¿Qué es el aprendizaje-servicio (ApS)?

19 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la pedagoga María Matilde
Conoceremos en qué consiste el aprendizaje-servicio (ApS), una propuesta educativa y una potente herramienta pedagógica y social para promover el contacto y el intercambio entre la escuela con la comunidad.

La educación para la ciudadanía forma parte de los planes de estudio del sistema educativo y es un contenido que debe tratarse de forma transversal al resto de las asignaturas escolares. En este contexto es donde adquiere sentido el aprendizaje-servicio (ApS), una metodología que contribuiría a la formación de ciudadanos críticos, responsables, solidarios y participativos.

Es decir, el aprendizaje-servicio se trata de una propuesta educativa para llevar a cabo actividades y prácticas relacionadas con la comunidad, vinculando, de forma circular, la participación en servicios pensados para satisfacer necesidades de la comunidad con el aprendizaje de conocimientos y valores humanos.

Las necesidades de la comunidad como base del aprendizaje-servicio (ApS)

Roser Batlle, en su artículo ¿De qué hablamos cuando hablamos de aprendizaje-servicio?“, explica de una forma muy cercana y sencilla en qué consiste esta metodología. De dicho artículo se puede extraer que la principal finalidad de la metodología del aprendizaje-servicio es aprender a partir del contacto y del servicio a la comunidad.

Así, el punto de partida para desarrollar la metodología del aprendizaje-servicio es identificar y reconocer un problema. Es decir, que los actores educativos, alumnos y educadores identifiquen en la comunidad a la que pertenece la institución escolar una situación que pueda ser mejorada y cuya mejora dependa del compromiso de los alumnos con las necesidades de la gente del vecindario o el barrio.

Chicos adolescentes al aire libre practicando el aprendizaje-servicio.

Entonces, los aprendizajes se desarrollan a partir de una intervención en una comunidad concreta y a través de la participación y la colaboración de los estudiantes con las personas que forman parte de esa comunidad. Todo ello posibilita a los alumnos la práctica de una educación en valores mediante el aprendizaje de competencias básicas relacionadas con el ejercicio de la ciudadanía y el bien común.

El objetivo es que, a través del trabajo y el servicio a la comunidad, y el desarrollo de un proyecto solidario, los estudiantes puedan resignificar conocimientos, competencias y habilidades contempladas en el currículo, pero a la luz de la práctica y del trabajo contextualizado.

Necesidades de la gente y actividades con la comunidad

Son impensables las múltiples necesidades que puede tener una comunidad y sobre las que se pueden planificar proyectos y actividades de colaboración para atenderlas. Por ejemplo:

  • La reforestación de algunas zonas verdes. Para ello, se necesita plantar árboles.
  • Campañas de recogida de alimentos para familias y personas más necesitadas.
  • Ayuda, atención y acompañamiento a personas de la tercera edad.
  • Talleres tecnológicos para que los jóvenes enseñen a las personas mayores a utilizar las nuevas tecnologías.
  • Actividades, fiestas y verbenas para fomentar la cultura y las costumbres locales y populares.
  • Campañas para concienciar a los jóvenes sobre los efectos negativos, para uno mismo y para la gente que se quiere, del consumo de alcohol y drogas.
  • Talleres de lectura de cuentos para los niños más pequeños.

Son los mismos estudiantes los que deben salir a la calle a buscar información sobre los diferentes problemas sociales de su entorno más cercano. Así, mediante el diálogo y la reflexión con la gente, podrán conocer las demandas concretas de la comunidad.

Sobre esas demandas, los alumnos podrán desarrollar proyectos en los que plasmar qué objetivos se pretenden conseguir, qué acciones llevar a cabo y organizar quiénes y cómo las pondrán en marcha. Además de prever y organizar también qué recursos serán necesarios, cómo utilizarlos o cómo recaudarlos.

Conocimientos, competencias, habilidades y valores que promueve un aprendizaje al servicio de la comunidad

Una metodología de aprendizaje-servicio permite combinar aprendizajes académicos con el servicio a la comunidad. Es decir, aúna contenidos escolares de ciencias, como contenidos sobre el hábitat y especies de árboles, con la práctica de plantarlos. O contenidos escolares de lengua relacionados con las características de la narración, con la posibilidad de practicarla mediante la lectura de cuentos a los abuelos o niños del barrio.

Con lo cual, el aprendizaje-servicio es una forma de establecer un puente entre la teoría y la práctica. Una unión entre los contenidos teóricos de las asignaturas escolares y la experiencia y la práctica real en la que dichos conocimientos adquieren su sentido. Así, se potencia el desarrollo de competencias, habilidades y valores.

Chico adolescente estudiando en su habitación.

Competencias como la social y ciudadana y la competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico. El aprendizaje de habilidades como la toma de decisiones y la iniciativa. Y también el aprendizaje y desarrollo de habilidades sociales, como la empatía, la asertividad, la cooperación, y la resolución de conflictos.

Y, por supuesto, el aprendizaje-servicio es una potente herramienta pedagógica transmisora de valores, ya que es impensable un servicio a la comunidad sin la práctica de valores esenciales como el compañerismo, la cooperación, el respeto, la solidaridad o la responsabilidad.

La importancia de la motivación en el aprendizaje-servicio

Es importante que los estudiantes sean capaces de aplicar los conocimientos académicos que aprenden en la escuela, y un aprendizaje-servicio hace esto posible porque, en la medida en la que los alumnos puedan, con sus saberes, mejorar y transformar una situación o realidad de un colectivo de personas es cuando verdaderamente se producen aprendizajes significativos.

En este sentido, el trabajo con la comunidad que promueve la metodología de aprendizaje-servicio puede resultar muy motivador para los alumnos. Porque salir del aula, trabajar con la gente y con sus problemas reales y sentirse útil puede suponer una verdadera motivación para los estudiantes.

En definitiva, la motivación es el punto de partida para conseguir objetivos pedagógicos y educativos, como mejorar el rendimiento escolar y académico de los alumnos y, a su vez, mejorar el desarrollo personal de cada uno de ellos.