tutora de un Curso e-learning sobre Trastorno del Espectro Autista para Educación. Ha colaborado con diversas asociaciones, centros e institutos realizando una labor psicopedagógica. Desde 2017 ejerce como psicóloga especializada en el área de la educación en diferentes centros y gabinetes de psicología.