Cómo tratar el síndrome postvacacional en los niños

Francisco María García · 20 septiembre, 2017

Todas las personas tienen algún margen de resistencia a los cambios, especialmente cuando suponen mayores compromisos y obligaciones. Si esto les ocurre a los adultos, con mucha mayor razón a los niños. Algunos de ellos son particularmente sensibles al cambio que supone entrar de nuevo al colegio y padecen el síndrome postvacacional.

Entre un 5% y un 8% de los pequeños sufren lo que se ha dado en llamar el síndrome postvacacional. No es más que la resistencia a volver a la vida escolar y a desempeñar las responsabilidades que ello implica.

En realidad el asunto no es tan grave y se puede abordar de una forma realmente sencilla. No es la expresión de un problema importante. Se trata de una respuesta normal a una modificación de las circunstancias. Nadie renuncia tan fácilmente a su tiempo de vacaciones.

¿Qué es el síndrome postvacacional?

El síndrome postvacacional es el cuadro psicológico que presentan algunos niños ante la vuelta al colegio. Ocurre cuando se aproxima el momento de retomar las clases, después de las vacaciones. Incluye, por lo general, molestias físicas y emocionales.

Desde el punto de vista emocional, supone comportamientos como apatía, desgana, irritabilidad, miedo, ansiedad y decaimiento. Se produce un rechazo frontal a lo que se avecina y esto les causa malestar.

Los síntomas emocionales casi siempre van acompañados de manifestaciones físicas como dolor de estómago, dolor de cabeza e insomnio. También se pueden presentar cambios en los hábitos de alimentación; así, hay niños que comen más y otros que comen menos.

Los padres deben ayudar a los niños a prepararse para la vuelta al cole y lo que ello implica

Lo habitual es que este cuadro se desarrolle por un lapso de tiempo de entre dos días y una semana. Se disipa progresivamente y no trae más consecuencias. Sin embargo, hay casos en los cuales el malestar  persiste o se agravan los síntomas. En estos casos no hablamos ya de síndrome postvacacional, sino de un problema más profundo que debe diagnosticar y valorar un especialista.

Aspectos que incrementan el síndrome postvacacional

Cuanto más pequeño es un niño, más le afecta la vuelta al colegio. A una corta edad la ansiedad es más profunda. Entre otras cosas, porque el pequeño se percibe a sí mismo como más vulnerable y susceptible a las circunstancias externas.

De igual manera, el síndrome es más severo cuando el reingreso supone un cambio más drástico. Por ejemplo, cuando el niño cambia de colegio. Todo para él será nuevo y esto, claramente, acrecienta su temor. Lo mismo ocurre cuando se cambia de un ciclo a otro, cuando empieza el instituto o cuando el niño ha vivido alguna experiencia negativa el curso anterior.

Se ha comprobado que el síndrome postvacacional afecta más a los niños cuyos padres sufren ese mismo problema. Al parecer, se trata de un comportamiento que los pequeños aprenden y reproducen.

Cómo abordar adecuadamente la situación

Lo primero que se debe tener en cuenta es que no se le debe dar a la situación más importancia de la que merece. Es normal que los cambios traigan consigo algo de preocupación. Así que no es adecuado tomar el asunto por un grave problema.

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Lo aconsejable es ayudar al niño a que consiga hacer la transición sin mucha dificultad. Para ello se pueden llevar a cabo las siguientes acciones:

  • Retomar los horarios de escuela paulatinamente. Es bueno que se retomen los horarios del colegio con algunos días de anticipación. De esa forma, el niño no tendrá problema en levantarse temprano desde el primer día en que empiece el nuevo curso.
  • Hacer un repaso académico. Lo ideal es que un par de semanas antes de volver a la escuela se revisen algunos contenidos académicos del año pasado. Temas generales y básicos, simplemente. Esto les ayudará a sentirse más confiados.
  • Prepararlo todo con tiempo. No es bueno dejar los preparativos para el último momento. Los uniformes, libros y útiles escolares deben estar listos con anticipación, porque de lo contrario se contribuye a aumentar el estrés de los niños. En cambio, si se gestiona adecuadamente y con tiempo, se puede convertir en una motivación adicional
  • Reencuentro con los compañeros. Si el niño se encuentra con sus compañeros de clase más cercanos, todo será más fácil. De esta manera se sentirá arropado y más entusiasmado por el año que comienza.

Lo más importante de todo es la actitud de los padres. Si los niños ven que los adultos están angustiados, se contagiarán y verán la vuelta al colegio como el preludio de una terrible experiencia.

En cambio, si los padres tienen una actitud positiva y logran mostrarle todas las ventajas de volver a estudiar, lo más probable es que el niño se sienta más tranquilo y afronte con confianza y ánimo el año que tiene por delante.