¿Por qué no esperar el momento ideal para el divorcio?

Gladys · 18 octubre, 2015
Ninguna situación debe alargarse más de lo necesario porque puede resultar contraproducente para el bienestar de nuestros hijos.

El divorcio es un hecho que, una vez que se presenta, hay que aprender a gestionarlo de la mejor manera posible. No solo por el bienestar propio sino también por el de los hijos. Especialmente a corta edad, cuando les es más difícil comprender las razones y las medidas que se toman.

La disolución del vínculo matrimonial no siempre tiene que ser traumático. Pero, indudablemente, es difícil de aceptar. Razón por la cual se recomienda a la pareja mantener una buena comunicación con sus hijos en todo momento.

Por supuesto, esto no quiere decir que se deba mencionarles todos y cada uno de los detalles a los niños. Tampoco hay por qué recurrir al chantaje emocional y vaciar sobre ellos las frustraciones propias y realizar comentarios negativos acerca de la ex pareja.

Se trata de ser sinceros, respetuosos y asertivos para conseguir un equilibrio común. Esto se traduce como un ambiente saludable, en el cual, lo que se busca es, principalmente, reducir el impacto negativo sobre nuestros seres queridos.

La etapa previa al divorcio

Una vez que ya se ha tomado la decisión de divorciarse es fundamental buscar apoyo profesional para contar con las herramientas necesarias para salir adelante y superar la situación de la mejor manera posible. Asimismo, el psicólogo ayudará a esclarecer el pensamiento y esto nos brindará una mejor perspectiva.

Pero, ¿qué ocurre antes de llegar al divorcio? Sin duda, la etapa previa es uno de los momentos más delicados puesto que los conflictos suelen abrumar a los implicados y, especialmente, a los niños. A menudo, el gran inconveniente suele ser la mala o la falta de comunicación.

Si te preguntas cuánto tiempo debes esperar para separarte para ahorrarles el sufrimiento a tus hijos o si te preguntas cuándo sería el momento idóneo, la respuesta es muy simple: no existe el momento perfecto y no es saludable sostener una situación tensa.

Prolongar el momento del divorcio es perjudicial para los niños.

Vivir en constante inconformidad, amargura, intranquilidad, entre peleas o gritos crea un ambiente dañino para todos. 

Mientras más habitual sea el ambiente hostil, peor será el efecto en los niños.

Cuando un niño no logra entender del todo un conflicto y hay una mala gestión del mismo en su entorno, esto puede ocasionar que adopte actitudes poco saludables y experimente:

  • Tristeza.
  • Angustia.
  • Aislamiento.
  • Brotes de ira.
  • Preocupación.
  • Sentimiento de culpa.
  • Manifestaciones de agresividad, entre otros.

No es bueno esperar el momento ideal

Una cosa es que seamos considerados con nuestros hijos y que nos preocupemos por su bienestar y otra muy distinta es que alarguemos una situación poco saludable por temor a hacerles daño.

No tiene sentido esperar el momento perfecto para cada cosa de la vida. Mucho menos para el divorcio. Cuanto antes solucionemos los problemas, mejor para todos. 

Si bien es cierto que hay parejas que deciden esperar un poco para intentar recuperar el vínculo matrimonial, esta etapa de transición requiere apoyo profesional.

Incluso cuando no se considere necesario, hay que monitorear el proceso y cuidar del bienestar emocional para poder reducir el impacto negativo.

Los niños lo perciben todo y es importante dar un buen ejemplo. Especialmente en las adversidades hay que poner en práctica los valores positivos. Esto favorecerá su salud mental y favorecerá su correcto desarrollo.

¿Cuáles son los principales valores que deben percibir los niños?

  1. Respeto.
  2. Empatía.
  3. Tolerancia.
  4. Honestidad.
La terapia de pareja es muy beneficiosa en el proceso de divorcio.

 

El divorcio y el afecto

El divorcio es algo que genera una gran inquietud en los niños. A menudo, se preocupan por el afecto que se les tiene y si este seguirá siendo el mismo aún después de que sus padres se separen.

Es muy importante hacerles saber a nuestros hijos que se les seguirá amando y que la separación no va a disminuir, en absoluto, este hecho.

También es importante conversar con ellos a profundidad para no permitir que se arraigue en ellos un sentimiento de culpa.

Si bien es cierto que los niños pequeños tienen más dificultades a la hora de entender los motivos de sus padres, es fundamental que se les brinde seguridad en el ámbito emocional para que, poco a poco, puedan tranquilizarse.

Por otra parte, la pareja debe procurar que, a pesar de que se disuelva el vínculo, no hay por qué divorciarse de los hijos.

En este sentido, hay que mantener el contacto, demostrar interés e involucrarse en la vida de los niños para que estos se sientan verdaderamente apreciados y queridos.