4 reglas de oro para educar a nuestros hijos con fortaleza

Marcela · 23 septiembre, 2015

Educar a nuestros hijos con fortaleza es algo que hace ilusión a cualquiera. Los adultos sabemos a cuánto puede ser sacrificado acompañar la velocidad de ciertos cambios en la vida moderna. Así que, este elemento es clave para que nuestros peques tengan aquel sentimiento de seguridad fundamental a la hora de enfrentarse a cambios inesperados.

1. Actuar a partir de nuestra intuición nos proporciona seguridad

La regla primordial para proporcionar bienestar y actuar con fortaleza hacia ellos es entrar con nuestra subjetividad a la hora de interpretar sus necesidades. Por lo tanto, se hace primordial saber filtrar la información que adquirimos, con el riesgo de dejarnos influenciar demasiado por la ciencia y por los expertos y olvidarnos de escuchar nuestro sexto sentido.

Buscar lecturas sobre estos temas está bien, principalmente cuando nos agudiza la intuición, que es el ingrediente que debe funcionar a toda máquina a la hora de lidiar con los pequeños. Si nuestra intuición no nos acompaña puede que tengamos algún bloqueo y que, por tanto, vaya bien abrirse con otras personas o con un profesional.

Al fin y al cabo, cuando nos hacemos padres, nuestra infancia resurge como un volcán en erupción y muchas veces tenemos que elegir entre repetir patrones o no. Si no queremos repetirlos, puede que ahí nos encontremos con una dificultad, una vez que esta repetición nos sale por inercia, haciéndose difícil evitarla.

Así que, no se trata de no equivocarse, sino de identificar nuestra propia fortaleza, preguntándonos de vez en cuando:
¿Qué padre/madre soy?
¿Qué padre/madre me gustaría ser?
¿Qué padre/madre puedo llegar a ser?

2. Proporcionar un ambiente armónico transmite fortaleza

Es muy importante hablar sobre las diferencias entre usted y su pareja. Aunque genere conflictos, el otro también tuvo una infancia, muy probablemente, bastante diferente a la suya. Además, esta es una actitud que trae solidez al matrimonio.

Proporcionar al niño, en los primeros años de su vida, la idea de que en casa hay armonía es muy positivo, aunque sea una especie de montaje que hacemos (ya que sabemos que el mundo adulto no funciona siempre así).

Respetar la forma de actuar de la pareja, aunque no estemos de acuerdo, haciendo ver al niño que los padres están unidos en cuanto a la manera de orientarles, es muy importante para crear esta armonía.

Puede ser muy difícil lograrlo, si fallamos de forma inconsciente, intentemos utilizar un tono respetuoso. Si notamos que la diferencia es muy incongruente, procuremos hablar de ello en un momento en que nuestros hijos no estén.

3. Diferenciar el mundo adulto del mundo infantil

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El hecho de que estemos tantas horas fuera de casa, en el trabajo, sumergidos en el mundo laboral, nos dificulta hacer esta diferencia. La dificultad está en que el mundo adulto no tiene nada que ver con el mundo infantil.

Muchas veces llegamos o salimos de casa acelerados o impacientes: hay que buscar tranquilizarse antes de entrar o salir de casa.

Evitar que los niños tengan contacto con crueldades y catástrofes también es importante. No comentar noticias trágicas que les genere inseguridad, o ver en la tele programas inadecuados cuando estén presentes.

Hay muchas personas que creen que los niños se tienen que acostumbrar a todo desde temprana edad. Esto puede ser un error. Primero, porque si uno se tiene que acostumbrar a algo es que ya no es tan bueno. Segundo, porque hay edad para todo; correr con lo que en el momento no toca puede causar confusión.

4. A los niños hay que darles y dedicarles tiempo para que construyan los cimientos de su fuerte

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Por último, pero no por eso menos importante, está el tiempo que pasamos con ellos. Aquí no vale la regla que tanto predican nuestros jefes en beneficio propio: “lo importante es la calidad y no la cantidad”.

El cimiento de nuestras vidas se construye de 0 a 7 años. Hay quien dice que el parvulario es más importante que la universidad.

Puede resultar duro pasar tantas horas con nuestros hijos, principalmente si estamos solos/as con ellos. Sin embargo, las dificultades encontradas también son importantes para conocernos mejor a nosotros mismos y a ellos.

A continuación, os dejamos consejos útiles:

• Dedicadles horas.
• Tomad decisiones a partir de nuestra sensibilidad. Si nos falla, buscar compartir la dificultad con alguien o con un profesional, evitando aplicar la tal técnica que está en el libro del tal doctor.
• Buscad el respeto entre los cónyuges y resolved las diferencias cuando los niños ya no estén, proporcionando un ambiente armónico.
• Diferenciad el mundo adulto del mundo infantil; bajad al nivel del niño, también es ser justo con él.

Finalmente, hablad mucho sobre lo que nos pasa. Hablando se descubren cosas inimaginables y ayuda a adquirir fortaleza tanto a los adultos como a los niños.