Niños con vacunas, niños protegidos

Estamos en el siglo XXI, el momento que nos vendieron como la modernidad. Ahora la mayoría de las personas –en teoría– sabe que las vacunas son beneficiosas y que los niños vacunados, son niños protegidos.

Eso, digamos que es lo que piensa la generalidad. Que si nos vacunamos, bien sea de niños o de adultos, nos estamos protegiendo de enfermedades, incluso de la muerte. Un artículo de la BBC de Londres asegura que la inmunización de los niños entre seis meses y dos años de edad reduciría la gripe en la población general entre el 11% y el 35%, de acuerdo con el tipo de cepa.

Agrega que si se incluye a los menores a partir de los cinco años de edad se reduciría la influenza tipo A hasta en un 38% y la tipo B hasta en un 69%. No obstante ese mismo artículo asoma que en ciertas partes de Estados Unidos, como Manhattan, en Nueva York, y de Europa, existen comunidades cuyos integrantes a pesar de ser de clases adineradas, han dejado de vacunar a sus hijos. Lo hacen porque creen en ciertos mitos.

Mitos de las vacunas   

Vayamos al principio. ¿Qué es una vacuna? Según la OMS se entiende por vacuna cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos.

Esta preparación, puede tratarse, por ejemplo, de una suspensión de microorganismos muertos o atenuados, o de productos o derivados de microorganismos. El método más habitual para administrar las vacunas es la inyección, aunque algunas se administran con un vaporizador nasal u oral.

Y pese a que como expusimos antes, se supone que en siglo XXI la mayoría de los habitantes del planeta deberían estar vacunados, muchos no vacunan a sus hijos ni siquiera por falta de dinero sino por falta de informaciónHay quienes creen que las mejores condiciones de higiene y saneamiento harán desaparecer las enfermedades; por lo que las vacunas no son necesarias.

Cómo se aplican las vacunas

La OMS contesta a través de un artículo que esto es falso. La razón es esta: Las enfermedades contra las que podemos vacunar volverían a aparecer si se interrumpieran los programas de vacunación. Si bien la mejor higiene, el lavado de las manos y el agua potable contribuyen a proteger a las personas contra enfermedades infecciosas, muchas infecciones se pueden propagar independientemente de la higiene que mantengamos.

Si las personas no estuvieran vacunadas, algunas enfermedades que se han vuelto poco comunes, tales como la poliomielitis y el sarampión, reaparecerían rápidamente. También se ha difundido en muchas comunidades que las vacunas conllevan algunos efectos secundarios nocivos y de largo plazo que aún no se conocen. Más aún, consideran que la vacunación puede ser mortal. Esa teoría es absolutamente falsa, reitera la organización de donde extrajimos varios argumentos.

Las vacunas son muy seguras, según la Organización Mundial de la Salud. La mayoría de las reacciones son generalmente leves y temporales, por ejemplo, un brazo dolorido o febrícula. Los trastornos de salud graves, que son extremadamente raros, son objeto de seguimiento e investigación detenidos. Es más probable padecer un trastorno grave por una enfermedad prevenible mediante vacunación que por una vacuna.

En el caso de la poliomielitis, la enfermedad puede provocar parálisis; el sarampión puede causar encefalitis y ceguera, y algunas enfermedades prevenibles mediante vacunación pueden ser incluso mortales.

Aunque un solo caso de trastorno grave o defunción por vacunas ya es demasiado, los beneficios de la vacunación compensan con creces el riesgo, dado que sin las vacunas se producirían muchos trastornos y defunciones.

“Se estima que gracias a la inmunización cada año se evita que mueran 2,5 millones de niños”.

-Organización Mundial de la Salud (OMS)-

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El autismo y las vacunas

Desde hace algunos años, se ha difundido la falsa creencia de que las vacunas causan autismo. Según la OMS pudo determinar, el estudio de 1998 que suscitó inquietud acerca de un posible vínculo entre la vacuna contra el sarampión, la parotiditis y la rubéola, por un lado, y el autismo, por otro, contenía graves irregularidades, por lo que la publicación que lo divulgó lo retiró.

Lamentablemente, su divulgación despertó temores que provocaron una disminución en las tasas de inmunización y los subsiguientes brotes de esas enfermedades. No existen pruebas científicas de una relación entre esa vacuna y el autismo o trastornos autistas.

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