Mamá, tú puedes parar pero mi infancia no

Muestras de cariño entre madre e hijo

Mamá, tú puedes parar pero mi niñez no. No necesito que todo esté impecable, que la comida esté perfecta o que sacrifiques tus necesidades por cubrir mis caprichos. Quiero saltar en los charcos y manchar mi ropa de barro, eso es lo que me ayudará a crecer.

No me hace falta que estés la primera en la puerta del cole. No, mamá. Yo a ti te necesito plena, contenta y feliz. No ahogada. Necesito que tengas tus ratos, necesito que me digas que me quieres, que te agaches y me sonrías.

Dime cada día que me quieres; serán menos de cinco segundos pero te aseguro que lo recordaré toda la vida, que me alimentará cuando me sienta triste, cuando mi ánimo esté bajo en los días más oscuros.

También quiero que me ayudes a entender que ni mis errores ni mis logros me definen, que yo soy una persona más en este mundo y que por eso los éxitos forman parte de una senda de fracasos.

Madre e hijo mirándose a la cara

Necesito que pares, mamá

No quiero que mi camiseta esté perfectamente planchada, mamá. Quiero que me la arrugues a abrazos y que me hagas sentir que lo que realmente importa es todo lo que nos queremos y lo bonito que es nuestro hogar.

No quiero que me mires y pienses en las manchas de mi ropa. Quiero cosquillas, besitos de vaca y de mariposa, noches de secretos, momentos para ti y para mí, lugares de encuentro, de cuentos y de juegos que sean solo nuestros.

Quiero entender que lo importante no son los juguetes sino lo que aprendo con ellos y tiempo que estamos juntos. Quiero sentir que me miras, que me entiendes y que puedo sentir, hablar y hacer con libertad.

Necesito que mis emociones tengan sentido, necesito mirarte y obtener tu aprobación incluso para meter la pata. Y no te olvides, mamá, de que cuando hago algo mal es cuando más te necesito.

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No te alejes de mí y no me digas que soy malo, recuerda que tus palabras sonarán en mi interior como un eco. Ármate de paciencia y tómate tu tiempo para explicarme que hay cosas que me pueden hacer daño o que pueden entristecer a los demás.

De verdad, mamá, con el tiempo todo lo entenderé, pero necesito que te pares a explicármelo, a disfrutar de mi infancia y a abrazarme cada día. Será eso lo que me mantenga en pie cuando no te tenga al lado dándome la mano.

Sé flexible y déjame experimentar, déjame cuidarte

A veces da igual que hoy toque verdura, quizás quiera hacerte una tortilla, batir juntos el huevo y la sal y disfrutar de lo magníficas que son las vistas de la encimera sobre una silla. Así comparto tu mundo y lo hacemos nuestro, como cuando tú te tiras al suelo a jugar conmigo. ¡¡Cómo me gustan esos momentos!!

Mamá, tranquilízate un rato y piensa. Sé que tienes muchísimo trabajo, pero date cuenta de que tú puedes parar, pero mi infancia no. Ven a pasar tiempo conmigo, no desees controlarlo todo.

Las cosas más maravillosas de la vida no se planean, suceden. Porque si dejas de mantener la guardia, si permites que nuestra cena sea a las 21:45 en vez de a las 21:30, me estarás enseñando que los platos sucios pueden esperar.

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Podemos acurrucarnos en la cama, reír a carcajadas, hablar de nuestras cosas y pasar juntos grandes momentos que nunca olvidaremos. Realmente es tu amor el que me ayudará a crecer, el que hará de mi infancia una etapa maravillosa.

Sin embargo, si no me dejas pisar el barro ni buscar los bichitos, si no tengo la oportunidad de contarte mis secretos o de detener el mundo recogiendo flores para ti, mi infancia perderá gran parte de su sentido y de su magia.

Recuérdalo, mamá. No hay necesidad de apurarse. Sé que tienes mucho trabajo pero juntos podemos hacer las cosas mucho más sencillas y mucho más alborotadas. Déjame llorar, déjame reír, déjame imaginar y explorar el mundo.

No tengas miedo y no te agobies. Recuerda que con un solo abrazo iluminarás mi cielo, pues para mí no habrá nada más dulce y cálido que sentirte cerca, pues tú me ayudarás a regar cada día las raíces que me harán parte del mundo.

No te olvides cada día de que la única cita a la que no puedes fallar es a la de mi niñez, pues es una viaje con un único billete de ida y sin posibilidad de vuelta.