La ira puede ser positiva para tus hijos

07 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
La ira puede generar conflictos y un estado de ánimo negativo en los niños. Pero también constituye una herramienta útil para su desarrollo. Descubre por qué.

Como madre, estarás acostumbrada a lidiar con los arrebatos emocionales de tus hijos, con sus rabietas y con sus enfados. Habrás intentado explicarles una y mil veces que esa no es forma de pedir las cosas y que es mejor tranquilizarse y buscar una solución con calma. Sin embargo, pese a lo que solemos creer, la ira puede ser positiva.

Generalmente, percibimos la ira como una emoción primitiva e indeseable. Y es cierto que esta puede llevar a los más pequeños a actuar de forma descontrolada, puede generar peleas y conflictos y sumirlos en un estado emocional negativo. No obstante, también cumple importantes funciones para su desarrollo y bienestar.

Niño gritando lleno de ira.

¿Por qué la ira puede ser positiva para tus hijos?

La naturaleza es sabia y todas las emociones de las que nos ha dotado son sumamente valiosas y cumplen una función. La ira no está ahí para perturbar a tu pequeño. Su misión tampoco es que en casa reine un ambiente conflictivo ni que surjan peleas y discusiones con sus amigos y compañeros.

La ira existe para protegerlos, para ayudarlos a hacerse conscientes de cuándo está en peligro su integridad y motivarlos a actuar al respecto. Esta emoción los alerta cuando se están enfrentando a una situación injusta, cuando están siendo maltratados. En general, los anima a poner límites. Veámoslo más en profundidad.

Los motiva a mejorar

¿Alguna vez has visto a tu hijo enfadarse porque no le sale una división o no logra marcar gol cuando juega al fútbol? Puede que te parezca que su reacción es desmesurada, puesto que los niños aún están aprendiendo a tolerar la frustración. Sin embargo, esta ira interna es también el motor que le impulsará a trabajar y perseverar para lograr su objetivo.

Cuando nada nos enfada, nada nos afecta ni nos importa. El hecho de que estas pequeñas vivencias cotidianas puedan llegar a despertar el enojo de tu hijo implica que tiene deseo e intención de mejorar.

Del mismo modo, puede motivarlo a cambiar las circunstancias que lo rodean. Si, por ejemplo, siente que en su grupo de amigos alguien está recibiendo un trato injusto, la indignación le llevará a tratar de modificar la situación.

Los ayuda a poner límites

Poner límites es una tarea que incluso muchos adultos tenemos pendiente. Y es que decir “no”, expresar desacuerdo o frenar la conducta irrespetuosa de alguien no siempre es sencillo.

El miedo a entrar en conflicto, a que nos rechacen o a perder el afecto de los demás nos lleva muchas veces a tolerar tratos inadecuados. Lo mismo ocurre con los niños; especialmente aquellos más introvertidos y con una autoestima más bajan pueden tener dificultades para ser asertivos.

Esto puede tener serias repercusiones, por ejemplo, en el ámbito del bullying. Se ha encontrado que uno de los perfiles más comunes dentro de las víctimas de acoso escolar es el de los niños pasivos y retraídos que soportan calladamente la agresión. A este respecto, la ira puede llevar al chico a defenderse, a impedir que ejerzan violencia sobre él y a poner un freno al agresor.

Un recurso para seguir adelante

Por último, la ira puede ser positiva cuando tus hijos se enfrenten a dificultades y obstáculos. Ante las adversidades, hay dos respuestas comunes: la tristeza y la ira. Cuando un niño se siente triste, puede aislarse, replegarse sobre sí mismo, permanecer pasivo y sentirse víctima de lo ocurrido. Por el contrario, si reacciona con ira, obtendrá la fuerza y el impulso para salir adelante.

Niño llorando lleno de ira y rabia.

Así, por ejemplo, si el pequeño es rechazado por su grupo de amigos no se sumirá en la desesperanza ni en el sentimiento de que hay algo mal con él. Por el contrario, hallará la energía para saber que quien no aprecia su valor no lo merece y seguirá adelante. La ira nos moviliza, la tristeza nos paraliza.

La ira puede ser positiva, no la reprimas

Por todo lo anterior, es importante permitir que los niños sientan ira cuando sea necesario y que la expresen en libertad. Evidentemente, hemos de enseñarles a gestionarla, pues gritar y golpear cosas de forma indefinida no es una actitud útil.

Sin embargo, asegurémonos de no reprimir ese impulso, de no transmitirles la idea de que la ira es mala y que hay que deshacerse de ella o esconderla.  Esta emoción los protege y les fortalece en ocasiones; ayúdalos a utilizarla a su favor.