Mi tiempo: la mejor herencia en vida

Mi pequeñito amor, quiero entregarte todo antes de que llegue el momento de separarnos. Pues algún día llegará el momento de partir. Para entonces, me gustaría haberte llenado de los más preciados tesoros de los que pueda dotarte. Te daré sin dudas la mejor herencia de mi vida: mi tiempo.

Puede que no revista una riqueza material pero ya verás que será la clave para tu crecimiento y desarrollo. Emocionalmente sano, con un espíritu fuerte. Así serás gracias a ese gran legado que también quiero que trasmitas a tus hijos.

Pues aunque no lo creas, allí reside el secreto de tu felicidad y la sal de la vida misma. En mi tiempo encontrarás todo aquello que necesitas para desarrollarte como persona. Sin dudas, con esa reliquia conformarás una personalidad única que nada ni nadie podrá detener.

Muchos pensarán que aquello que deseo regalarte es poco. Pero se equivocan rotundamente. Es el mayor tesoro que puedo obsequiarte en tu tierna infancia, y aún en tu etapa adulta. Con esos momentos de calidad compartido, no tardarán en llegar muchos condimentos extra que harán la diferencia en tu alma.

Mi tiempo te nutrirá

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Es que mi herencia no solo contempla todo mi tiempo. Pues con él, compartiremos bellos momentos, aquellos que dejarán huella en tu corazón. Forjaremos así tiernas y simpáticas anécdotas que marcarán tu alma y robarán siempre al menos una mueca de felicidad.

Al decir que entrego mi tiempo, comprende que además recibirás mi paciencia, aquella que nació el día que llegaste a mi vida. Conserva también mi cuerpo, aquel que se convirtió en cuna durante nueve meses y hoy se entrega en forma de cariño. Abrazos, besos, caricias y mimos te protegerán de todo mal.

Con mi herencia, verás cómo también obsequio mi dedicación, entrega y sacrificio. Lejos de pasar factura, porque todo lo hago por un profundo y ardiente amor que me excede. Simplemente toma este acto de generosidad y responsabilidad, de un incalculable cariño eterno, infinito e inquebrantable.

El tiempo es la divisa de tu vida. Es la única divisa que tienes, y solo tú puedes determinar cómo será gastada. 

-Carl Sandburg-

Será esta pequeña gran riqueza que quiero dejarte en vida, la que nutra tu ser día a día. La que te dote de las más valiosas herramientas para enfrentar la vida. Formarán aquella personita de la que siempre sentiré un enorme orgullo, y a la cual admiraré con todas mis fuerzas.

Mi tiempo, mi regalo

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Considero realmente que dejo en vida mi mejor legado para que aprendas y entiendas. Solo así sabré que tú se lo pasarás a tus hijos. Cuando deba irme de este mundo, lo haré en absoluta paz y tranquilidad. Al fin y al cabo, a lo largo de mi vida he ido entregándote todo lo que tengo y lo que soy.

Con mi tiempo no habrán carencias afectivas, no habrán heridas ni dolor. Te prometo mil tardes de juegos, muchas charlas, tantísimos mimos y algún perdón. Juro que velaré por que la luz de tu sonrisa jamás se apague e ilumine la vida de los que te apreciamos de una manera que no imaginas.

Con mi tiempo, hijo, te doy nada menos que mi ejemplo. Predicaré con él aquello que necesariamente debes aprender para construir tu futuro mejor. Aún sin saberlo, terminaré enseñándote con mi propio accionar genuino y natural.

Entenderás de solidaridad, erradicarás la envidia y el egoísmo. Entenderás lo que implica amar y entregarse sin esperar nada a cambio. Hacer el bien, pensar en los demás desinteresadamente. A hablar menos y a escuchar más. A interpretar silencios, a analizar miradas.

Así también podrás acompañar en los buenos momentos, alegrándote de los triunfos y logros ajenos. Pero, sobre todo, valorarás la compañía en las peores circunstancias. No temerás al error, y aprenderás la lección tras cada yerro, tan molesto como necesario para nuestra vida.

Eso es todo lo que pretendo dejarte cuando los ángeles me vengan a buscar. Puede que sientas que es poco, al no tratarse de un bien material. Pero créeme mi vida, es riqueza para el alma sana. Por eso, cielito, la mejor herencia te la daré en vida, y será nada menos que mi tiempo.

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