Etiquetas de alimentos: En qué debes fijarte

Adrianazul · 3 marzo, 2017

Las etiquetas de los alimentos son tus aliadas, sobre todo si tu hijo ha sido diagnosticado con alergias alimentarias. Aún si no es así, debes tener mucho cuidado al momento de darle algunas comidas, en especial las enlatadas y empaquetadas.

La lectura atenta de las etiquetas alimentarias es uno de los mejores hábitos que puedes cultivar; esta costumbre puede prevenir que tus hijos coman alimentos no deseados. Hacerlo, además, te ayudará a evitar cualquier alimento que contenga el alérgeno que afecta a tu hijo.

Tips para descifrar las etiquetas de los alimentos

Trata de estar atenta al listado de ingredientes y busca información de advertencia como “contiene cacahuetes” o “contiene gluten”. Algunas compañías informan voluntariamente sobre el contenido de sus productos con afirmaciones como “puede contener soja” o “procesado en instalaciones que también procesan mariscos”.

No obstante, es importante que sepas que los fabricantes no están obligados a especificar advertencias en las latas o empaques de sus productos sobre contaminación cruzada.

De hecho, los productos sin advertencias sobre contaminación cruzada pueden presentar este tipo de contaminación y la compañía puede optar por no informar sobre ello; por eso lo mejor es ponerse en contacto con la compañía para saber si un producto contiene ingredientes a los que su hijo es alérgico.

En países como los EE.UU. los fabricantes deben especificar en un lenguaje comprensible y muy visible si uno de sus productos contiene alguno de los ocho alérgenos más frecuentes: cacahuetes, frutos secos de cáscara, huevos, leche, trigo, soja, pescado y marisco.

Conoce los límites de las etiquetas alimentarias

No todos los alérgenos se incluyen en el listado de ingredientes y no siempre se nombran de formas fácilmente reconocibles. A veces, los alérgenos que afectan a tu hijo se ocultan en largos listados de ingredientes de apariencia científica o se incluyen en expresiones como aromas naturales, colorantes, especias u otros tipos de aditivos.

Intenta ser lo más precavida posible y comprueba por partida doble todos los envases de los alimentos que tengas pensado darle a tu hijo, si es posible primero en el supermercado y luego antes de entregárselos. Esto es importante incluso si tu hijo ya ha consumido el mismo producto muchas veces en el pasado, algunas veces cambian los ingredientes o los “enriquecen” con nuevos.

Tanto los ingredientes de algunos productos como su riesgo de contaminación cruzada pueden cambiar con el paso del tiempo. Además, algunos productos que contienen raciones de tamaños diferentes pueden contener ingredientes distintos o estar fabricados en otras instalaciones.

En qué debes fijarte

 

Si tu hijo no tiene alergias a ningún alimento no quiere decir que no debas fijarte en lo que contienen los productos que estás adquiriendo. Una de las primeras cosas a la que debes prestar atención cuando adquieres un paquete de comida es en toda la información nutricional, más allá de las calorías.

Es un buen hábito saber cuántas calorías estás tomando en cada alimento, sobre todo si como madre te gusta cuidar del peso de tus hijos. Pero las calorías no te informan sobre toda la historia de esa comida. No te dan indicios de cómo reaccionarán sus niveles de azúcar en la sangre, por cuánto tiempo estarás saciado o qué otros nutrientes necesarios están dentro de ese paquete. Además, los recuentos de calorías que vemos en los alimentos no siempre son las que realmente tienen, así que deberás mirar un poco más allá.

Si hay algo en lo que te debes fijar de las etiquetas de los alimentos es en el número de raciones, eso te permite evaluar el resto de información nutricional de la etiqueta.

Por ejemplo, imagina que le das una bolsa de granola a tu hijo y que esta tiene 200 calorías por ración. Esto perfectamente podría representar un desayuno, ahora bien el empaque contiene tres raciones. Y tú, como madre, sabes que tu hijo no quedará satisfecho solo con un 1/3 de ella y que se la comerá toda. ¿Qué ocurre con esto? Que esas 200 calorías iniciales pasan a ser más bien 300 o 400.

Lo siguiente en lo que te debes enfocar es la cantidad de grasas en el etiquetado nutricional. No tienes que desarrollar manías que de repente te hagan sentir fobia a las grasas, porque estas tienen su función y el niño debe comerlas, ellas sacian y ayudan a absorber ciertas vitaminas.

Leer etiquetas te ayuda a balancear la dieta de tu hijo

Lo ideal es que por comida el niño ingiera entre 10 y 15 gramos de grasas. Pero no solo debes quedarte con la  información de la cantidad de grasas, también debes distinguir entre los diferentes tipos de grasas. No todas son iguales. Si puedes elegir, opta por alimentos que no tengan grasas saturadas.

Los últimos nutrientes en los que debes fijarte son los carbohidratos y la fibra. La ficha nutricional del producto debe decirte el número total de gramos de carbohidratos así como cuántos vienen de fibra y cuántos de azúcar.

El cuerpo necesita los carbohidratos para quemar la grasa, pero asegúrate de que también hay fibra, por lo menos, una media de 2 gramos de fibra por cada 100 calorías. Si hay más fibra, siempre será mucho mejor

Recuerda que en las etiquetas, los ingredientes están ordenados según la cantidad que el alimento lleva, así que lo primero que leemos, es el ingrediente principal. Si por ejemplo ves “harina refinada” o “harina enriquecida” como primer ingrediente ¡No lo tomes!

También  debes fijarte en los productos no comestibles que no están sometidos a las normativas del etiquetado alimentario. Se pueden encontrar alérgenos en cosméticos, productos de limpieza personal, productos de limpieza doméstica, protectores solares, materiales para manualidades, estropajos de cocina y artículos o materiales de jardinería. Fíjate en los ingredientes de aquellos productos sobre de los que no estés seguro y llama a la compañía para que te aclaren cualquier duda.