Los padres también hacemos rabietas

Por lo general se habla demasiado sobre las rabietas y pataletas de los niños. Sin embargo, se le ha dedicado muy poca difusión a una realidad tan latente como innegable: los padres también hacemos rabietas.Como bien sabemos, los pequeños hacen rabietas a fin de expresarse. Pues se trata de explosiones emocionales incontrolables. No es para menos, el grado de desarrollo y maduración no les permite a los niños poner en palabras aquello que sienten.

Ahora bien, ¿por qué afirmamos que los padres también hacemos rabietas? ¿De qué manera se manifiestan y qué las causan? En este artículo de Eres Mamá, te invitamos a repensar algunas reacciones maternas de tu vida diaria.

¿Rabietas adultas?

Este tipo de rabietas tiende a aparecer ante alguna travesura, trastada o error infantil. Ponte en situación: tu hijo derrama zumo en la alfombra. Piensa lo siguiente: ¿Cómo reaccionas si tu hijo no guarda silencio mientras miras tele o no se queda quieto mientras haces las compras?

Muchos padres se sinceraron y aseguraron sentir ira o rabia en esos momentos, lo cual es entendible. Muchos seguramente optaron por los gritos para reprender a los niños. Algunos probablemente apelaron a los hirientes insultos. Otros, lamentablemente, a algún tipo de castigo físico.

De este tipo de reacciones paternas se desprende cierta carencia. Aún no se sabe gestionar aquello que tenemos dentro, que nos desespera y exaspera, tal como deberíamos. Ahora bien, cabe preguntarse, ¿de quién es el problema?

Claramente la falla es nuestra, de los padres. Por ende, corresponde a nosotros trabajar esta cuestión. Pues los niños son niños, no podemos pretender que presenten un comportamiento adulto. Por el contrario, sí podemos modificar nuestra propia conducta. Por nosotros y, especialmente, por ellos.

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Un dolor infantil silencioso

Seguramente la mayor parte del tiempo protestas por el comportamiento de tu hijo. Que es desobediente, que es egoísta, que no para de hacer trastadas, que no coopera en casa. Quizás no te des cuenta de que lo haces constantemente cada día.

Sin embargo, los niños sí se dan cuenta: ellos lo interpretan, lo sienten y terminan asumiéndolo. Una vez interiorizado este mensaje negativo, el comportamiento del niño cambia automáticamente. Finalmente, el pequeño asume el rol que tanto alegó su padre.

Recuerda siempre que se trata de comportamientos típicos de nenes, no es nada personal. Incluso, comprende que muchas veces la conducta del infante se ve influenciada por nuestro propio accionar. Pues los niños son esponjas que absorben todo lo que ven en nosotros.

Gestionar emociones adultas, solución a rabietas mayores

Sin duda, gestionar estas emociones de los adultos se presenta como la solución a estas rabietas típicas del mundo mayor de edad. De esta manera, lograremos manejar de manera positiva y asertiva las relaciones con infantes.

No olvides que la máxima de la maternidad es predicar con el ejemplo. ¡Eres el espejo del niño! Entonces, comienza a controlar tus emociones, pues en la infancia terminas cosechando lo que siembras. Por tanto, lo que ofrezcas al niño, tarde o temprano volverá a ti.

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Al fin y al cabo, pegar, gritar, castigar o humillar no es más que una vía de escape a la ira adulta. Lo más importante de gestionar estas emociones negativas es que los niños no paguen sus nefastas consecuencias.

Ahora bien, ¿qué se puede hacer para gestionar esos sentimientos en pos de sentirte bien? Presta atención a los siguientes tips que buscan aliviarte sin impactar negativamente en la infancia de tus hijos:

  • Observa qué despiertas en tu hijo luego de tu rabieta y evalúa sus efectos.
  • No tomes el comportamiento de un niño como algo personal.
  • Respeta el ritmo de desarrollo de tu hijo, respeta su infancia.
  • Negocia y dialoga con tu hijo. Ayúdalo a entrar en razón, no seas tú quien termine perdiéndola.
  • Reconoce tus errores frente a sus hijos y luego marca los suyos para que ambos se repiensen con una mirada crítica constructiva.
  • Disfruta de todo lo bonito y puro que puede ofrecer la infancia, ¡absórbelo!
  • Permítete aprender lo que tus hijos enseñan, transita con ellos este camino donde ambos tienen mucho que enseñar y aprender.